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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

LA CARTA FINAL

-Nunca imaginé que un libro podría provocar tanto placer al tocarlo.

-Me encantan los libros de segunda mano que se abren por la página que su dueño anterior leía con más frecuencia.

-¿Dónde están mis libros? Había pensado en inspirarme durante la Cuaresma con esas lecturas y no me envía nada. Me deja aquí, sentada, escribiendo notas en los márgenes de libros de bibliotecas que no me pertenecen. Un día de estos se enterarán de lo que he hecho yo y me quitarán la tarjeta de socia.

-Preciso de un libro de poemas de amor, ya que se acerca la primavera. ¡Nada de Keats o Shelley! Envíeme poetas que hablen del amor sin babear. Wyatt o Johnson u otro, lo dejo a su elección. Un libro que quepa en el bolsillo de mis pantalones para ir a Central Park.

-Por primera vez soy una mujer misteriosa. Quiero seguir así.

-Yo le dije que iría a buscar la Inglaterra de la literatura inglesa.

-Sólo me queda decirle que vivimos en una época depravada, destructiva y degenerada cuando una librería como la suya se dedica a romper hermosos libros antiguos para utilizarlos como papel de envolver. Y lo que es peor aún: rompió usted el libro en medio de una importante batalla que ni siquiera sé a que guerra pertenecía.

-Si yo fuera este libro, preferiría vivir aquí.

-Toda la humanidad es como un libro. Cuando un hombre muere no se arranca un capítulo del libro sino que se traduce a un lenguaje mejor. Y todos los capítulos deberán ser traducidos de esa manera. Dios emplea a varios traductores. Algunos fragmentos son traducidos por el paso de los años, otros por la enfermedad, otros por la guerra, otros por la justicia, pero la mano de Dios volverá a encuadernar nuestras hojas esparcidas para esa gran Biblioteca donde todos los libros estarán abiertos los unos para los otros.


La prueba de que el cine se atreve con todo. Incluso con un libro que es una sucesión continua y memorable de cartas. Sólo eso. Y nada más que eso. “84, Charing Cross Road”, por supuesto.

Ah, y claro, Yeats en llamas:

Si tuviera los mantos bordados del cielo,
tejidos del oro y la plata de la luz.
Los mantos azules, oscuros y negros del cielo
De la noche, de la luz y la media luz
desplegaría los mantos bajo tus pies
pero siendo pobre no tengo más que mis sueños,
he desplegado mis sueños bajo tus pies
pisa suavemente… porque pisas mis sueños.

PD. Si por casualidad pasáis por el 84 de Charing Cross Road depositad un beso de mi parte.

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Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


abril 2011
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