DOS DÍAS CON UN GENIO

Publicado en El Norte de Castilla el 15 de julio de 2011

La cita era ineludible. El pasado fin de semana, el viejo Aqualung compartió un par de días con nosotros. Fue en Gavá, un pueblo cercano a Barcelona. Allí llevan nueve años montando fiestas con la banda sonora de Jethro Tull. Antiguos componentes de la banda, grupos de covers y aficionados de toda España reunidos al calor de un mito desempolvando recuerdos inolvidables. Esta vez los organizadores (encabezados por el imprescindible Albert Villanueva) se atrevieron a invitar a Ian Anderson, cantante, compositor, flautista y alma mater de Jethro Tull. A las nuevas generaciones les sonará a chino, pero el viejo Aqualung durante mucho tiempo fustigó conciencias y profanó catedrales con sus letanías herejes mientras paría algunos de los mejores discos de la historia del rock gracias a una milagrosa fusión de rock, blues, folk y música clásica. En los años setenta hipnotizó a medio mundo embutido en un andrajoso abrigo, con el pelo muy largo, con un pantalón confeccionado con trozos de terciopelo y tocando la flauta sobre una sola pierna. Luego, el flautista de Hamelin supo amoldarse a los tiempos. Cambió su música y su aspecto. Hoy en día parece un dandy. Un dandy consciente de ser una de las más grandes estrellas del rock vivas. En Gavá, durante dos días, ha bordado su papel. Era curioso ver a cincuentones con sus discos de la mano y nerviosos como fans quinceañeras. Alguno se sinceraba y te decía: “Anderson forma parte de los mejores momentos de mi vida. Y ahora está aquí”. Era verdad. El genio estaba con nosotros, escupiendo unicornios y vientos helados, empuñando su flauta como una espada de luz y haciendo felices a un puñado de seguidores. Ian Anderson, a pesar de su fama, se comportó como un profesional ejemplar, adicto al trabajo y a los ensayos. En los dos días que estuvo con nosotros tuvo todo tipo de detalles, no escatimó sonrisas, firmó discos, compartió momentos, se hizo mil fotos. Luego, nos regaló un concierto sublime y atravesó la luna llena de Gavá con su flauta travesera. El viejo Aqualung morirá en el escenario o no morirá.

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El Norte de Castilla

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