Publicado en El Norte de Castilla el 11 de noviembre de 2011
La memoria lo es todo. Dicho de otra forma, sin memoria no somos nada. Dicen que la memoria es el centinela del deseo, el único paraíso del que no podemos ser expulsados, un montón de espejos rotos que conforman el deseo satisfecho. En esencia, somos nuestra memoria. Memoria de la ausencia, del dolor, de la alegría, del holocausto, memoria dividida tras las guerras, memoria histórica (que tan nervioso pone a algunos), topografía de la memoria en la que todos nos reconocemos. Nuestra vida es mejor cuando podemos exponerla en la memoria de los demás. “La vida es la memoria del pueblo”, decía Milan Kundera. Y Saramago: “Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos. Sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir”. Lo sabemos todos. Por ello, se eligen días especiales para celebrarlo. En Argentina existe el Día Nacional por la Memoria. Se celebra el 24 de marzo, fecha en la que se produjo el golpe de estado que dio inicio a la dictadura militar. En Holanda, cada 4 de mayo, a las 20 h., recuerdan con dos minutos de silencio a civiles y soldados fallecidos. En EEUU está el famoso Memorial Day, el último lunes de mayo de cada año, con su homenaje a los caídos en las guerras. En Euskadi, sin ir más lejos, se estableció el 10 de noviembre, único día del calendario sin un atentado terrorista, como Día de la Memoria. Bonita conmemoración, encomiable propósito. El año pasado ya hubo problemas para que los partidos políticos se pusiesen de acuerdo en celebrar algo tan puro y ensalzable. Este año, el despropósito ha llegado a su cénit. Han transcurrido apenas tres semanas desde que ETA declarase el cese del terrorismo y los políticos no han sido capaces de unirse para celebrar el Día de la Memoria. No son responsables. Todo lo prostituyen con sus actos, con sus palabras, con sus intereses, con sus mentiras. Hay que tener buena memoria después de haber mentido. Los políticos, mentirosos profesionales, no tienen memoria pero no les importa mentir. Nos esperan días de mítines, o sea de mentiras. No nos merecemos estos políticos. ¿O si?