AL MORIR QUEDAMOS SOLOS

No tiene muy buena prensa James Hadley Chase. Nunca la tuvo. Es algo que resulta incomprensible porque Chase es uno de los grandes de la novela negra. Es de suponer que la ojeriza que le tenía el gran Raymond Chandler hizo mucho para alimentar la leyenda negra del más americano de los escritores ingleses. Ya se sabe que René Raymond utilizó varios seudónimos aunque el más famoso de todos ellos fue el de James Hadley Chase; ya se sabe que, entusiasmado con la lectura de “El cartero siempre llama dos veces”, quiso probarse como escritor y, en apenas seis semanas, dio a la imprenta su primera novela, la magistral “No hay orquídeas para Miss Blandish” (traducida en España como “El secuestro de Miss Blandish”); ya se sabe, en fin, que el muy británico James Hadley Chase escribió casi un centenar de novelas negras ambientadas en EEUU (todas ellas violentas, directas, descarnadas), y lo hizo sin atravesar el Atlántico, sólo valiéndose de enciclopedias, mapas y un diccionario de “slang” de los bajos fondos estadounidenses. “Al morir quedamos solos” es una muestra más de su maestría en el campo de la novela negra “hard boiled”. Vic Malloy es detective privado en la ficticia ciudad de Orchid City, California, propietario de “Universal Services” una agencia que proporciona todo tipo de servicios. Es un tipo duro, de dudosa moralidad y puñetazo fácil, que colabora con Paula Besinger, una especie de secretaria perfecta, y con Jack Kerman, un detective dandi y expeditivo.

En “Al morir quedamos solos” Mr. Clef contrata a Malloy para que confirme sus sospechas sobre la cleptomanía de su joven esposa, una antigua modelo. Durante la investigación muere Dana Lewis, una sus colaboradoras. Es el principio de una cadena de asesinatos y de una historia hipnótica que no te permite apartar la vista de la novela. Se trata, desde luego, de una de las novelas negras más fascinantes que jamás he leído. Frases cortantes, acción trepidante, personajes turbios, una femme fatale de película y unas altas dosis de literatura de 24 quilates. Al parecer, la saga de Vic Malloy se complementa con otras dos novelas (“Resuélvelo tú mismo” y “Acuéstala sobre lirios”) a las que, desde luego, habrá que meter mano de inmediato. En fin, que si como decía Chandler, James Hadley Chase era un escritor pulp de la peor especie, bendito sea Chase y los escritores pulp de la peor especie. Chase fue acusado por Chandler de plagiarle algunas de sus ideas; incluso corrió el estúpido rumor de que “El secuestro de Miss Blandish” era un plagio de “Santuario”, de William Faulkner. En todo caso, el bueno de Chase sabía escoger muy bien sus referentes. Por cierto, la violencia, el machismo, el voyeurismo y el sadismo que destilan las novelas de James Hadley Chase al que sí que recuerdan es a James Ellroy. Otro referente impecable.

 

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El Norte de Castilla

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