EL DEMONIO AMARILLO

Tenía ganas de meterle mano a la saga de Fu Manchú escrita por Sax Rohmer y sólo tras conseguir alguno de los míticos ejemplares publicados en los años 30 por la editorial Molino (Colección Biblioteca Oro) me he animado a enfrentarme por fin a uno de esos míticos personajes que forman parte de mi memoria sentimental (gracias a películas, comics y pastiches diversos). “El demonio amarillo” (“The mistery of Dr. Fu Manchú”, 1913) es el título con el que se tradujo en España la primera aventura protagonizada por Fu-Manchú aunque también existieron versiones con los títulos “El misterioso Fu-Manchú” y “El misterio de Fu Manchú”. El ejemplar que me ha servido para enfrentarme por primera vez al demonio amarillo lleva fecha de 9 de febrero de 1935 y ha sido el perfecto compañero de viaje para saborear lo que significó en su día (y para algunos de nosotros sigue significando) este tipo de literatura emparentada con el misterio, las aventuras y el entretenimiento, presentadas casi siempre con sus ya míticas páginas a doble columna moteadas de vez en cuando con alguna ilustración.

El mito comienza aquí, con “El demonio amarillo”. La historia de una mente diabólica, de un hombre insensible capaz de engañar a la muerte, de un villano chino que odia a la raza blanca y está obsesionado con destruir la civilización occidental, de un auténtico monstruo con unos ojos muy grandes de singular fosforescencia, un rostro satánico, en fin, dotado de un rictus de crueldad infinita que hiela las venas de sus adversarios. Fu Manchú posee no sólo inteligencia y poder; también tiene a su cargo un batallón de singulares esbirros (ninjas, estranguladores religiosos, bandas de asesinos orientales…) además de ser un auténtico experto en venenos y controlar serpientes, arañas o escorpiones, entre otras muchas especies asociadas a su lunática cruzada. Un auténtico genio del mal tan fascinante como aterrador que se convierte en el auténtico protagonista de una saga que, desde ya, me está llamando a gritos. Así que volveremos con Fu Manchú dentro de poco.

“Imagínate una figura clásica de mandarín chino; un hombre de alta estatura; delgado, de miembros recios, felino en sus actitudes y movimientos, con un entrecejo como el de Shakespeare y un rostro de expresión verdaderamente satánica. De su cráneo afeitado pende la coleta tradicional de los hijos del «Imperio Celeste». Sus ojos tienen el fulgor magnético de los ojos de la pantera” (El demonio amarillo).

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El Norte de Castilla

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