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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

EL GURÚ DEL EXCESO

Publicado en “La sombra del ciprés”, suplemento cultural de “El Norte de Castilla”.

Fue el 23 de octubre de 1992 cuando nació el estilo Tarantino. Aquel día se estrenó Reservoir Dogs. No fue un éxito de taquilla, pero inoculó el virus tarantiniano que no tardaría en propagarse por el resto del planeta. Ahora, 24 años después, Tarantino ha declarado que todas sus películas forman parte de una misma historia. Y no le falta razón. Sus detractores (que los hay a millones, tantos o más que sus acérrimos seguidores) no han tardado ni un segundo en decir que ellos tenían razón, que Tarantino plagia a Tarantino y que todas sus películas son realmente la misma. Da la sensación de  que no han entendido nada…

Reservoir Dogs fue sólo el pistoletazo de salida. Una violenta ópera prima sobre un atraco donde no vemos el atraco y sí unos personajes insólitos protagonizando unos diálogos hilarantes, ingeniosos y rompedores. Todo el universo Tarantino está ahí: una trama hipnótica, una enérgica banda sonora, una violencia explosiva, un guión perfecto y una originalísima estructura. Para muchos, la mejor ópera prima desde Ciudadano Kane y el prólogo perfecto para lo que vendría después, una contestadísima Palma de Oro en Cannes (peineta incluida del díscolo Tarantino al recoger el premio) y la certeza de que estábamos ante el nuevo enfant terrible del cine moderno. Con Pulp Fiction, caímos rendidos ante su particular forma de contarnos las historias, en este caso relacionadas con el mundo mafioso de Los Ángeles. Hablamos de una auténtica sinfonía pop con múltiples referencias a una música y un cine concretos, hablamos de pura adrenalina y humor ácido salpicado con diálogos frenéticos, hablamos de una estructura narrativa rompedora, hablamos de un genial cuento de violencia desbordante de cultura pulp, hablamos de un ejercicio de locura y exhibicionismo portentosos. Sin duda, la cumbre tarantiniana y una de los hitos cinéfilos de las últimas décadas. A partir de aquí, el chico malo tenía carta blanca para hacer lo que le diera la gana. Lo primero fue Jackie Brown, un thriller de aire setentero, un homenaje al cine blaxplotation, un film de ritmo mucho más pausado cargado de ingeniosos diálogos y basado en una novela de Elmore Leonard. Una joya por redescubrir. Lo siguiente, tras seis años desaparecido, nos devolvió al Tarantino más salvaje con su obra magna estrenada en dos partes. En Kill Bill encontramos violencia coreográfica, un bombardeo visual rebosante de toques filosóficos y una revisitación única a las películas de kung-fu de los setenta. Nadie como él para escarbar entre la basura y regalarnos un western oriental con estética posmoderna y una banda sonora tan excéntrica como original, entre ecos de Morricone, de música discotequera y de flamenco de Lole y Manuel. El gurú del exceso nos llevó, en su siguiente película, a la Segunda Guerra Mundial y se permitió el lujo de pasarse la historia por el arco de triunfo. En Malditos bastardos tenemos una torre de Babel de diálogos excelentes, un particular homenaje al séptimo arte, una realidad alternativa para el final del nazismo y un cuento único de violencia, venganza y humor irónico. Revisionismo pop y auténtico entretenimiento de primera. Para finalizar, en su séptima y octava película nos adentramos en un género que, en realidad, ha estado siempre presente en su obra, el spaguetti-western. Django desencadenado son tres horas de diálogos a cuchillo, de guiños cinéfilos continuos, un cuento de hadas de un friki sádico y provocador, una ópera con ritmo de hip-hop y estética de sangre y violencia (atemperada con el humor negro marca de la casa como en la desternillante escena del Ku Klux Klan de mercadillo). Con la recién estrenada Los odiosos ocho continúa el show Tarantino. Se trata de un divertido, inteligente y salvaje thriller detectivesco en el Oeste. Una magnífica historia de mentirosos en medio de un ambiente opresivo donde por primera vez parece que hay demasiada complacencia gore y que sobra metraje. Por cierto, hablamos de ocho films de Tarantino aunque si contamos Death Proof (que es la mitad de Grindhouse, gamberro homenaje al cine de sesión doble) convendremos en que Tarantino lleva 8 1/2 películas en el saco. La cinefilia que le sale al chico malo del cine moderno por los cuatro costados. Muchos dirán que roba, absorbe, recicla y engulle todo lo que puede pero no negarán que lo hace fusionando códigos y géneros como nadie lo había hecho hasta ahora y con un resultado único. Su cine, pese a quien le pese, es deslumbrante, potente, ingenioso, torrencial, valiente, genial, chispeante y divertido. Bendito y maldito Tarantino.

Temas

tarantino

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


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