TE AMO, YO TAMPOCO

Publicado en El Norte de Castilla el 11 de marzo de 2016

La semana pasada se celebró el 25 aniversario de la muerte de Serge Gainsbourg. En Francia, que cuidan y miman como nadie lo suyo (ojalá aprendiéramos a hacerlo aquí también), hubo todo tipo de celebraciones para recordar al mayor revolucionario de la música francesa: reediciones discográficas, especiales radiofónicos, documentales, exposiciones, programas en la televisión y un largo etcétera. Cualquier cosa es buena para recordar a un tipo que vivía en el corazón del planeta y tenía un carnaval de confeti en la cabeza. Al cantante de voz arcillosa que tenía siempre a una belleza en su cama. Al poeta maldito que fumaba cinco cajetillas al día. Al mito y al icono. Serge Gainsbourg era pianista de cabaret y dandi, cineasta y pintor, escritor y compositor, fotógrafo y actor, pero también, y sobre todo, feo, andrajoso, prepotente, playboy imposible, decadente, rabelesiano, grosero, borrachín y coleccionista de mujeres. Un experto en sembrar las semillas de las amapolas sobre los adoquines del desamor. De Gainsbourg (el poeta que abrazó a las más bellas mujeres y les escribió tórridas canciones) a Gainsbarre (el Mr. Hyde provocador y bocazas) y tiro porque me toca. Revolucionó la chanson, escribió el primer poema sinfónico del pop, experimentó con el reggae y el rap, mezcló rock con la novena de Dvorak y El cuervo de Edgar Allan Poe, compuso inolvidables canciones y jugó con el doble y triple sentido de las frases como nadie. France Gall chupó piruletas sin ella saber lo que chupaba. Jane Birkin hizo el amor con medio planeta al ritmo impuesto por el mítico “Je t’aime moi non plus”. Se hija Charlotte (de la que hoy él se sentiría muy orgulloso) cantó con 13 años un himno incestuoso en la cama con él. Media Francia se escandalizó cuando grabó La Marsellesa a ritmo de reggae. Y una joven e ingenua Whitney Houston salió escaldada de un programa de la TV francesa cuando un pasadísimo Gainsbourg le soltó en directo que la quería follar. Y es que sólo la muerte pudo cerrarle la boca al gran Serge. Se echa de menos al yonki de los juegos de palabras que confesó que su vida era un triángulo de alcohol, gitanes y mujeres. Larga vida a l´homme à la tête de chou.

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El Norte de Castilla

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