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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

24 BESOS POR SEGUNDO

Publicado en el especial Seminci 2016 de El Norte de Castilla el 24 de octubre de 2016

¿Conocéis el lugar a dónde se quedan a vivir los besos de la Seminci? Todos sabemos la respuesta. Llevamos demasiado tiempo envenenados de Seminci. Hemos crecido al calor de sus fotogramas incendiados. De hecho, nadie se imagina Valladolid en octubre sin estar empapelada de labios rojos. La ciudad plateresca es distinta durante una semana. Huele y sabe a cine. La Seminci es una mano que te agarra en la oscuridad de una sala, una lágrima por alguien que ya no está, una actriz que sale de la pantalla y te invita a pasear por el Campo Grande. La Seminci es un espejo pintado con los labios rojísimos de la Bacall sobre películas antiguas en blanco y negro, es un pastel de arándanos sobre el corazón de los poetas, es una verdad 24 besos por segundo. La Seminci es regresar cada año al lugar del crimen, es dejar volar la imaginación en un impagable viaje, es agarrarnos con fuerza a nuestros sueños en tecnicolor. La Seminci es una romería de niñas maquilladas a lo Marilyn, es un circo de locos románticos con trajes de Woody, es un inmenso decorado con bailarines cantando bajo la lluvia. Todos tenemos nuestros recuerdos de la Seminci. Me acuerdo de los nervios al pisar el escenario del teatro Calderón para ejercer de jurado de Tiempo de Historia. O de Javier Bardem sentado a mi lado antes de salir al escenario. Pero me acuerdo, sobre todo, de una edición, hace un millón de años, persiguiendo a Patricia Adriani, mi musa de los quince años. Me acuerdo de verla al fin en los soportales del Calderón. Me acuerdo de su mirada y de sus ojos turbios. Todos ellos, como tantos y tantos otros, sólo son recuerdos que forman parte de mi memoria sentimental. Porque la memoria sentimental de todos los pucelanos está flordelisada con los labios rojos de la Seminci. Allí, en nuestra memoria, se quedan a vivir los besos de la Seminci. Porque nuestra memoria pucelana está sellada con un beso cinematográfico. Porque ninguno de nosotros se imagina un Valladolid sin Seminci de igual manera que no imaginamos nuestro pasado sin recuerdos de la Seminci. ¿Quieres helado de fresa o café? El primer beso. El primer amor. La Seminci.

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seminci

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


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