Publicado en El Norte de Castilla el 2 de marzo de 2018
Te despiertas y apareces en los años sesenta. O sea que los Alcántara te adelantan por el carril de la derecha y ni te das cuenta. Al rapero Valtonyc le echan tres años y medio de cárcel por un quítame allá esas rimas. Una jueza ordena secuestrar “Fariña”, el libro de Nacho Carretero sobre el narcotráfico, tras la denuncia de un alcalde gallego. En Arco, después de 37 ediciones, retiran una obra de arte con la excusa de que puede herir sensibilidades y no ser políticamente correcta. A la banda canaria Texxcoco le censuran un videoclip porque su cantante aparece con los pechos al descubierto, aunque lo que pretendían era precisamente reivindicar la libertad de las mujeres para mostrar su cuerpo y denunciar el puritanismo y la hipocresía imperantes en las redes sociales. La libertad de expresión y creación vive horas bajas. Los censores están trabajando a tope. El neopuritanismo nos empieza a asfixiar. Justo cuando nos cierran Interviú y todos echamos de menos las viejas luces de libertad. Dicen ahora que “Las señoritas de Aviñón” cosifican a la mujer. De ahí esa persecución a mujeres que salen con poca ropa (aunque no enseñen nada) en sus redes sociales. Nadie se libra. Ni los desnudos solidarios ni los de algunas mujeres que utilizan su cuerpo como una crítica a los cánones de belleza. Cierre de cuentas para tetas incómodas. En cambio cuesta cerrar mucho más cuentas donde se jactan de pegar a animales y a mujeres. Parece que ser sexualmente sugerente es peor y más censurable que ser un maltratador. Algunos dicen que ciertos casos de censura no gozan de tantos altavoces. Como el Ayuntamiento de Barcelona censurando un cartel de Morante de la Puebla emulando a Dalí o la representación de un montaje teatral titulado “Help Tabarnia”. El arte, desde luego, no es compatible con la censura. Todo se manipula, es cierto. Hemos aprendido de los políticos. Yo robo pero es que los de antes también lo hacían. Tirar balones fuera, o sea. Y siempre viendo la paja en el ojo ajeno. Algunos se cabrean si hablas de censura. Recuerdan otros casos de los que la prensa apenas se hizo eco. Esto es como una guerra por barrios. Guerras de izquierdas y derechas retrógradas. Y, mientras tanto, Madame Censura riéndose de todos. Neopuritanismo más censura más politiqueo nauseabundo: un coctel de consecuencias funestas.