Publicado en El Norte de Castilla el 9 de marzo de 2018
Llevo unos días buscando a Karim para saber qué ha sido de él y no encuentro nada. Algunos se acordarán. Karim se convirtió en las navidades pasadas en el nuevo símbolo de la Siria castigada. Un bebé de dos meses que fue herido por fuego de artillería en un mercado de Guta Oriental, región aledaña a Damasco sitiada por las fuerzas de Al-Asad. Aquel ataque mató a su madre y otras muchas mujeres. Diez días después, Karim fue víctima de otro ataque en el que la metralla le provocó una fractura de cráneo y la pérdida del ojo izquierdo. Su nombre se unió al de otros 137 niños para los que UNICEF pedía una evacuación inmediata. Desde entonces, no sabemos nada, salvo que muchos de los que estaban esperando ya han muerto. Las imágenes de los últimos ataques son desoladoras. Un centenar de muertos en un solo día, la cifra más alta en tres años. Entre las víctimas, 20 niños. UNICEF ha presentado un comunicado que ha dejado finalmente en blanco. Un portavoz se limitó a declarar: “no hay palabras que hagan justicia a los niños asesinados”. Las imágenes de los niños heridos y muertos les dejaron sin palabras. ¿Los que infligen este sufrimiento todavía tienen palabras para justificar sus actos bárbaros? El hambre como arma de guerra. Restricciones de entrada a productos básicos y medicinas. Treguas humanitarias que nadie cumple. Uso de armas prohibidas. Aumento en un 300% de niños asesinados y mutilados. Y Siria el lugar más peligroso para los niños según el último informe de Save the Children. Al Asad lo niega todo. Mientras tanto, los proyectiles de Damasco y Rusia no paran de masacrar a la población civil. Uno no sabe de quién es la culpa tal vez porque los culpables somos todos. Los organismos internacionales incapaces de parar la sangría. Los que sueltan las bombas. Los que mandan. Los que miran a otro lado. Y también los que escupen bilis por las redes y tiran balones fuera en forma de bombas. Ni en Raqqa ni en Mosul había fotógrafos, dicen. O comentarios tan miserables como: “De los creadores del niño muerto a la orilla del mar llega el bebé tuerto. Le falta un gatito recién nacido para ser más impactante todavía”. Hay gente con el alma helada y sin sentimientos. A pesar de ellos, es hora de acabar de una vez con los mataderos de niños en Siria y en todos los demás lugares del planeta. Ya es hora de acabar con el horror. Con el infierno.