RESTAURANDO QUE ES GERUNDIO

restauraciones22Publicado en El Norte de Castilla el 21 de septiembre de 2018

Una de las noticias de este verano ha sido la admirable recuperación de los colores originales del Pórtico de la Gloria tras un profesional trabajo de 50.000 horas de restauración. En las últimas semanas las colas han sido interminables y los que han tenido la suerte de contemplar el resultado hablan casi de una epifanía, de un momento místico e irrepetible. A partir de ahora va a ser más complicado. Habrá que rascarse el bolsillo para poder ver el Pórtico de la Gloria. Bueno, podría ser peor. Podrían haber encargado la restauración a un alumno de una escuela de manualidades o alguien con un máster de restauración en la Rey Juan Carlos. Ya sabemos que desde la mamarrachada del Ecce Homo de Borja (jalean la gracia de la señora, le escriben una ópera y poco menos que la contratan en el Museo del Prado) las manualidades caseras se han puesto de moda pero lo sucedido últimamente clama al cielo. Primero fue el destrozo de una escultura del siglo XVI en la iglesia de San Miguel de Estella. Una obra de arte de valor incalculable repintada y multicoloreada como si fuese una muñeca chochona. Luego supimos de una vecina de Rañadoiro que, con permiso del párroco, se llevó a su casa tres tallas del siglo XV para “restaurarlas”. El resultado, una auténtica aberración de vivos y fosforescentes colores y una Virgen que parece Carmen de Mairena. Por el camino nos enteramos de otra surrealista restauración en Canadá, con un Niño Jesús convertido milagrosamente en Maggie Simpson. Pero no todo el afán cutre restaurador viene de ahora. Este mismo verano hemos descubierto en Reinosa una Heidi avant la lettre. En este caso, un querubín de madera que se desprendió hace años y que un gracioso sustituyó por un monigote de sonrosados mofletes y flequillo negro. En fin, todo remite a lo mismo. Falta de respeto y de amor a nuestro patrimonio, que es nuestra cultura, nuestra memoria, aquello que heredamos y que tenemos la obligación de legar, proteger, conservar y defender. Y, por supuesto, basta de reírles las gracias a los Ecce Homos y sus herederos. Que quien quiera utilizar los rotuladores Carioca lo haga en su casa. Y, claro está, que se pague a profesionales para que conserven nuestro patrimonio. Tal vez ahí radique el problema. Todos sabemos que si pagamos mano de obra con cacahuetes se ponen a trabajar chimpancés.

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