GRACIAS MENDOZA, CONTIGO EMPEZÓ TODO

la-verdad-sobre-el-caso-savoltaPublicado en La sombra del ciprés, suplemento cultural de El Norte de Castilla, el 29 de septiembre de 2018

Pues sí, Eduardo Mendoza, gloria en los cielos al caso Savolta, contigo empezó todo, con tu manuscrito maleta en mano de más de mil páginas viajando a principios de los 70 de rechazo en rechazo por todas las editoriales, con el contrato firmado por fin en 1973 y la novela olvidada en los almacenes de Seix Barral durante dos años, con la estúpida censura de imbéciles y pajilleros que borraron el título original y se permitieron la estulticia de señalar que era un “novelón estúpido y confuso, escrito sin pies ni cabeza… con casamientos, cuernos, asesinatos y todo lo típico de las novelas pésimas escritas por escritores que no saben escribir”, sí, contigo empezó todo, con la novela presentada por fin el día de Sant Jordi de 1975, con los ocho ejemplares que se vendieron aquel día (cuatro de ellos a tu propia hermana), con el órdago de recuperar el placer de narrar y dar un corte de mangas a la literatura experimental, con Javier Miranda, un chico vallisoletano que llegaba a una convulsa Barcelona de empresarios explotadores y periodistas inquebrantables, de putas y matones, de anarquistas y pistoleros en bandolera, con Nemesio Cabra, descendiente del Buscón, con el ambiguo e inquietante Lepprince, con la sensual y calculadora María Coral, y con tantos y tantos personajes, como Pajarito de Soto, hijos de la imaginación y la tradición picaresca, sí, contigo empezó todo, con ese deseo oculto de escribir una novela a la manera de tu admirada “Guerra y Paz” pero teniendo claro que el resultado tenía que ser una mezcla equilibrada de superproducción y film de arte y ensayo, con ese cóctel irónico de viejo folletín y de moderna novela policíaca que tanto asombró desde el primer momento, con esa prodigiosa variedad de registros milagrosamente dotados de una coherencia interna única, con ese megamix memorable donde conviven admirablemente la novela social, la novela decimonónica, la novela existencial, la comedia de enredo, la novela histórica, la novela policíaca, la novela epistolar, la novela romántica y el folletín, sí, contigo empezó todo, con “Los soldados de Cataluña” que iban a ser “Puños y besos” y que acabaron entrando en la historia como “La verdad sobre el caso Savolta”, con ese libro de texto de Literatura Española para estudiantes de COU en el que el insigne Fernando Lázaro Carreter dedicó un capítulo entero a un autor desconocido y a su primera novela recién salida del horno, un libro de texto que nos dio a conocer la obra que acabaría convirtiéndose en la novela más influyente de la literatura española de la segunda mitad del siglo XX, sí, contigo empezó todo, con tu humor irónico, sarcástico, disparatado, hiperbólico, satírico, con la crítica acerada y mordaz de una época de contrastes, la de los cabarets, tabernas y barrio chino frente a los salones elegantes y los casinos, sí, contigo empezó todo, con tu forma magistral de construir mosaicos, de ensamblar puzles, de fragmentar la obra acumulando artículos, actas judiciales, notas taquigráficas, cartas, fichas policiales, entrevistas y documentos, en una especie de collage de indudable atractivo que, increíblemente, servía para hacer avanzar la acción de forma fluida, sí, contigo empezó todo, con todos los lenguajes que supiste utilizar, el periodístico, el jurídico, el administrativo, el policial, el naturalista, el de la calle, con catalanismos e incorrecciones lingüísticas incluidas, con flashbacks continuos, con el desorden cronológico por bandera y con un montaje de secuencias tremendamente complejo que, sin embargo, funcionaba como una maquinaria suiza de precisión, sí, contigo empezó todo, contigo comenzamos a repudiar la aburrida literatura experimental, contigo recuperamos el placer de leer, contigo perdimos el miedo a contar historias, a narrar sin más pretensiones que el bendito entretenimiento, contigo aprendimos a reivindicar el argumento como parte esencial de la escritura narrativa, contigo además supimos que el escribir una novela sustentada en géneros populares no es incompatible con una escritura de máxima exigencia, por todo ello, gracias, Eduardo Mendoza, con “La verdad sobre el caso Savolta” empezó todo.

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El Norte de Castilla

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