Publicado en El Norte de Castilla el 11 de enero de 2019
Fueron los triunfadores de la Nochevieja y, al igual que el año pasado, “trending topic mundial”. En los siguientes días, no se habló de otra cosa que del desternillante programa con el que La 2 dio la bienvenida al 2019. “Cachitos de Hierro y Cromo” volvió a arrancar una sonrisa a la mayoría de espectadores. Algunos se quejaban de que querían irse a dormir pero las risas se lo impedían. Otros reclamaban directamente un Nobel, un Pulitzer, un Planeta para el de los rótulos. La fórmula es muy sencilla: aprovechar, con un presupuesto mínimo, el fabuloso archivo de TVE apelando a la nostalgia de actuaciones musicales antiguas aderezadas todas ellas con comentarios humorísticos llenos de referencias actuales. El resto ya es puritito desfase de Nochevieja con atracón de polvorones LSD. El disco chino filipino de Enrique y Ana o ya no se hace racismo como el de antes. Marujita Díaz o cuando los chotis tenían letra de reggaetón. La tuna o cómo utilizar su potencial desmoralizador ante el enemigo. Café Quijano con modelitos ideales para abrir una cuenta bancaria en Panamá. Shakira integrada totalmente en nuestra cultura con juicio por fraude fiscal incluido. Dolores Vargas y una coreografía ideal para conseguir el cinturón negro de Kung Fu. Roberto Carlos y un gato triste y azul (“que esté triste, pase, pero si ya está azul y no es Doraemon, igual había que llamar a un veterinario”). Todo ello sin olvidar los parecidos. Pablo Abraira es Astérix, Robin Gibb es Quique San Francisco, Víctor Manuel es Cayo Lara y la voz profunda y grave de Manolo Otero es como la de Mufasa cuando está en celo. Y hablando de voz, Bertín Osborne haciendo de Sinatra y con un rótulo demoledor: La Vox. No nos olvidamos de Conchita Bautista cantando “el pantalón ya no es cosa exclusiva del varón porque las mujeres hemos podido lograr el llevar los pantalones dentro y fuera del hogar” o como diría Abascal, otra vez el feminismo radical. En fin, a pesar del buen rollo y de la unanimidad en los elogios, al día siguiente, y reorganizado el ejército de trolls, la reacción no se hizo esperar, acusando al programa de ser una panda de podemitas mamando del dinero público. Solo los machirulos están tan organizados en las redes como estos tipos que parecen añorar otros tiempos. Claro que, probablemente, sean los mismos. Mal que les pese, en CachitosNochevieja hubo más duende que en un catálogo de tatuajes de los noventa.