EL HOMBRE EN EL CASTILLO

el-hombre-en-el-castilloTal vez la ucronía más famosa de la historia de la literatura. La escribió Philip K. Dick en 1962 y en ella nos encontramos un mundo alternativo en el que Alemania y Japón ganaron la II Guerra Mundial (Roosevelt había sido asesinado en 1933 y su sucesor había decidido no intervenir en la guerra). Los Estados Unidos están territorialmente divididos en tres sectores: la costa este ocupada por los nazis, los estados del Pacífico bajo el dominio japonés y los estados de las Montañas Rocosas aparentemente autónomos. Tras quedar incapacitado Hitler al término de la guerra, Martin Bormann se había puesto al frente del estado nazi, sin embargo, durante la novela, Bormann muere y se desata una tremenda lucha entre diversos jerarcas nazis. En este ambiente, se desarrollan diversas tramas argumentales protagonizadas por distintos personajes: un propietario de un reputado negocio de antigüedades americanas, uno de sus clientes (el señor Tagomi) angustiado porque sus arraigadas creencias budistas chocan con todo lo que está sucediendo a su alrededor, un espía que llega a San Francisco con la intención de alertar sobre una operación nazi destinada a derrotar a sus aliados japoneses, un par de artesanos americanos que comienzan a diseñar unas joyas con un extraño poder y la exmujer de uno de ellos (Juliana) que vive en Colorado y ha comenzado una relación con un agente al servicio de Alemania y empeñado en una misión secreta. Tal vez lo más interesante de esta ucronía es la existencia de otra ucronía dentro de la ucronía central, representada en un libro (“La langosta se ha posado”) que leen algunos personajes de la novela. En este libro, Roosevelt sobrevive al intento de asesinato y los EEUU se involucran en la guerra. El resultado es que Alemania y Japón salen derrotados. El libro está prohibido por los nazis pero en la zona japonesa se puede adquirir sin muchos problemas. Cuando Juliana se entera de que su pareja tiene la misión de asesinar al autor del libro (que supuestamente vive recluido en un castillo rodeado de complejos sistemas de seguridad) todo desemboca en un extraño final… Por cierto, a este juego metaliterario hay que añadir otro representado por el I Ching chino o Libro de los cambios cuyo sistema adivinatorio utilizan muchos personajes (al parecer, incluso, el propio Philip K. Dick lo utilizó para escribir la novela). En fin, una novela interesantísima que parte de una premisa fascinante. Quizá lo más atractivo sea precisamente el ejercicio metaliterario y la sugerencia de la existencia de algún universo paralelo representado en la novela a través de la figura del señor Tagomi que, en un momento de confusión y crisis existencial, aparece en un mundo alternativo en el que, efectivamente, Alemania y Japón han perdido la guerra… El juego de matrioskas literarias va en aumento y desemboca en un extraño y desconcertante final, tal vez en extremo caótico y divergente. Uno tiene la sensación de que Philip K. Dick no acaba de desarrollar todo el inmenso potencial que tiene la historia. Quizá tengamos que aguardar a otro Ridley Scott que explote por completo la fabulosa historia esbozada por el genio del LSD y la ciencia ficción.

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El Norte de Castilla

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