EL DIABLO, PRIMERA PARTE

jan_brueghel_-__tentaciones_de_san_antonio_abad__-_google_art_project-1Publicado en El Norte de Castilla el 8 de febrero de 2019

El diablo, tal vez. Las mil caras del maligno. Una temporada en el infierno. Cualquier presentación vale para sumergirnos en el fantasmagórico universo de los Brueghel. Es el viaje que nos propone el Museo Nacional de Escultura a través de una exposición vertebrada alrededor de un portentoso lienzo del pintor flamenco Jan Brueghel titulado “Las tentaciones de San Antonio”. Junto a él, cuadros que siguen la estela de El Bosco imitando sus peculiares parajes devastados y cielos enrojecidos por pavorosos incendios. El demonio, la tentación y el pecado protagonizando cuadros de carácter fantasmal, repletos de alucinaciones diabólicas y en los que reina un ambiente de danza siniestra. Eso sin contar alguna curiosa obra como un relieve encargado a dos discípulos de Berruguete para el Hospital de San Antón de Valladolid, regido por antoninos, orden dedicada a tratar el “mal de los ardientes”. Una segunda parte de la exposición está centrada en los grabados alegóricos de “Los siete pecados capitales”, de Pieter Breughel, y su fantástica travesía al siglo XXI gracias a las ilustraciones animadas del belga Antoine Roegiers. Pero volvamos al principio. La beata Magdalena de San Jerónimo fundó en Valladolid, bajo protección real y del concejo municipal, la primera cárcel para mujeres de España. En realidad, Casa Pía de Santa María Magdalena o de la Aprobación, conocida también como Casa de las Arrepentidas. Una “galera para mujeres” o cárcel correccional para castigo de las mujeres vagantes y ladronas, alcahuetas, hechiceras y otras semejantes. Para una de las capillas de la iglesia, la beata encargó a Jan Brueghel un cuadro muy especial que ayudara a las pecadoras a resistir las tentaciones. Un cuadro valorado en mil ducados y del que el mismísimo Pantoja de la Cruz llegó a hacer una copia. “Las tentaciones de San Antonio” expresa a la perfección la resistencia del santo a los asaltos del maligno. El eremita entregado a sus oraciones mientras le acosan monstruos y seres maléficos. El eremita resistiendo las tentaciones carnales personificadas en mujeres convertidas en instrumentos del demonio. El eremita, en fin, ascendiendo al cielo y rodeado por una legión de demonios que intenta impedirlo. Pues eso. Exposición fastuosa y diabólica. Un inquietante universo infernal. Y, por supuesto, el diablo protagonizando un mundo de carnaval.

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El Norte de Castilla

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