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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

LOS CUADERNOS DE LUIS VIVES

Continuando con el ciclo de novelas de Valladolid le toca el turno en esta ocasión a “Los cuadernos de Luis Vives”. El año 1996 fue uno de los más prolíficos e interesantes del autor. Aquel año de nieblas y cuchillos editó dos libros memorables, ambos pertenecientes al ciclo de novelas de Valladolid pero, eso sí, con distinta mirada. En “Capital del dolor” tenemos al Umbral novelista mientras que “Los cuadernos de Luis Vives” forman parte de sus personalísimos libros memorialísticos. El tema central en este caso, desarrollado y reelaborado a partir de aquellos viejos cuadernos de Luis Vives que el Umbral adolescente rellenaba de forma compulsiva, no es otro que su vocación literaria o cómo el Umbral joven va convirtiéndose en escritor.

«A mí me ha envejecido el éxito, la popularidad, más que el tiempo, y ahora, cuando reescribo los cuadernos adolescentes de Luis Vives, hago en ellos mi testamento literario y humano, porque desvelando el que fui, agoto el que soy».

En estos cuadernos donde retrataba líricamente el Valladolid de posguerra, Umbral asegura haberse confesado como nunca. Por ellos aparecen sus amigos, sus primeros trabajos, sus recuerdos, sus lecturas, sus primeros escarceos con el sexo, con las putas, con los escritores locales. Paseamos con él por el enclave azteca y asilvestrado de Valladolid, allí por donde duerme la ciudad filipense su sueño nocturno, caminamos por los alrededores de San Pablo y San Gregorio, visitamos las tabernas infames de Santa Clara, de las Delicias, de la Rubia. También nos adentramos en el Campo Grande donde el autor iba, más que a descubrir grutas secretas o altos palomares, a posar ante sí mismo como un Shelley de pueblo, aislado en un banco y con un libro en la mano. Había comenzado su cruzada de forzado dandismo en lucha continua contra un ambiente provinciano asfixiante. Con su abrigo con cuello de garra del que no prescindía ni para ir a la carbonería se había convertido en un Espronceda de la ciudad tolteca. Era su uniforme de poeta que defendía a sangre y fuego porque, aunque anticuado, era como una particular cota de malla que le defendía y le diferenciaba del resto. Antes de haber publicado nada, su indumento era su escritura, la forma, en fin, de levantarse contra la grisalla de la época, al igual que otros muchos. Y ahí entran un buen puñado de artistas y poetas que pasan por los cuadernos de Luis Vives, desde Capuletti a Delibes, desde Jorge Guillén a Jiménez Lozano. Todos ellos formando parte de sus nichos de complicidad con sede en la Casa de Zorrilla o en la Casa de Cervantes, lugares donde el Umbral adolescente iba a aprender y a pasar los domingos con frío pero con versos. Según cuenta él mismo en sus añorados y gastados cuadernos, el libro narra en el fondo la destrucción de un poeta previa a la construcción de un prosista, aunque en realidad lo que narra es la arqueología de un escritor y la deuda que mantiene con sus recuerdos. Entre ellos, el más importante, el de su madre, convertida por presencia o ausencia en la verdadera protagonista. “Éste es el personaje literario del que he usado y abusado en mis libros. Como más o menos he apuntado más arriba, qué hacer cuando la propia madre se convierte en literatura. ¿Hasta qué punto la amo y hasta qué punto la utilizo, como a cualquier otra mujer? Es la cualidad devorante de la literatura, que se alimenta casi exclusivamente de pasado, o sea de memoria. La literatura no es sino la memoria sometida a la gramática”. Amén.

Temas

umbral

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


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