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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

TIEMPOS MODERNOS

Publicado en El Norte de Castilla el 1 de noviembre de 2019

Se ha convertido en una tradición. En el fin de fiesta más esperado cada año en la Seminci. En la traca final perfecta. Un escenario como el Auditorio Miguel Delibes, una obra maestra del cine mudo y toda una orquesta sinfónica, la OSCyL, ejecutando la banda sonora en directo. Este año el turno ha correspondido a una de esas películas que forman parte de la historia: la mítica, icónica, indispensable y memorable “Tiempos modernos”, del gran Charles Chaplin. Una película que, tras estrenarse en Nueva York y Londres en 1936, aterrizó en el cine Capitol de Madrid aquel convulso y trágico año. Allí, como en el resto del planeta, los espectadores escucharon por primera vez la voz de Charlot cantando una canción en un idioma loco inventado. El cine sonoro, por entonces, ya estaba completamente integrado y “Tiempos modernos” constituyó la despedida triunfal de un cine, el mudo, que se batía en retirada. Era, sin duda, el final de una época y, por eso, Chaplin se despidió del personaje de Charlot. Fue, en efecto, la última vez que vimos en pantalla al entrañable vagabundo, su bombín, su bastón, sus grandes zapatos, su desgastado chaleco. Nos dejó, eso sí, una comedia única llena de gags y denuncia social. El mismo Charlot de siempre pero mucho más ácido y corrosivo. Más comprometido. Por eso a los poderosos no les gustó nada la crítica feroz que hacía de los nuevos sistemas de producción, su alegato contra la pobreza y el orden injusto impuesto por un capitalismo salvaje. La Alemania nazi y la Italia fascista prohibieron la película por considerarla propaganda comunista. En la URSS no gustó porque pensaban que se burlaba del movimiento obrero y en los EEUU les pareció antiamericana. La piel fina de los poderosos, o sea. Los demás nos quedamos con escenas memorables como la de la cinta transportadora que se traga a Charlot, la coreografía delirante en la cadena de trabajo, Charlot cogiendo una bandera del suelo y convirtiéndose, sin querer, en el supuesto líder de una revuelta, la máquina diseñada para que los obreros no pierdan tiempo a la hora de comer o Charlot patinando en unos grandes almacenes (escena que aparece, por cierto, en la aclamada “Joker”). Eso sin olvidar, claro, la escena final, una de las más hermosas de la historia del cine con Charlot y una bellísima Paulette Goddard alejándose de la mano por la larga carretera en pos de un futuro mejor. Todo un canto a la esperanza. Pues eso, bendito Charlot.

 

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Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


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