Blogs

Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

EL INSULTO

Publicado en El Norte de Castilla el 10 de enero de 2020

Dicen que la botánica no es una ciencia, sino el arte de insultar a las flores en griego y latín. También dicen que todo es del color del cristal con que se mira. Últimamente todos llevamos cristales de colores pegados a los ojos con loctite. En el tema del insulto la subjetividad alcanza límites preocupantes. Nuestras convicciones, ideas, filias y fobias nos atenazan y según del lado del que venga el insulto nos parecerá una cosa u otra. Sólo hay que leer periódicos de distintos signos. Su perspectiva de qué es un insulto y de quién lo practica es realmente curiosa. En el recién celebrado debate de investidura hemos tenido ejemplos para hartarnos. Un diputado, por ejemplo, le ha llamado al candidato, entre otras lindezas, mentiroso, estafador, fraude, charlatán, timador, testaferro de populistas y separatistas. Ha dicho de él que es un personaje sin escrúpulos, un Tirano Banderas, un político indigno, un actor con corbata morada, un villano de comic. Todo ello casi sin respirar para rematar con: “A usted le da igual Juana que su hermana”. Todo un poeta, oye. Cuando le han afeado su conducta él se ha limitado a decir que no insulta que sólo hace descripciones. Prensa y hooligans afines están de acuerdo. De insultos, así como de mentiras y falsedades, está lleno el  argumentario político. Por eso prima la ley del embudo. Todo depende de quién insulte o a quién se insulte. O sea cosas de niños emberrenchinados (y, si no, me doy la vuelta y no te miro). El insulto tiene para el que lo practica el efecto de descargar, sin necesidad de justificarse, su ira y rencor contra el que no comparte sus ideas. Lo que algunos deberían de saber es que los insultos dicen más del emisor que del destinatario y que (como decía Diógenes) el insulto deshonra más a quien lo infiere que a quien lo recibe. En cambio saben muy bien que rebuznando siempre encuentran un gran público. Por eso utilizan la brocha gorda. Podrían, eso sí, insultar sin que lo pareciese. Así, en plan fino. Si hay que insultar, que le echen imaginación al menos. Raspamonedas, tragavirotes, ignaro, estafermo, zurumbático, rocino, badulaque, trapisondista. Le puedes llamas a tu rival mezquino e ignorante y posiblemente ni se entere. Tampoco, ay, sus acérrimos believers. Para eso tendrían que visitar más bibliotecas y menos forocoches. Tal vez por eso sea más fácil decir que no insultas, que sólo calificas.

Temas

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


enero 2020
MTWTFSS
  12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031