Carlos Fidalgo lo ha vuelto a hacer.
Nos vuelve a regalar una hipnótica historia de historias.
Una historia que tiene mucho de historia real, pero también de historia fantástica.
Un carnaval de gente conocida entre la que se desliza algo así como un relato fantástico, un cuento largo de fantasmas.
Va a ser verdad que de tanto mentir, las mentiras se convierten en verdad.
Algo parecido dice un proverbio irlandés.
Nos avisa el autor: “la mitad de las mentiras de este libro son ciertas”.
Algo parecido ya dijo Vargas Llosa: “una novela es una mentira con apariencia de verdad”.
Fidalgo también sabe que Truman Capote pensaba algo parecido: “lo bueno de la novela es que importa lo verosímil, no lo que es verdad”.
Por el medio, tenemos de todo.
El amor brujo y la casa de las siete chimeneas
Una invisible (como no podía ser de otra forma) María Léjarraga, el Club Lyceum, Alberti y María Teresa León, María de Maeztu y, también, un beso en las puertas del Palacio de Velázquez.
Tenemos a Victoria Kent y Clara Campoamor en una lectura conjunta de Poeta en Nueva York
A Zenobia y a Juan Ramón, a Dalí y a Lorca, el Club Magerit, la calle de los tres peces y el Café Barbieri.
Hay un viaje lisérgico a Mondoñedo, un terrible accidente de autocar, un más terrible accidente de tren y un revisor de tren fantasmagórico
Hay (tal vez) sirenas y dragones, porque siempre está detrás un cuento de Cunqueiro
Está el Chicote y el Pasapoga. También el Hotel Florida. Y el edificio de la Telefónica, tótem sagrado del centro de Madrid
Están Luis Miguel Dominguín, Lana Turner y Lola Flores.
Y está, claro, Ava Gardner por Madrid en un descanso del rodaje de La condesa descalza.
Y Frank Sinatra cantando Stormy Weather.
Por ahí aparecen autores secundarios bien conocidos como Paco Rabal o Fernán Gómez.
Y también Hemingway, Dos Passos, Martha Gellhorn, Capa o Virginia Cowles.
Está Nilamón Toral, boxeador, comunista y héroe de la Columna Mangada.
También la orquesta de Xavier Cugat.
Y una loca fiesta de disfraces en el Palacio Zabálburu con Miguel Hernández hecho una furia (“aquí hay mucha puta y mucho hijo de puta”).
Pero, por encima de todo, está la increíble y maravillosa historia de amor entre el fotógrafo Vicente Yebra y la pianista Amalia Quiroga, que es más una sirena que un ángel.
Todo ello mezclado magistralmente por Carlos Fidalgo grandísimo contador de historias y fabulador.
El baile del fuego, historia romántica, historia de historias, carnaval de personajes, historia de fantasmas e historia reivindicativa del papel de la mujer.
Todo en uno.
Lo dicho: Carlos Fidalgo lo ha vuelto a hacer.