¿Hasta dónde nos puede arrastrar el rencor? Alguien lo va a convertir en una venganza con reminiscencias históricas.
En “Pactos”, la primera novela de la serie, conocimos al inspector Pruna, un tipo atormentado por un pasado que no dejaba de golpearle en el presente a través de unos recuerdos que le apartaban de su ciudad, Gavà, el sitio donde fue feliz y al que lleva media vida rehuyendo con obstinación (“Al lugar donde fuiste feliz, no vuelvas. El tiempo habrá hecho destrozos. Esa había sido su máxima desde el momento que huyó. El axioma que le había marcado una vida de amargura”).
En “Rencores”, Albert Villanueva sigue el mismo esquema que tan buenos resultados le dio en “Pactos” y el intento de Pruna de marcharse de su pueblo natal y olvidar un pasado esculpido a martillazos se verá truncado nuevamente. En efecto, el protagonista se verá obligado a quedarse de nuevo en Gavà puesto que, cuando lo tenía todo preparado para marcharse, aparece un cadáver en el Parque Arqueológico de la ciudad. Será el primero de una serie de terribles muertes que irán apareciendo en los lugares históricos de Gavà envueltos en una macabra escenografía. Será, en definitiva, el inicio de una carrera contrarreloj para dar caza al asesino….
Albert Villanueva lo ha vuelto a hacer. Tras el debut memorable en “Por hacer a tu muerte compañía”, un fantástico recorrido por los años 20 y 30 del siglo pasado, por el pistolerismo y el anarquismo, y tras el primer caso del inspector Pruna, llega ahora “Rencores”. Los personajes siguen siendo complejos, cautivadores y poliédricos (en especial el protagonista), el estilo tremendamente efectivo logrando captar el tormento interno de los personajes y las descripciones sobresalientes y muy detalladas, capaces de transportarnos con maestría a los escenarios en los que se desarrolla la trama, con una ciudad Gavà, que no solo es un personaje de la novela, sino posiblemente el personaje más importante. Mención especial, por cierto, a la aparición de nuevo de Julia Rovira, convertida al parecer en el personaje fetiche e imprescindible del autor y que regresa para darnos unas impagables clases de historia. No me quiero olvidar, por supuesto, de la importancia que siempre tienen en las novelas de Albert Villanueva las canciones con todo un evocador recorrido por temas musicales bien conocidos que nos ayudan a empatizar con Pruna y entender la peripecia vital que le está zarandeando. En el lado positivo, parece que Miquel Pruna empieza a hacer las paces con Gavà y con su pasado. En el negativo, tendrá que enfrentarse a un enemigo más cruel y tenaz. Será en el siguiente libro. Albert, ya estás tardando en escribirlo…