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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

EL REGRESO A CASA DE UN GENIO

Publicado en El Norte de Castilla el 30 de agosto de 2025

Vuelve a Valladolid, a los 100 años de su nacimiento, José Manuel Capuletti, el pintor vallisoletano más universal de todo el siglo XX, el más personal, popular y cosmopolita. Lo hace con una ambiciosa retrospectiva que abarca todas las etapas creativas del pintor: sus obras de juventud en Valladolid, su fértil período surrealista en París al que siguió un exitoso periplo por Estados Unidos, y su última etapa, ya de vuelta en España (en “la Modorra”, su casa de Mairena del Alcor) inaugurando una etapa en la que su obra evoluciona hacia la introspección y un hiperrealismo mágico. En realidad, todo en Capuletti siempre ha sido mágico. Tal vez por eso y al hilo de lo visto en la imprescindible exposición que hasta el 28 de septiembre permanecerá en la Sala de la Pasión, uno puede abocetar una pequeña lista de recuerdos y bulerías que no es otra cosa que una aproximación lírica al universo de Capuletti. Así, por ejemplo, una muchacha contemplando el agua, contemplando un cuadro. Un cantaor flamenco: un suspiro azul: un quejido de angustia: unas medias rojas. La primavera y Romeo; también Julieta. El eco de la imagen: el sueño tranquilo: los dos paisajes. España. Francia. Estados Unidos. Los tejados de París. El verano: nuevos horizontes detrás de un sueño. La mujer dormida en la playa imaginando su primera noche. Los cortejos estáticos de Piero della Francesca, la soledad de Vermeer, la paleta mágica de Dalí. Valladolid-París-Nueva York-Mairena. Ilusión y esperanza. Paisaje gris. Dinero. Luz y color. Un desnudo en el Mont Saint Michel entresacado de La Comedia del Arte. Pilar. Iris. El pintor y su modelo. El amor. La derrota. Los besos engañados, los besos aprendidos. Un arlequín que llora en un rincón sobre un millón de retratos que se descascarillan con el sol. La estatua bajo el cielo verde: Tres mujeres desentrañando el enigma de Pisa. Una verónica. Pañuelos al viento. El deseo suspendido sobre nuestras cabezas. Un hombre (Paris) en una ciudad (París) investigando el enigma de la belleza. Un desplante, la vuelta al ruedo y, siempre, la atomicidad de un poeta. Una puerta que se abre y unos pechos que asoman. Abres una ventana y ves todo el planeta: es un enorme seno, y tú estás en él. Puedes verte: tocas el violín en medio de un aparcamiento privado. Un ahorcado bailando sobre la mujer del bosque de Boulogne. Centinelas del sueño saltando a la comba mientras se ciñen el sombrero de Santa Margarita atestado de caracoles, de naranjas de Clavinque. Magia, magia y magia. La de Capuletti on the rocks. Presencia onírica, ausencia real. Han dicho de él que estaba demasiado influido por Dalí, en especial por el espacio irreal de los fondos, tan impregnados de escenografía. Se olvidan de El Greco, de Zurbarán o de Vermeer. Pero Capuletti fue más allá. El niño obsesionado con que le compraran lápices de colores (su madre conservaba dibujos de cuando tenía dos años y medio) y el enfant terrible de esbelta y agitanada figura, melenas rizadas, patillas enormes y aspecto de bailarín flamenco que escandalizaba a la conservadora sociedad vallisoletana de los años 40 se supo labrar desde el principio una enigmática leyenda asegurando descender de la familia veronesa de los Capulettos, enfrentados a los Montescos, Romeo y Julieta mediante. Capuletti pintaba como un poeta y un soñador y siempre vivió rodeado de un misterio insondable que estaba en su propia pintura. Durante mucho tiempo fue considerado como un pintor erótico, sin duda por la presencia de esos solitarios desnudos (de Pilar y de Iris, sus dos mujeres) marcados por un extraño carácter onírico. Un galerista le dijo que hasta cuando pintaba una naturaleza muerta y en ella había un periódico, el periódico era erótico. Por desgracia, Capuletti es casi desconocido en su tierra y su obra ha sido apenas expuesta y conservada en España por lo que no parece una exageración proclamar que sería un pecado perderse esta exposición llena de desnudos, sueños dalinianos, autorretratos, cantaores flamencos, bailarines, toreros y figurines de ballet. Quedan advertidos.

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Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón. www.vicentealvarez.com


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