Con tal (larguísimo y anticomercial) título se presenta esta novela visual de Leanne Shapton que simula el catálogo ilustrado de una casa de subastas narrando el auge y la ruptura de una relación amorosa a través de 325 objetos cotidianos.
Y nada más.
Y nada menos.
Una historia de amor (conmovedora y fragmentaria, juguetona y nostálgica) contada a través de imágenes, a modo de catálogo de subasta, a partir de los objetos que quedaron atrás y que guardan el recuerdo de lo que un día fueron ilusiones.
Ella escribe una columna sobre pasteles en el New York Times. Él es un fotógrafo que viaja por todo el mundo realizando diversos encargos.
Hablamos de un libro en el que los objetos hablan por sí solos: entradas de cine, libros prestados y anotados, mensajes manuscritos sobre cualquier superficie y recuerdos de viajes, el menú de una cena, un mechón de pelo, saleros y pimenteros robados de restaurantes, prendas de ropa, postales, fotos Polaroid, notas de amor, mensajes garabateados en trozos de papel, cosas que compraron para amueblar su piso juntos…
Un libro que amplía por completo el concepto de libro y de narrativa.
Aquello de que en una novela no tiene límites y cabe todo.
Georges Perec, que escribió libros parecidos, lo sabía bien.