Interesantísima nouvelle de Vicente Blasco Ibáñez en la que el autor valenciano traslada el drama monárquico del shakesperiano Rey Lear al Buenos Aires de principios del siglo XX. En efecto, el protagonista es un viejo maestro impresor que, al igual que el rey de Shakespeare, decide delegar el control de su negocio y repartir su patrimonio en vida entre sus hijas.
Martín Cortés había pasado su juventud en Barcelona, donde aprendió el arte de imprimir, embarcándose luego para las Repúblicas del Río de la Plata, agitadas en aquellos tiempos por continuas revoluciones y guerras intestinas. En poco tiempo, consiguió saltar de obrero a patrón, viéndose propietario de una pequeña imprenta. Fue el inicio de un gran imperio.
Martín Cortés tuvo cuatro hijas a quienes puso como nombre, bajo la influencia de ciertas lecturas novelescas, y por imitar la predisposición de las damas criollas en favor de los nombres raros, Atala, Zulema, Corina y Delia. Ellas y sus maridos fueron poco a poco arrinconando a Martín Cortés y quitándole todo. El propio protagonista decía de sí mismo que era el rey Lear, impresor, apelando a las semejanzas entre su historia y la del infortunado rey Lear, monarca de los tiempos legendarios, que por amor a sus hijas iba cediendo cuanto poseía a estas y a sus esposos, viéndose tratado con la más negra ingratitud apenas se daban cuenta los de la familia de que ya no podían sacarle nuevas donaciones. Y, lo que es peor para Martín Cortes: cuando ya le habían quitado todo, sus hijas le sometieron a nuevos despojos, arrebatándole su pasado, pues no estaban dispuestas a permitir que su padre fuese diciendo por ahí que había nacido en la más extrema pobreza. Así que un día, harto de lo que sucedía, Martín Cortés se juramentó de que haría algo para deslucir las continuas fiestas que daban sus hijas a todos los potentados y ricachones de Buenos Aires…
El paralelismo con la obra shakesperiana permite a Blasco Ibáñez ahondar con gran acierto en aspectos como la ingratitud filial, la decadencia, la locura y, en especial, la vejez, tema que un escritor tan vitalista como Blasco Ibáñez y estando lejos todavía de la vejez (el escritor valenciano murió con apenas 60 años) trataría de forma repetida y recurrente.
“El rey Lear, impresor” apareció en la colección “La novela de hoy” el año 1926 y al año siguiente formó parte, junto a otras cinco nouvelles, del volumen titulado “Novelas de amor y de muerte”, su último libro publicado en vida.