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	<title>EL FARO DE AQUALUNGvallecillo &#8211; EL FARO DE AQUALUNG</title>
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		<title>REDES Y BESTIAS</title>
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		<pubDate>Tue, 19 May 2026 17:55:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vicente Álvarez</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[LIBROS DE CABECERA]]></category>
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		<description><![CDATA[Arma, una madre soltera rodeada de miedos. Miedo a la pobreza, a perder el trabajo, a no tener dinero para dar de comer a su hijo. (“La distancia entre riqueza y pobreza se mide en miedo”). Lanzo, un biólogo de raza y un ecologista radical obligado a matar a una especie única. Los dos viven [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2026/05/Redes-y-bestias.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-4280" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2026/05/Redes-y-bestias-197x300.jpg" alt="" width="197" height="300" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2026/05/Redes-y-bestias-197x300.jpg 197w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2026/05/Redes-y-bestias.jpg 405w" sizes="(max-width: 197px) 100vw, 197px" /></a>Arma, una madre soltera rodeada de miedos.<br />
Miedo a la pobreza, a perder el trabajo, a no tener dinero para dar de comer a su hijo.<br />
(“La distancia entre riqueza y pobreza se mide en miedo”).<br />
Lanzo, un biólogo de raza y un ecologista radical obligado a matar a una especie única.<br />
Los dos viven en Ciudad Máquina: un escenario escalofriante de 30 millones de habitantes, una ciudad que nunca duerme.<br />
Y luego está Erika Battembert, la Suma Carnicera, la Pornobestia del exitoso programa de TV Élite Rosa.<br />
O de cuando no hay basura suficiente y la verdad ya no interesa.<br />
(“Dame una decapitación en directo y moveré el mundo”).<br />
Las redes sociales alimentando mentiras, exageraciones, insultos.<br />
Las redes sociales convertidas en trituradoras para destrozar vidas.<br />
En trincheras desde donde escupir invectivas populistas y extremistas.<br />
(“Pasen, vean y linchen a la Madre monstruo”).<br />
Ángel Vallecillo lo ha vuelto a hacer.<br />
Nos ha vuelto a regalar otra maravilla.<br />
No es que sea una lectura imprescindible.<br />
Es que es urgente.<br />
Los 21 gramos necesarios para recuperar el alma/Arma.</p>
<hr />
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		<title>AKÚSIDE</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Mar 2018 09:06:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vicente Álvarez</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[EL NORTE DE CASTILLA]]></category>
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		<description><![CDATA[Publicado en El Norte de Castilla el 16 de marzo de 2018 Uno se hace mayor y va necesitando de ciertas alegrías para soportar el largo y habitualmente yermo sacerdocio literario. Por eso he abierto una botella de buen vino para celebrar la concesión del Premio de la Crítica de Castilla y León a “Akúside”, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2018/03/akuside4.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-2628" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2018/03/akuside4-300x192.jpg" alt="akuside4" width="300" height="192" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2018/03/akuside4-300x192.jpg 300w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2018/03/akuside4-768x493.jpg 768w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2018/03/akuside4-1024x657.jpg 1024w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2018/03/akuside4.jpg 1074w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Publicado en El Norte de Castilla el 16 de marzo de 2018</p>
<p>Uno se hace mayor y va necesitando de ciertas alegrías para soportar el largo y habitualmente yermo sacerdocio literario. Por eso he abierto una botella de buen vino para celebrar la concesión del Premio de la Crítica de Castilla y León a “Akúside”, de mi compadre Ángel Vallecillo (ex aequo con “Los refugios de la memoria”, de José Luis Cancho). Llevo tantos años diciendo que Vallecillo es uno de los novelistas más prodigiosos e imaginativos de la escena actual, tantos años contemplando la dejadez y la ceguera de editoriales, agentes literarios y demás fauna del Parnaso, que uno no acaba de creerse que, por fin, le llegue el reconocimiento. Desde la poliédrica y visionaria &#8220;Colapsos&#8221; al western shakesperiano de &#8220;Bing Bang Wilko Wallace&#8221; pasando por la memorable e incomprendida &#8220;Hay un millón de razas&#8221; y sin olvidar el resto de sus obras, todo lo que toca Vallecillo, tal vez porque posee una imaginación para crear personajes e historias sin igual, resulta fascinante. Hablamos de un tipo que escribe con el cuchillo entre los dientes, dueño de una prosa cortante y precisa como el bisturí de un cirujano, alguien capaz de escupir las palabras como puñetazos y, en el mismo párrafo, noquearte con un chispazo poético inigualable. Todo cabe en la mágica coctelera de Vallecillo. Y de todo ello hay en &#8220;Akúside&#8221;, una obra peculiar, enigmática y diferente con una estructura muy original. Una novela distópica que nos habla de un país imaginario y salvaje, un libro sagrado con 30 pequeñas historias que comienzan y terminan igual, las memorias de Axíamaco, general de las tropas akusaras, y muchas cosas más envueltas en frases llenas de delitos y tatuajes. Todo tan simbólico y revelador que con su lectura acabas sintiendo el vértigo de la belleza de las vidrieras góticas. Eso es &#8220;Akúside&#8221; y ese es Ángel Vallecillo. A su lado, en este camino de diamantes tantas veces áspero y deprimente, su editor de cabecera, César Sanz. Especial alegría también por el reconocimiento que, tras 20 años de lucha, va llegando a la pequeña y heroica editorial vallisoletana Difácil. Es de suponer que aquellos que ningunearon e incluso se mofaron de los jóvenes editores que la pusieron en marcha estén hoy con la cabeza escondida bajo la Enciclopedia Británica. Otros, en cambio, alzamos &#8220;Akúside&#8221; en señal de victoria. Porque quien más gana con este premio es, sin duda, la Literatura.</p>
<hr />
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		<title>VALLECILLO JEKYLL, VALLECILLO HYDE</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Mar 2014 19:18:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vicente Álvarez</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[EL NORTE DE CASTILLA]]></category>
		<category><![CDATA[LA SOMBRA DEL CIPRÉS]]></category>
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		<description><![CDATA[Publicado en &#8220;La sombra del ciprés&#8221;, suplemento literario de &#8220;El Norte de Castilla&#8221;, el 29 de marzo de 2014 Ángel Vallecillo lo sigue haciendo. Va más allá. Le gusta jugar, como a los buenos malabaristas, con cinco mazas de malabares (y se las pasa por detrás de la espalda, si es necesario). Lo repetido, lo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/vicentealvarez/wp-content/uploads/sites/3/2014/03/bang-bang1.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-1807" title="bang bang" src="/vicentealvarez/wp-content/uploads/sites/3/2014/03/bang-bang1.jpg" alt="" width="204" height="300" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2014/03/bang-bang1.jpg 613w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2014/03/bang-bang1-204x300.jpg 204w" sizes="(max-width: 204px) 100vw, 204px" /></a>Publicado en &#8220;La sombra del ciprés&#8221;, suplemento literario de &#8220;El Norte de Castilla&#8221;, el 29 de marzo de 2014</p>
<p>Ángel Vallecillo lo sigue haciendo. Va más allá. Le gusta jugar, como a los buenos malabaristas, con cinco mazas de malabares (y se las pasa por detrás de la espalda, si es necesario). Lo repetido, lo trillado, lo común, lo previsible no entra dentro de su particular diccionario. Vallecillo ha tocado todos los palos y no se cansa de hacerlo. Tampoco se cansa de sorprendernos. La última carta que se ha sacado de la manga es este “Bang Bang Wilko Wallace” que publica la heroica y ejemplar editorial vallisoletana Difácil. ¿Qué se puede decir de una novela que comienza de la siguiente manera?: “La primera vez que vi a la rubia yacía desnuda sobre una alfombra roja, con la mejilla hundida en un charco de vómito y la cabellera desparramada como si acabaran de estallar contra el suelo una botella de champán. Nunca me había enamorado de un cadáver”. Pues eso, prepárense a subirse a una montaña rusa y despréndanse de todos sus prejuicios para dejarse arrastrar por la prosa hipnótica y las fascinantes historias que nos va a proponer en las siguientes 198 páginas Ángel Vallecillo. El título de la novela nos da una pista del proyecto en el que se ha embarcado el autor vallisoletano. Y si eso no fuera suficiente, sólo hay que leer los títulos de las tres partes en las que está dividida la novela: Diez de los Grandes, Ciudad del Diablo y La tumba de los mil dólares. Sería muy sencillo decir que Vallecillo se ha sumergido en el mundo más clásico de la novela negra (homenaje al viejo Chandler incluido) con evidentes y turbadoras pinceladas de western crepuscular. De hecho, los ambientes son inequívocos: el bar de Moe, el hipódromo, las apuestas en el boxeo, los desayunos en locales que parecen pintados por Edward Hopper, la comisaría de policía, los bares de copas, la mansión del matón de turno, el motel de carretera. Todo huele a vieja novela negra. Pero hay algo más que acaba explotando en la segunda parte, la titulada Ciudad del Diablo. Allí Chandler se transforma en el Cormac McCarthy de “Meridiano de Sangre”. En esta parte central de la novela Vallecillo nos regala un viaje alucinante a un sitio de pesadilla, una ciudad de asesinos, mercenarios, colgados, yonquis, putas, jugadores y traficantes, un lugar atravesado por el río Tevel por el que siempre “baja un incesante torrente de cadáveres tiroteados por la espalda, manos y antebrazos amputados con las agujas aún clavadas en las venas, cabezas de putas, niños muertos o restos de perros de pelea”. Allí, en &#8220;La Casa Encantada&#8221;, un tugurio donde igual suena un blues que los disparos que llegan de la trastienda donde unos chalados tientan a la suerte jugando a la ruleta rusa, aparecen el hermano y el padre de Wilko Wallace: un padre ciego y un hermano retrasado de rasgos infantiles y dos metros de altura. Las escenas protagonizadas por esta extraña pareja son portentosas y alucinantes a partes iguales: te sorprenden llenando “La Casa Encantada” de blues y te hipnotizan cuando aparecen con un bate y una pistola (&#8220;No sé qué me acojona más si el ciego con la pistola o el subnormal con el bate&#8221;). Así, poco a poco, pasamos de Chandler y de McCarthy al mismísimo Tarantino todo ello con una prosa que escupe las palabras como puñetazos, al modo y manera de un James Ellroy en estado de gracia. Pero no nos engañemos: ni Chandler, ni Ellroy, ni Tarantino, ni McCarthy. El universo de Vallecillo es único, intransferible y perfectamente reconocible. Como una marca de aguas pegada a su pluma. Privilegio de los elegidos que tienen estilo propio. Sólo Ángel Vallecillo es capaz de singularizar a los personajes con un relampagueo de frases único. Milton Avery es un “bocaza, un hígado exhausto y una polla” y la rubia protagonista “una obra de arte expuesta en un basurero”. Por cierto, la primera maniobra de aproximación de Wilko Wallace hacia la rubia no tiene desperdicio: “Le abrí un párpado a la rubia y me deslumbró un iris azul cielo sobre un globo rojo: un iceberg flotando en sangre de foca”. Vallecillo pasa, sin apenas despeinarse, de un diálogo lumpen de metralleta a un chispazo poético que te deja noqueado: “Se acodó en la barandilla y descolgó la cabellera como un incendio que cayera del cielo”; “tenía el pecho caliente y la espalda fría, como si tomara el sol en una lápida”; “el cielo se amorató como si el día se asfixiara”. Eso sin olvidar algún toque de humor que viene a echar árnica a tanta violencia y poesía. Y sí, a pesar de que nos movemos en el terreno de la novela negra clásica y &#8220;Bang Bang Wilko Wallace&#8221; no deja de ser un ejemplo prodigioso de pulp de 24 quilates, en el fondo la novela tiene un pestazo a western que tira para atrás. Pulp alucinante, noir crepuscular, western shakesperiano. Todo vale en la mágica coctelera de Ángel Vallecillo. Lo dicho, una joya que sería un auténtico pecado que pasase desapercibida entre tanta y tanta novedad que escupen las librerías nuestras de cada día.</p>
<p>Por cierto, cuando decimos que Ángel Vallecillo toca todos los palos, no exageramos ni jugamos al despiste. Hoy le toca ponerse la <a href="/vicentealvarez/wp-content/uploads/sites/3/2014/03/9-horas1.jpg"><img loading="lazy" class="alignright  wp-image-1809" title="9-horas" src="/vicentealvarez/wp-content/uploads/sites/3/2014/03/9-horas1.jpg" alt="" width="116" height="180" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2014/03/9-horas1.jpg 437w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2014/03/9-horas1-193x300.jpg 193w" sizes="(max-width: 116px) 100vw, 116px" /></a><br />
chupa de Ellroy pero ayer vestía de dandi a lo Proust. Decimos esto porque hace apenas un mes, Vallecillo presentaba otra novela, &#8220;9 horas para morir&#8221;, esta vez bajo la divisa de Ediciones Aguere/ Idea, en la que la propuesta literaria era completamente distinta. Las frases cortas, la acción frenética y la sucesión fantástica de escenas a velocidad de vértigo de &#8220;Bang Bang Wilko Wallace&#8221; se transforman en &#8220;9 horas para morir&#8221; en un monólogo interior que nos muestra de forma pausada, premiosa y preciosista las últimas horas de un hombre antes de suicidarse. Antes de hacerlo, eso sí, nos enteramos del pasado terrible de Rodríguez, el protagonista,  y nos damos cuenta de que probablemente no es Rodríguez el que se suicida sino que es su propio pasado el que le suicida. Por el medio, Vallecillo nos obsequia con una novela impactante protagonizada por la verborrea demente y brillante de un tipo aparentemente débil, cansado de falsedades y abrumado por una historia brutal. Un ejercicio literario, en fin, que otorga carta de credibilidad a una de las ideas que el suicida Rodríguez vomita enrabietado: “Quizá haya tantas clases de escritores como de hombres”. No sabemos, en fin, cuántas clases de escritores hay pero uno tiene la sensación de que todos ellos están en Ángel Vallecillo.</p>
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		<title>VALLECILLO TERCERO</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Dec 2008 11:29:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vicente Álvarez</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[EL NORTE DE CASTILLA]]></category>
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		<description><![CDATA[Publicado en El Norte de Castilla el 27 de diciembre de 2008 Hace dos años Ángel Vallecillo ganó el prestigioso Premio Miguel Delibes con la visionaria y memorable &#8216;Colapsos&#8217;. Era la segunda novela, tras &#8216;La Sombra de una sombra&#8217;, que publicaba en la heroica editorial vallisoletana Difácil. Desde hace unos días tenemos en nuestras manos [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><IMG class=imgizqda id=img_1 src="/vicentealvarez/wp-content/uploads/sites/3">Publicado en El Norte de Castilla el 27 de diciembre de 2008</p>
<p> <DIV class=text> <DIV class=barhead> <DIV class=ln id=story-entradilla></DIV></DIV> <DIV class=p id=story-texto> <DIV class=p>Hace dos años Ángel Vallecillo ganó el prestigioso Premio Miguel Delibes con la visionaria y memorable &#8216;Colapsos&#8217;. Era la segunda novela, tras &#8216;La Sombra de una sombra&#8217;, que publicaba en la heroica editorial vallisoletana Difácil. Desde hace unos días tenemos en nuestras manos &#8216;Hay un millón de razas&#8217;, la tercera entrega de su particular y prodigioso mundo. Un libro escrito, de nuevo, con una prosa cortante y precisa como el bisturí de un cirujano y en el que el autor utiliza una técnica que le viene como anillo al dedo a la novela, el falsorrealismo: presentar historias falsas cuya técnica de verosimilitud las hace parecer verdaderas gracias a la mezcla de personajes reales con otros inventados y a la profusión de datos y fechas (que remiten a informes, a libros ficticios, a notas a pie de página, a fotografías, etcétera). Todo ello sirve como sustento a una trama fascinante que nos lleva desde la Alemania nazi hasta laboratorios genéticos que parecen sacados de una película de ciencia ficción, desde Tokio hasta la isla Alegranza, desde Valladolid (&#8220;¿Qué coño pintaba un tío de Valladolid investigando el caso Hichmann, la supuesta arma milagrosa de Hitler?&#8221;) hasta la isla Hokkaido. De ello va &#8216;Hay un millón de razas&#8217;, de la fascinación que producen unos documentos de un oscuro y sanguinario médico nazi, de la irreprimible atracción de su leyenda, del rastro criminal que dejan tras de sí. En la novela tenemos de todo: nazis, científicos locos, espías, mercenarios, celos entre profesores universitarios, partidas de póquer, una clase magistral de lo que es y representa el Guernica, peligrosas organizaciones neonazis, experimentos genéticos y una propuesta de solución final, de proceso eugenésico a gran escala, que haría palidecer al mismísimo Hitler. Desde luego, &#8216;Hay un millón de razas&#8217; roza la obra maestra. Y no es perfecta porque la perfección es muy aburrida y &#8216;Hay un millón de razas&#8217; es jodidamente entretenida, una novela que te reconcilia con el placer de leer. Podría decir, eso sí, que es intensa, turbulenta, provocativa, sofisticada, sorprendente, hipnótica, profética, cosmopolita, catártica y adictiva. No recuerdo cuándo fue la primera vez que escuché a Ángel Vallecillo hablar de esta novela. Fue hace tiempo y fue en El largo adiós, el templo de las sirenas encerradas en una Mahou y de los escritores ahorcados. </DIV> <DIV class=p>De este millón de razas he aprendido un millón de cosas. He aprendido que la Historia es un ciego mirando al pasado por un retrovisor roto. He aprendido que sólo tras vencer el sufrimiento podemos hacer metáforas del dolor. He aprendido que dormir con la pistola de la culpa bajo la almohada nos conduce directamente al infierno. He aprendido que, al mirar hacia atrás, los sueños se convierten en un charco de cristales. He aprendido que la música del azar, muchas más veces de las que imaginamos, se convierte en la música de nuestra vida. He aprendido que Tokio es azul. He aprendido que la literatura de Vallecillo está entregada a sueños proscritos, que las sirenas bailan hip-hop al ritmo de sus adjetivos, que sus frases están llenas de delitos y tatuajes. He aprendido que sus novelas imitan el vértigo de la belleza de las vidrieras góticas, que sus historias nadan en los ríos de Babilonia, que sus protagonistas visitan catedrales donde se lloran los amores perdidos. He aprendido que hay un millón de escritores pero todos están en Ángel Vallecillo. Pues eso: &#8216;Hay un millón de razas&#8217;. Ya están tardando en empezar a leerla.</DIV></DIV></DIV><!-- fin-art--></p>
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		<title>COLAPSOS</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Nov 2008 16:47:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vicente Álvarez</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[TEXTOS RECUPERADOS]]></category>
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		<description><![CDATA[Hay novelistas que escriben con el cuchillo entre los dientes. Hay novelistas que escriben saboreando el inocente dolor de los espejos. Hay novelistas que escriben entregados a sus sueños. Hay novelistas que escriben arañando el grito de un buen argumento. Hay novelistas que escriben aferrados a las ardientes zarpas de las panteras. Hay novelistas, en [&#8230;]]]></description>
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 <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><SPAN style="FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Arial">Hay novelistas que escriben con el cuchillo entre los dientes. Hay novelistas que escriben saboreando el inocente dolor de los espejos. Hay novelistas que escriben entregados a sus sueños. Hay novelistas que escriben arañando el grito de un buen argumento. Hay novelistas que escriben aferrados a las ardientes zarpas de las panteras. Hay novelistas, en fin, que buscan con su particular credo el verdadero antifaz de la inmortalidad. En todos ellos cabe Ángel Vallecillo, cuya novela “Colapsos” acaba de ser galardonada con el premio Miguel Delibes de Narrativa, concedido por la revista de poesía “Juan de Baños”, el grupo “Sarmiento” y la obra cultural del BBVA. “Colapsos” es un manifiesto desolador repleto de traiciones y de certezas tan dolorosas como la del amor imposible. La insoportable levedad del ser en clave Tarantino. Vidas cruzadas encajadas en matrioskas de porcelana. Juegos borgianos de todo tipo, textos extraídos de supuestos libros, grabaciones de la CIA, transcripciones de entrevistas telefónicas, páginas de diarios, biografías inventadas, diez mil decimales del número Pi y una visita al cerebro de David Lynch. Vallecillo describe “Colapsos” como una novela coral enraizada en la literatura norteamericana y con un toque cosmopolita. En ella aparecen pícaros modernos, un matrimonio enganchado a los concursos de televisión, hermosas mataharis, viejos médicos que viven sin Alma, libertadores del mundo, pornógrafos, charlatanes poderosos que saben robar un dólar, venderlo por dos y demostrar contablemente que han perdido dinero, miserables que piensan que la dignidad o la utopía son armas peligrosas, mujeres que ya no son hermosas pero que saben fumar y beber como si aún lo fueran, un ecologista insomne, escritores con poderes sobrenaturales, ciegos que dirigen a otros ciegos quemando billetes para alumbrar un universo a oscuras, tipos con dignidad que creen que otro mundo es posible, hombres poderosos que tienen miedo de que se descubra el secreto de su mirada, un mafioso que huye de la policía escondido en un ataúd y mujeres con ojos color Coca-Cola que cuando lloran parecen que se los han mezclado con whisky.<?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /><o:p></o:p></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><SPAN style="FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Arial"><SPAN style="mso-tab-count: 1"></SPAN>Tengo delante un par de fotografías que yo mismo hice el día en que Ángel presentó la novela, escucho a Tom Waits en homenaje a “Colapsos” y me bebo un buen ribera a la salud de AV, de la literatura pucelana y de la editorial Difácil que, tras diez años de lucha solitaria, va recogiendo frutos, ante el estupor y la admiración de todos aquellos que en su día desconfiaron (y ningunearon) la aventura. Vallecillo aterrizó en Difácil allá por el año 2002 con una novela esplendorosa (“La sombra de una sombra”), ambientada en un pequeño pueblo de Castilla, en la que la tradicional novela rural se transformaba en una sorprendente novela negra protagonizada por el comisario Arias. Tres años después, en la misma Difácil, publicó “Colapsos”. Por el medio (antes, durante y después), AV hizo de todo. Siguió trabajando con un pie en Tenerife y otro en Valladolid mientras velaba armas literarias haciendo de todo en el campo de la escritura (redacción de catálogos de armas, negro literario, guionista de series documentales, colaborador en la radio o escritor de reportajes para revistas de viajes). Por ello siempre imagino a Ángel buceando de noche por las aguas del Atlántico o viajando solo a través de la América profunda escribiendo algún reportaje o, tal vez, encerrado en Tokio, asaeteado por los neones y pateándose la ciudad con 10 dólares en el bolsillo. Todas esas historias las contaba mientras bebíamos en la noche acerada de Pucela una cerveza en el Cafetín y me hablaba por primera vez de “Colapsos”. En la novela, AV narra los sucesos previos y posteriores a un colapso económico mundial originado por un escurridizo visionario llamado Malcolm la Sal (colapso que, en una de esas casualidades que tanto le gustarían a Paul Auster, tiene lugar el 18 de junio, el mismo día en que los teletipos vomitaron la noticia del premio concedido a la novela). En fin, parece que algo empieza a cambiar en Valladolid. Y Vallecillo, que sabe que la clave del arte y de la belleza no existe y que todo depende de una simple emoción, es el dueño de las llaves del colapso nuestro de cada día. Al tiempo.<o:p></o:p></SPAN></p>
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