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Fecha: mayo, 2014
1978. El año en que Epaña cambió de piel de Vicente Torres y Rafael Marí.
Xoel Prado - Antúnez 27-05-2014 | 11:18 | 0

Vicente Torres y Rafa Marí, han publicado el libro 1978, el año en que España mudó su piel, en Araña Editorial, 192 páginas.  

Imagen tomada de internet

 

Un libro de conversaciones, y también de ecos, donde el inicio de la conversación es 1978, ese año mágico, donde la aprobación de la constiución hace aparecer a España como un país con aptitudes para convertirse en un estado moderno. Por eso han elegido este año como el fronterizo, como si en este año las palabras de Ortega de europización modernidad fuesen las que promovieran el inicio de ese mudar la piel. Conversción distendida, casi de cafe y puro, donde se desenreda ese hilo de Ariadna de la convivencia social en España desde el recuerdo y la anécdota personal, sin ovidar que es el análisis razonado lo que importa a la hora de construir la conversación.

La conversación se inicia en la transición,  un lugar para trata temas terribles, como el del exilio. La lejanía, pero no una lejanía alehada, sino una lejania esperanzada, donde se veía a España como un lugar de retorno, porque los sucesos debían cambiar. A cotinuación pasearéis vuestra mirada por una docena de temas que calzan la vida social en este país, España, que tiene nombre, pero que siempe se le apoda, como si así se le podase.

Doce temas que marcan el deambular con rumbo de aquella España de transición a gobernabilidad.  De los temas sociales (religiosidad, homosexualidad, adulterio y amancebamiento, lenguaje sexista)  a los artísticos y culturales (periodismo, galerías de arte y Museos, Dalí/ Picasso, influencia del mayo francés) y ya a los claramente políticos (las autonomías, el nacionalismo, los pactos de la Moncloa y la Constitución).

Temas acerca de los cuales todos tenemos una opinión, que podemos ir compartiendo con los autores, como si fuéramos uno más de esos amigos que se van intercalando en la conversación en cada uno de lo temas. Y este es el modo vivencial de leer el libro como si fueras uno más de esos ecos de conversaciónn que se intercalan en el libro, en cada párrafo. Por supuesto, que en cada uno de los temas surgen diversas opiniones y a veces, polémicas, como esa de que “el federalismo no arreglará nada sustancial”. Podemos seguir extrayendo frases de las fases de esa conversación pero casi que os encomendamos su lectura, y que seáis vosotros, los lectores, los que vayáis descubriendo las opiniones aquí vertidas, y que recortéis als vuestras para introducirlas en este libro necesario. 

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Mensajes de texto y otros mensajes de Ape Rotoma
Xoel Prado - Antúnez 18-05-2014 | 1:30 | 0

Han tenido que transcurrir una docena de años para poder volver a abrir un nuevo poemario de Ape Rotoma entre las manos. “Mensajes de texto y otros mensajes”, publicado por la editorial Renacimiento de Sevilla, en 104 páginas.
Mi primera reacción es de alegría y satisfacción, creo que Ape se merece tener abierta la posibilidad a publicar siempre, porque sus libros rezuman literatura hasta los posos y son vitales pero sin caer en la moralidad.
Una poesía que se pretende del vivir sin extraer consecuencias, porque, de hacerlo, tampoco iba a ayudar a variar la mismísima vivencia. Y si extraer consecuencias es lo que apura la existencia del mal (y del bien, presumo), estos dos se diluyen hasta desaparecer. Esto ya se apercibía contumaz en su primer poemario, publicado por Telira, 149 PCE, en cada verso.
Doce años separan Mensajes de Texto y 149 PCE, ¿qué hay de nuevo en el novedoso libro publicado? En 149 PCE encontrábamos unos poemas repletos de surrealidad y sexualidad, escritos con la sencillez de la despreocupación de quien no pretende halagar los oídos de quien escucha y se sonroja y apura para que se apure la lectura. Una surrealidad y una sexualidad que pretendía allegarse hasta la exquisitez de la ironía y el sarcasmo ante la vida misma y la de los otros.
Se expresaba tal exquisitez irónica en aquella bucólica y vucálica pretensión de que todos los leyentes y no leyentes se fuesen a tomar por el culo. Cáustica expresión que aspiraba a ser como una pedrada en la frente de acero de una sociedad que conspiraba para quemar los recuerdos que debería formar un corazón de benefactora alegría y conseguía conformar una hoguera de sarcástica luna, que nos conformaba como vitales amoralistas capaces de hallar la sonrisa irónica en el último verso.
Versos crudos aquellos, que desnudaban al lector y le cortaban con su filo irónico, según escribió Heredero, o versos hipnóticos que se deglutían antropofágicamente, o viceversa, escribió Brais de Besteire.
¿Persiste todo esto tras doce años de silencio? ¿Se puede leer de nuevo a este Ape Rotoma de149 PCE en Mensajes de texto y otros mensajes? No y sí. Vayamos por partes.
Menos surrealismo, cierto, el verso de Ape se ha aclarado en su significado a costa del sentido al otro lado del espejo, y menos sexualidad exudando del verso largo, que aunque persiste abriéndose paso, se ha acortado. Se ha acortado, pero sigue siendo igualmente audaz, extremadamente firme, pero para hablar de afectividad y amor. Sí, porque los poemas de Ape Rotoma se han revestido de amor, de compromiso: de amor por una mujer evocada en cada verso, a la que se le dedica un poema de amor que se presenta como no siendo un poema de amor; de compromiso por el mundo que nos rodea, injusto.
A pesar de que el nuevo poemario se abre con un poema del anterior, como si fuera bisagra que une, de aquél sólo persiste, esos dos grandiosos poemas de verso como sogas de ahorcado, dedicados a Don Jaime Gil de Biedma y a Ángel González.
El resto de ellos son versos que se circunscriben a dar cuenta de la circunstancia, como deseaba Ortega y Gasset, incluyendo esa pretensión de salvar esa circunstancia para salvar al yo, porque no otra cosa son estos mensajes de texto que van entre paréntesis de otros mensajes, que son el inconsciente recordando que el diablo siempre va sobre ruedas y puede alcanzarnos.
Un soplo de felicidad en la poesía de Ape Rotoma, porque su verso se ha hecho humano, y, aunque no se abra como un filo, que escribía Fermín Heredero, como en 149 PCE, nos incita aún a la sonrisa irónica, sarcástica y cáustica. Gracias Ape.

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Entrevistas I. Victor Fernández Correas
Xoel Prado - Antúnez 09-05-2014 | 2:01 | 0

 

Victor Fernández Correas es un escritor y un amigo, y ambas cosas las digo con certeza. Como escritor y como amigo, es una persona cercana, abierta y cordial, que se dispone siempre para entresacar información hasta de una cita en un avispero, a tal llega su necesidad de precisión en lo que relata. En cuanto a su biografía, por conocerlo aún más en datos, él mismo nos lo cuenta: que nació en Saint Denis (Francia) en 1974. Hijo de la emigración, aunque reside en Getafe (Madrid), se siente extremeño por los cuatro costados. Y, más en concreto, Verato. Es periodistas y colabora con distintos medios y consultoras relacionados con las Tecnologías de la Información y el mundo de la pequeña y mediana empresa.Como escritor comenzó su andadura en el mundo de las letras en el año 2000, fecha en la que obtuvo el Primer Premio de Relato Corto de Valverde de la Vera (Cáceres) en su modalidad local. Galardón que repitió al año siguiente, en 2001, con un relato titulado ‘Epílogo Imperial’. También resultó ganador del Primer Certamen de Relato Corto Princesa Jariza, deJaraíz de la Vera (Cáceres) en 2001. Siete años después, muy ampliado y desarrollado, ‘Epílogo Imperial’ se convirtió en su primera novela: ‘La conspiración de Yuste’, en la que narra los últimos meses de vida del emperador Carlos V. Más tarde, en 2012, publicó su segunda novela, ‘La tribu maldita‘, en la que recrea la más que posible peripecia de los homínidos cuyos huesos son investigados y analizados cada año por elEquipo Investigador de Atapuerca en la sierra del mismo nombre.

 

 

JMPA:  Hablemos de tu primera novela, La conspiración de Yuste, ¿cómo se gesta en tu mente?

 

VFC: La Conspiración de Yuste surge de un relato corto, ‘Epílogo Imperial’, con el que gané el Primer Certamen de Relato Corto de Valverde de la Vera en 2001. Un mero vehículo con el que rendir un pequeño homenaje a la gran figura del emperador Carlos V, muy presente en la comarca de la que son oriundos mis padres, La Vera de Cáceres, y que con el tiempo convertí en esa novela histórica. Que, asimismo, también es un homenaje a aquella preciosa tierra que invito a todos a conocer con calma.

 

JMPA: Está claro que se puede hacer historia con la literatura, pero, ¿se puede hacer literatura con la historia?

 

VFC: Ambas son posibles. La historia universal, en general, y la española, en particular, está llena de acontecimientos históricos, de sucesos, leyendas, hechos y anécdotas que están esperando a ser contadas, a que alguien las cuente. Están ahí, sólo hay que documentarse, empaparse de esa historia y transformarla en literatura, que es un hermoso vehículo para, precisamente, que los lectores conozcan esa historia; que, de otra manera, seguirían desconociendo.

 

JMPA: Mójate, dinos, qué sintió Carlos V al tener que revivir por segunda vez todos los acontecimientos de la conspiración; o, mejor, qué sentiste tú al revivirlos; o, aún mejor, cómo os encontrasteis ambos dos.

 

VFC: Reencontrarse con Carlos V fue una deliciosa experiencia, que no descarto repetir en un futuro más o menos próximo. Es un personaje fascinante, sin ninguna duda. Y mi propósito no era otro que elucubrar cómo se las vería si en sus últimos de vida su misma existencia se viera amenazada en su dorado retiro por un par de tipos, unos luteranos, que representaban todo aquello contra lo que había luchado gran parte de su vida. Fue una experiencia magnífica no sólo intentar meterte en la mente del emperador, sino también revivir esa última y menos conocida etapa de su vida. A veces me decía: “¿serías capaz de que esos dos tipos ―los dos luteranos huidos de Valladolid― me mataran?”. Nunca supe qué responderle.

 

JMPA: ¿Crees que la conspiración, tu novela, ha ayudado a recordar de otra manera a Carlos V o a Carlos V no hay quien lo remendé?

 

VFC: El emperador es, personalmente, una de las figuras más importantes de la historia de España. Su obra, su época, su manera de entender la vida, sus filias, sus fobias… Es un personaje realmente apasionante te acerques como te acerques a cualquiera de las épocas o momentos de su corta existencia. Puede que el lector que lea o haya leído ya la novela se componga una imagen distinta de él, de cierta intransigencia y de una voluntad férrea de hacer valer sus ideales y creencias. Por eso, humildemente pienso que es difícil hacer cambiar la imagen de una persona por mucho que lo intentes. Con sus luces y sus sombras, Carlos V fue y es lo que es, y así se lo ha reconocido la historia.

 

JMPA: La Conjura sucede en tierras extremeñas, en Yuste y alrededores, ¿cómo intervienen estos paisajes extraordinarios de Yuste y alrededores en la trama conspirativa? ¿Son adorno o un personaje más del desarrollo de la Historia?

 

VFC: El personaje central de la trama, alrededor del que gira toda la trama, es el emperador Carlos V. En torno a él bailan otros personajes de mayor o menor importancia: desde un capitán de los tercios imperiales hasta un soldado raso oriundo de la zona a la que se ha retirado a descansar y morir el propio Carlos V; también hay espacio para un inquisidor general, un fraile con ávidos métodos inquisitoriales… Y hasta una muchachita con aires de Serrana de la Vera. Y por encima de todas las cosas, La Vera de Plasencia, un espectáculo natural en todos los sentidos a ojos de cualquiera, y preciosas ciudades como Valladolid, Medina del Campo o la Brujas del siglo XVI. Todos aportan su granito de arena para conformar una historia con base real y mucha ficción novelesca cuyo único propósito, además de entretener al lector, es contarle qué llevó por la calle de la amargura a Carlos V en sus últimos meses de vida.

 

JMPA: Hay un auge de escritores en España escribiendo sobre Historia, ¿crees que tal auge perjudica al género o esto no es un género?

 

VFC: La novela histórica goza de un gran prestigio en nuestro país. En la actualidad, autores como Jesús Sánchez Adalid, León Arsenal o Ildefonso Falcones, por nombras sólo algunos, logran captar la atención de miles de lectores con tramas que hunden sus raíces en nuestra rica historia, repleta de acontecimientos que sólo están a la espera de ser contados. Por eso no lo veo como una moda sino, tal vez, como un género que es capaz de contar de una manera un tanto desenfada pero sí rigurosa sucesos de la historia de España que así pueden ser conocidos por lectores que, de otra manera, no podrían conocerlos o tener acceso a ellos. ¡Y ojalá se mantenga este interés por mucho tiempo!

 

JMPA: Tu segunda novela tiene paisajes diferentes y personajes bien diferentes, su título, La tribu Maldita, ¿Cómo se te ocurre escribir sobre el Homo heidelbergensis y convertirlo en un referente novelístico?

 

VFC: La idea partió del que por entonces era mi agente literario, que me ofreció recrear una historia basada en los Yacimientos de Atapuerca. Esa era la idea, pero fue toparme con el magnífico yacimiento de la Sima de los Huesos, y el argumento inicial desapareció en beneficio de una novela que contara qué pudo ocurrir con aquel grupo de homínidos cuyos huesos, y nunca mejor dicho, acabaron en el fondo de dicho yacimiento. El resto fue investigar y recrear un argumento que llamara la atención de lector y le permitiera conocer cosas de una época tan distante ―estamos hablado de hace unos 500.000 años― y de un homínido, el Homo heidelbergensis, que en muchos aspectos era muy distinto a nosotros de no ser por ese componente Homo que nos hace a todos ser tan parecidos, por no decir casi iguales.

 

JMPA: La Tribu maldita obliga a una lectura antropológica, porque en la misma hay mucho material de trabajo de campo, ¿cómo afrontaste este trabajo suplementario de campo?

 

VFC: Fue un trabajo duro y apasionante. Duro porque casi toda la documentación reside en tesis doctorales de muchos de los investigadores o miembros del Equipo de Investigación de Atapuerca tanto actuales como pasados, así como publicaciones científicas o específicas y de restringido acceso. Pero también apasionante porque la elaboración de esta novela me permitió contactar y extraer conocimientos de personas de la talla de Eudald Carbonell, uno de los codirectores del Proyecto Atapuerca, y además prologuista de la novela, o Emiliano Aguirre, el considerado padre de dichos yacimientos, entre otros, que me ofrecieron toda su experiencia y consejos para escribir una novela como La tribu maldita. Simplemente por eso todo mereció la pena. Eso, y empaparte de la Sierra de Atapuerca y sus alrededores. Una experiencia que aconsejo encarecidamente a todo aquel que esté pensando en subir a su cima o dar una vuelta por sus alrededores.

 

JMPA: ¿Crees que la Tribu maldita ha servido para complementar los libros que sobre este Homo heidelbergensis se han publicado en el ámbito de las ciencias sociales? ¿Puede considerarse tu novela un libro de ciencias sociales, amén de una novela? Lo digo, si me permites, porque muchos capítulos de la misma pueden considerarse divulgativos de la manera de vivir de este Homo… ¿Estaba en tu intención este carácter divulgativo?

 

VFC: El propósito de esta novela es simplemente entretener. Pero sonrío cuando también alguien me dice que tiene un componente didáctico, porque entonces es cuando pienso que esta novela puede servir para mostrar una época, una forma de vivir, un tipo de homínido que nos antecede en la carrera de la evolución humana. Cuando la escribí sólo pretendía contar una historia, hacer pasar un buen rato al lector. Si después se le atribuyen otros matices o se la ve con ese valor añadido que comentas, mejor que mejor, aunque no era ese su propósito inicial, desde luego.

 

JMPA:El mundo literario actual, ¿un fiasco para el autor? ¿Demasiados autores y poca literatura? ¿El autor es el esclavo poético de un mercado con una mano manca? ¿Los libros no existen más allá de la librería del catalán de cien años de soledad? ¿O empieza cien años de soledad para la literatura española?

 

VFC: Creo que estamos asistiendo a una época maravillosa para la literatura española. Internet ofrece nuevas posibilidades a muchos escritores que no tienen acceso a ninguna editorial para dar a conocer sus obras, y existen ejemplos de obras de mucha calidad que nacieron sin más intención que ser compartidas entre varios lectores, y que al final acabaron en los estantes de las librerías bajo el sello de grandes editoriales o grupos deseosos de sorprender al lector. Por desgracia, ese crisol cultural se enfrenta al muro de siempre, a la escasa conciencia lectora que existe en este país. Por eso siempre repito que leer es importante, pero no por el simple hecho de que un autor u otro pueda ganar más o menos dinero con sus obras y así poder seguir escribiendo; no. Lo es porque leer enriquece, te permite pensar, y eso te convierte en un ser más libre. Un lujo barato, ciertamente.

 

JMPA: ¿Y tú próxima novela se desgrana en folios de sepia color o la veremos publica enseguida?

 

VFC: Mi única pretensión ha sido rendir un doble homenaje: por un lado, reconocer el valor de cientos de miles de personas que tuvieron que abandonar este país en busca de un futuro mejor, entre ellos mis padres; y por otro, sacar a la luz la valía, el esfuerzo y la esperanza de cientos, quizás miles, de anónimos luchadores, que los hubo, y muchos, que se afanaron por devolver la democracia a un país que languidecía en manos de una agónica dictadura. No sé si lo habré logrado o no, pero al menos me siento satisfecho del resultado obtenido.

 

JMPA:¿Qué le has puesto a esta última novela que provoque sorpresa al mundo de los lectores?

 

VFC: Creo que la época y especialmente la perspectiva de su protagonista, que vive la experiencia de una época tan irrepetible para España como la Transición como una emigrante más en Francia. Un punto de vista novedoso que permite describir y relatar esa época de un punto de vista no demasiado habitual.

 

JMPA: La última: desvela el secreto de unas buenas migas para sentirse como un Carlos V al comerlas.

 

VFC: Eso, hacer buenas migas. Aunque era, y sigue siendo, una comida de pastores, se dice que cuando dos personas se juntan para comer este plato es porque hacen buenas amigas, es decir, que mantienen buena amistad. Basta con eso. Bueno, y una pizca de pimentón. Siempre hay que ponerle color a la vida. ¿O no?

 

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Lo que mueve el mundo de Kimen Uribe
Xoel Prado - Antúnez 06-05-2014 | 6:44 | 0

Hay libros que marcan una época y a una generación, y, por ende, a cada individuo de forma parte de esa generación y casi, como quien quiere, de ese mismo libro. Un libro que, aunque no hable expresamente de lo acontecido a esa generación, la marca para siempre por las temáticas familiares y convecinales y casi carnales. Ese libro que a veces es muy conocido en el espectro literario mundial, y otras veces es un libro de amoroso deleite y cálida lectura. Un libro que de tan cercano diríase escrito por uno mismo. Revelo su título para que no estéis en ascuas, que parece esto un exorcismo positivo, si tal cosa fue posible y común.

Se trata de El otro árbol de Guernica, de Luís de Castresana.

Luis de Castresana nació en el barrio de Ugarte y vivió en Barakaldo y casó en una de sus parroquias, la que origina esta populosa ciudad, San Vicente. En su infancia, a Luis le tocó vivir la cruenta guerra civil, junto a sus hermanos y sus padres, que pertenecían a la Unión republicana, igual que su abuelo. En el transcurso de la guerra, cuando se acercaba el cerco a Bilbao y a Barakaldo, los padres de Luis decidieron que tanto él como su hermana embarcasen en la nave que Aguirre, el Lendahakari, había fletado para poner a salvo a los niños de Euzkadi. Luis es uno de estos niños junto con su hermana, que surcan las aguas del cantábricoatlántico en busca de una zona libre de minas  y de bombardeos y de francotiradores, a esa Francia prebélica y a Bélgica. Nos narra Luis transformado en Santi la historia propia de su exilio forzado en ese barco que los dirige lejos, muy lejos de Barakaldo, de sus casas y de sus cosas, de los pasos que él dio en sus calles, hacia esa Bélgica donde se encontrará desarbolado. Esta es la idea central del libro, el hombre es como un árbol que precisa de una tierra donde crecer; y qué triste resulta cuando la tierra es dolor y separación, lejos de Vizcaya. No es de extrañar que Santi busque unas referencias en esa Bélgica donde vive su exilio que le retornen a su Barakaldo natalicio, a su aldea de Ugarte, a su pueblo y a su ciudad, Bilbao. Estos tres elementos serán el orfeón que construyen, la biblioteca, porque Santi quiere ser escritor, que es mejor que Pelotari, y el roble que se encuentra en el colegio de Fleury, que es precisamente el otro árbol de Guernika. De esta manera Santi va sobrellevando su exilio forzoso hasta que retorne a casa con sus padres. A la novela  El otro árbol de Guernika le fue concedido en premio nacional de narrativa en 1967. Sería mucho tiempo después, cuando ocurriría el milagro de encontrar por la calle a Luis de Castresana  y que pudiera hablar con él, en los últimos días de su vida. Por eso es una novela especial para mí, para mi generación, pues nos inculcó ese sentimiento de lejanía de la tierra, del Athletic, ese estar desarbolado. Un sentimiento que supo expresar muy bien no sólo Luis sino también un poeta gallego a su vuelta de Venezuela, Celso Emilio Ferreiro. Preguntado sobre qué le parecía las autonomías y su reconocimiento, en un local de Madrid, cuando ejercía de senador o congresista, se puso melancólico y morriñoso y contestó que Galicia se encontraba donde hubiese un carballo.

Esta digresión claro tiene su origen en un libro Lo que mueve el mundo de Kimen Uribe. Me acerqué a sus páginas porque me encantó Nueva York-Bilbao-Nueva York, y creí que encontraría una historia tan deliciosa y de aprendizaje como en éste. Lo que no supe es que iba a hallar la misma historia que la del otro árbol de guernika con un aderezo postoderno o transmoderno o así, que deshumaniza la historia que pretende relatar. Nada del sentimiento sanguíneo de Luis de Castresana en la novela. Así que, recorrido el primer capítulo, cerré el libro y me dirigí a los anaqueles en los que reposaba El otro árbol de Guernika, miré la dedicatoria y me dispuse a revivir con Santi la necesidad de ser arbóreo, que es eso lo que mueve el mundo y nos mueve por él.

Les invito a que procedan ustedes de igual manera.

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Sobre el autor Xoel Prado - Antúnez
Obscuro como él solo sabe serlo, seductor vespertino y a veces matutino.