El Norte de Castilla
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Antipatía homeopática
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Alfonso Balmori Martínez | 17-05-2018 | 20:01| 0

Artículo publicado en el Norte de Castilla el 17 de mayo de 2018 

En los últimos tiempos los métodos de curación con terapias no convencionales están siendo sometidos a juicio sumarísimo de forma reincidente por parte de algunas personas e incluso de asociaciones profesionales; y quizás la que se lleva la palma de las críticas sea la homeopatía, de la que se ha llegado a decir que se trata de “prácticas pseudocientíficas”, advirtiendo además de que la comunidad científica cuestiona cada vez más los métodos que no tienen evidencia científica ni indicación terapéutica reconocida.

Llama la atención por otra parte que en un país vecino tan avanzado y puntero como Francia, existan miles de profesionales recetando sustancias homeopáticas y que estas funcionen. Un estudio publicado en 2015 en la revista “Family Practice” (factor de impacto: 1,8) explica que más de 120.000 profesionales de la salud franceses (el 43.5%) recetaron al menos un medicamento o preparación homeopática durante un periodo de un año, sobre todo en las especialidades de medicina general, dermatología y pediatría. La homeopatía representó el 5% del total de medicamentos recetados.

Según una encuesta realizada por Ipsos en ese mismo país tres años antes, la homeopatía está creciendo y ganando credibilidad. El 56% de los franceses usa medicamentos homeopáticos, siendo su eficacia y su seguridad las características más apreciadas por los usuarios. La medicina homeopática se identifica como una medicina que respeta el organismo (48% de los encuestados). Los resultados de la encuesta muestran que la valoración obtenida en su efectividad es cercana a la atribuida a los medicamentes convencionales, lo que supone una signo inequívoco de la credibilidad adquirida. Por otra parte el uso de medicamentos homeopáticos va en aumento y experimentó una subida de 17 puntos en 2012 frente a los datos de una encuesta similar realizada en 2004. Esto significa una media de subida de más de dos puntos por año. El 36% de los franceses son usuarios habituales de medicamentos homeopáticos (15 puntos más que en 2004). Por último al 83% de los franceses les gustaría que los profesionales de la salud les ofrecieran medicamentos homeopáticos con mayor frecuencia y el 94% de los encuestados enfatiza la necesidad de integrar la homeopatía en la formación de dichos profesionales.

Por mi parte no he tenido ningún contacto con la homeopatía, al margen de la experiencia de un joven pariente con uveítis que finalmente se curó, desconozco si por el efecto placebo, como proclaman los de la línea más escéptica, pero de lo que no cabe ninguna duda es de que se libró de dos años tomando corticoides, recetados por prescripción médica por una clínica de elevado prestigio, y de paso de sus terribles efectos secundarios. Y el caso de una persona mayor que se ha librado de una operación de rodilla a base de inyecciones cada tres meses de sustancias homeopáticas en la zona dañada.

El argumento de que los medicamentes homeopáticos son como el agua diluida y de que la homeopatía no tienen ningún fundamento científico se desmonta fácilmente. Si este fuera el caso resulta muy sorprendente que Elsevier, una de las editoriales de revistas científicas más prestigiosas del mundo, publique la revista “Homeopathy” dirigida por la Facultad de Homeopatía de Londres, que además está incluida en el ISI (Institute for Scientific Information) con un factor de impacto de 1,16, nivel que por cierto alcanzan muy pocas revistas de medicina españolas.

En fin, que no es difícil darle la vuelta a los argumentos esgrimidos por algunos que pretenden abanderar la ciencia. Me gustaría no pensar que pueda tratarse de un problema de conflictos de interés espurios entre grandes firmas farmacéuticas (posibles luchas de grandes farmacéuticas promedicamentos convencionales contra empresas farmacéuticas alternativas más modestas y en auge, como las que producen medicamentes homeopáticos).

Por otra parte conozco personalmente a un médico acupuntor cuya consulta está siempre llena: la gente no se chupa el dedo, y acude a lo que funciona. No hacen falta paternalismos innecesarios y tampoco es posible poner puertas al campo.

Eliminar las terapias alternativas y defender que la medicina convencional es la única válida y rigurosa es sectario y refleja un corporativismo trasnochado y mal entendido (existen millones de profesionales de la salud que compatibilizan tratamientos convencionales y alternativos). Se trata de sumar y no de restar y de que los distintos acercamientos serios al problema sanitario sean bienvenidos, y eso los franceses, que en bastantes cuestiones son más avanzados que nosotros, lo saben bien.

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La desafortunada gestión de la pertinaz sequía
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Alfonso Balmori Martínez | 04-10-2017 | 10:53| 0

 

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 4 de octubre de 2017

Hace 25 años, buscando un antiguo lavajo en la comarca de Alaejos, coincidí con un paisano ya mayor que me señaló un perdido con algunas junqueras sedientas entre cultivos, explicándome que cuarenta años atrás era bastante profundo y que, por la abundancia de patos, acudían cazadores desde Madrid. Lo tremendo fue que, asomado a un pozo que habían abierto allí mismo, pude comprobar que yacía seco a ocho metros por debajo del suelo. Resultó una lección muy instructiva sobre el sigiloso descenso del nivel freático y el agotamiento de los acuíferos. Poco después llegaron a esa zona –no precisamente para arreglar el problema- los pivots y la transformación en regadíos de antiguos secanos… y algunos años después se secó el Trabancos.

 

Retrocediendo algo más en el tiempo hasta 1985, en el marco del primer censo invernal de aves acuáticas y limícolas, junto a varios entusiastas del Grupo Ornitológico Nycticorax (uno de los grupos pioneros en el estudio de la naturaleza vallisoletana), visitamos nada menos que 100 lavajos, bodones, lagunas y charcas, principalmente en el suroeste de la provincia de Valladolid, magnífico exponente de la profusa existencia de humedales durante aquellos inviernos tan fríos y lluviosos.

 

Regresando al presente consultamos el mapa de seguimiento de la sequía del MAPAMA (Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente) que lo indica claramente: el cuadrante noroeste de la península se encuentra en estado de emergencia.

 

Resulta proverbial la problemática de los acuíferos y la desaparición progresiva de los afluentes del Duero por su margen izquierda (Trabancos, Zapardiel, Guareña), alguno de los cuales se han convertido ya en ramblas que prácticamente solo llevan agua cuando actúan como desaguaderos en situaciones de tormenta. Este importante descenso de caudales y del nivel freático ha sido provocado fundamentalmente por las extracciones de agua para regadíos. Por este motivo, si no se pone remedio, terminarán agotándose también el Cega, el Adaja y el Eresma. Precisamente el primero de ellos ya ha sufrido dos episodios críticos en verano, secándose amplios tramos por las extracciones realizadas a pesar del escaso caudal circulante. Esta realidad viene provocada por la permisividad y el abuso de los recursos hídricos.

 

Desde hace decenios las sucesivas políticas agrícolas han favorecido el aumento de superficie de regadío, sin entrar a valorar el factor limitante en los ecosistemas mediterráneos, que es precisamente el agua. Cabe preguntarse por qué no se han promovido de la misma manera los cultivos de secano como las leguminosas (veza, altramuz, yeros…), de las que tenemos buenos ejemplos de calidad y rentabilidad en el garbanzo de Fuentesaúco y la lenteja de la Armuña, ambos con indicación geográfica protegida.

 

La pertinaz sequía, expresión acuñada durante el franquismo que impulsó la política de construcción de las grandes presas de esa época, me ha recordado un artículo muy bien documentado, firmado por Lucía Villa y publicado el 12 de septiembre en el diario Público, que muestra que España ha estado en situación de sequía el 54% del tiempo desde hace 36 años. Como indican varias organizaciones de defensa de la naturaleza, «Los planes hidrológicos deberían estimar los recursos previsibles y su evolución en el tiempo y en base a esos cálculos habría que adoptar las demandas, previendo que el uso de los recursos en periodos de pluviometría media o alta deje margen para asegurar reservas suficientes en periodos de sequía». Por su parte Julia Martinez, de la Fundación por una Nueva Cultura del Agua (FNCA), explica que «Las sequías son un componente normal de climas mediterráneos y no cabe gestionarlas como algo excepcional y que no está previsto».

 

La moraleja de la célebre fábula de La Fontaine “La cigarra y la hormiga” ha instruido sucesivamente a varias generaciones de niños en la evitación del derroche y el ahorro durante las épocas de bonanza para afrontar las incertidumbres del futuro. Sería cuestión de valorar si los organismos de cuenca comprendieron bien la alegoría.

 

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Tráfico y contaminación
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Alfonso Balmori Martínez | 01-08-2017 | 20:46| 0

Artículo publicado en El NORTE DE CASTILLA el 1 de agosto de 2017

 

Alfonso Balmori, Biólogo

 

Aunque una proporción nada desdeñable de los potenciales lectores de este artículo todavía no había nacido, hace 35 años se libró una batalla especialmente virulenta, de la que sin ninguna duda quedará constancia escrita en la hemeroteca de este diario. A principios de los años 80, siendo alcalde de Valladolid Tomás Rodriguez Bolaños, en una decisión rodeada de gran polémica, se cerró definitivamente al tráfico la calle Santiago. Después vendrían a sumarse otras arterias peatonalizadas de la ciudad, como Platerías, Teresa Gil o Mantería, con mucha menor respuesta social; calles que, como el tiempo ha demostrado, no han perdido para nada su carácter comercial, de paseo fluido y agradable, a las que se ha unido hace pocos días la Calle Regalado.

Nadie en su sano juicio se plantearía ahora, en esas zonas de la capital, el regreso al tráfico y el ruido de aquellos años, porque sus ventajas para la ciudad y sus habitantes han quedado sobradamente demostradas en el transcurso de los años. Los ciudadanos son los auténticos beneficiarios de aquellas difíciles decisiones, y son también los sufridores de la atmósfera contaminada que soportan todavía calles céntricas y estrechas, como la demasiado concurrida “López Gómez”.

Y es que para avanzar hace falta valentía, porque es bien sabido que lo fácil es quedarnos donde estamos. Los avances suelen ser costosos, se consiguen con decisiones valientes y enfrentamiento con intereses creados, y sus ventajas no son percibidas inmediatamente. Para gobernar bien es necesario arriesgar, enfrentarse con viejos hábitos o intereses sectoriales, que nunca deberían ponerse por delante de las mejoras para el conjunto de los vallisoletanos.

Aunque las cosas siempre son susceptibles de mejora, es notorio el giro positivo  de la actitud y talante democrático del nuevo equipo en el ayuntamiento, su apuesta decidida ―tan anquilosada en la época anterior― de nuevos carriles bici de conexión y calzadas de uso compartido con limitación a 30 Km/h. Lo fácil es poner el cartel el día de la bici a la entrada de la ciudad sin controlar ni restringir sus accesos, lo difícil es arrostrar decisiones que enfrentan con viejos y poderosos gremios que defienden sus intereses, legítimos sin duda, pero que en ocasiones chocan con mejoras evidentes para el bien común de todos los ciudadanos, e incluso inadvertidamente con los propios intereses comerciales a largo plazo.

El cierre de hace unos días de las calles céntricas por el episodio de contaminación fue rápido y eficiente. El cinturón de calles amplias para rodear el centro facilitó la descongestión de la ciudad y minimizó las molestias a los conductores. Pero el efecto más importante de esta medida no fue visible, y es su función educativa: el decirnos a todos que cada uno de nosotros somos responsables de un estado paradójico y contradictorio que afecta a nuestra propia salud, y que todos podemos cambiar esa situación, sencillamente cambiando de hábitos.

A partir de entonces Valladolid está más cerca de Europa, de esas ciudades llenas de bicicletas, acogedoras y habitables, en las que viven personas con los pulmones más sanos. La suspensión del tráfico en el centro de la ciudad por el episodio de contaminación ha sido una decisión pionera, valiente y acertada.

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Hiperactividad infantil
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Alfonso Balmori Martínez | 08-05-2017 | 06:20| 0

Hiperactividad infantil

Alfonso Balmori, Biólogo

La utilización de teléfonos móviles durante el embarazo puede tener graves consecuencias en el comportamiento de los niños. Ese es el mensaje que puede inferirse del nuevo estudio recientemente publicado: «Maternal cell phone use during pregnancy and child behavioral problems in five birth cohorts». Si existe un efecto de la exposición humana a las radiofrecuencias, parece razonable que los fetos y los niños sean más vulnerables, por encontrarse en una edad crítica de su desarrollo neurológico y orgánico. La Organización Mundial de la Salud ha enfatizado la necesidad de investigar en profundidad los posibles efectos de las radiaciones de radiofrecuencia en niños y por esa razón son tan importantes este tipo de trabajos.
El estudio ha sido publicado en «Environment International» (Impact factor: 5.929) y tuvo como objetivo evaluar esa posibilidad en un análisis realizado recopilando información nada menos que de 83.884 parejas madre-hijo, en cohortes de cinco países: Dinamarca, Corea, Países Bajos, Noruega y España, basándose en la frecuencia de llamadas realizadas por la madre con el teléfono móvil durante el embarazo y estudiando los problemas de comportamiento posterior de los niños de 5 a 7 años de edad.
El 38,8% de las madres no utilizaron el teléfono móvil durante el periodo de gestación y esas madres tuvieron menos probabilidad de tener un niño con problemas de comportamiento general, con hiperactividad/déficit de atención o con problemas emocionales. Además, se constató una tendencia en el aumento del riesgo de problemas de conducta infantil con el uso materno del teléfono móvil. Esta asociación fue bastante coherente entre las diferentes cohortes estudiadas. La conclusión de dicho estudio es que el uso del teléfono móvil por parte de la madre durante el embarazo, puede estar asociado con un mayor riesgo de problemas de comportamiento y de hiperactividad/déficit de atención (conocido como TDAH en España), en la descendencia.
En los resultados de dicho trabajo se resalta de manera preocupante el hecho de que, en la cohorte de madres españolas, la prevalencia de la hiperactividad/déficit de atención fue particularmente alta, y que anteriores estudios que lo han evaluado han mostrado resultados similares. De hecho, en España, el Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es uno de los problemas psiquiátricos más frecuentes en la infancia y es la causa más común de que un niño acuda a la consulta del especialista, convirtiéndose en el tercer problema de salud con mayor prevalencia entre la población infantil (entre el 5% y el 6%), por detrás de las alergias crónicas y el asma.
Estudios anteriores ya habían informado de la asociación entre el uso de teléfonos móviles por parte de las madres gestantes con posteriores problemas de comportamiento del niño. Precisamente dos de los autores del nuevo estudio: los daneses Jørn Olsen y Leeka Kheifets, ya publicaron en mayo de 2008, en la influyente revista “Epidemiology”, el artículo: «Prenatal and Postnatal Exposure to Cell Phone Use and Behavioral Problems in Children». En aquella ocasión estudiaron 13,159 parejas de madres e hijos daneses, con resultados muy similares a los del estudio que acaba de publicarse.
Sin embargo, no parece que se haya producido un adelanto desde entonces en cuanto a la prevención o advertencia sobre el uso del móvil por las madres gestantes en España (En Francia y Chipre sí se ha hecho). Por eso nos preguntamos: ¿Quien va a advertir a las madres de los resultados de este nuevo estudio?
Por otra parte, puede ser oportuno recordar que Elisabeth Cardis, una de las autoras de este nuevo trabajo, coordinó el estudio Interphone que se dio a conocer en 2008 y fue promovido por la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (perteneciente a la OMS), cuya conclusión principal fue que el uso del teléfono móvil puede provocar a largo plazo el desarrollo de varios tipos de cáncer.
Muy recientemente (abril de 2017) la prestigiosa revista «The Lancet Oncology» publicaba un trabajo con información procedente de 153 registros oficiales de 62 países, financiado por la Agencia Internacional de investigación del Cáncer y la Unión Internacional para el Control del Cáncer. De sus resultados puede concluirse que la incidencia del cáncer infantil ha aumentado un 13% en dos décadas, lo que a todas luces aparece como una siniestra coincidencia temporal con el desarrollo de la telefonía móvil, ya que actualmente el 25% de los menores de 10 años, el 50% de los niños de 11 años y el 67% de menores tiene móvil.
No es descabellado pensar que parte de la responsabilidad de lo que está ocurriendo en nuestro país pueda achacarse a informes, como el recientemente difundido a bombo y platillo por el autodenominado CCARS (Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud), que incluso en al ambiente general descrito en este artículo, de preocupación generalizada e incertidumbre científica, ha salido recientemente a la palestra envuelto en una aura de conflicto de intereses, explicando que aquí no pasa nada y que todo está controlado. Desconocemos si este falso, irresponsable y peligroso mensaje habrá calado, aunque irónicamente casi ha coincidido en el tiempo con el reconocimiento en primera instancia de un tribunal italiano de una pensión vitalicia para un trabajador de “Telecom Italia” por el tumor provocado tras el uso durante 15 años del teléfono móvil. Una segunda sentencia de un tribunal de Florencia puede abrir las compuertas de una avalancha de casos en los tribunales de justicia de todo el mundo.
Probablemente los niños son los principales perjudicados de una sociedad dirigida por adultos, donde parecen primar intereses económicos que relegan a un segundo plano bienes sociales de la máxima prioridad e importancia, como el de la salud de los más indefensos.

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Arrogancia tecnológica
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Alfonso Balmori Martínez | 12-12-2016 | 07:41| 0

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 12/12/2016

La selección natural es el mecanismo básico de la evolución. La acumulación paulatina de cambios genéticos ―surgidos en muchas ocasiones al azar― sobre las sucesivas generaciones, conduce a que las poblaciones mejor adaptadas de una especie desplacen gradualmente a las menos aptas. Los individuos más preparados tienen mayor probabilidad de sobrevivir hasta la edad reproductora y de dejar descendientes en las siguientes generaciones. De esta forma, su particular sello ventajoso queda grabado en la historia evolutiva de la especie.

De manera análoga, la cultura y el arte están sujetos a procesos selectivos incesantes, realizados de manera imperceptible pero continua. Lo mejor, o lo más importante para nuestra especie (avances del conocimiento, cultura, calidad de vida, arte, ocio, disfrute…), se transmite a lo largo de la historia, de generación en generación.

Ambos procesos evolutivos conducen a un resultado muy elaborado, en el que el tamiz del tiempo goza de un protagonismo destacado: se seleccionan y sobreviven los más aptos en la naturaleza y los más valiosos, de más calidad o más gratificantes en el campo de la ciencia, la cultura y las artes (música, literatura, pintura…).

En el marco del moderno aumento exponencial de libros y de música de consumo rápido, propagados incluso como “virales”, es previsible que una buena proporción no soportará el filtro del tiempo. Es lo que sucede también con ciertas mutaciones espontáneas que pueden acabar en vía muerta, seleccionadas negativamente y eliminadas del acervo genético, al carecer de aportaciones ventajosas desde el punto de vista adaptativo. La similitud del proceso selectivo no acaba ahí, ya que en ambos casos se producen catástrofes como la extinción de especies, guerras que destruyen el patrimonio cultural…

Se trata, por tanto, de procesos paralelos que muestran ciertas semejanzas. Sin embargo, la evolución natural y la cultural funcionan a diferentes escalas temporales. La primera es un proceso lento, que requiere generalmente miles o millones de años, mientras que la evolución cultural se produce a lo largo de decenios o siglos (pensemos, por ejemplo, en los estilos artísticos y musicales: barroco, clasicismo, romanticismo, impresionismo…).

Pero las cosas están cambiando: los medios tecnológicos humanos están forzando y acelerando involuntariamente esa lentitud propia de la evolución natural. Como explica Juan Moreno, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales, en el último número de “Evolución”, en los últimos tiempos está teniendo lugar uno de los procesos más inquietantes para la salud pública y la alimentación, sobre el que casi nadie habla a pesar de su crucial importancia económica y social. Se trata de la rápida evolución por selección natural que han experimentado numerosos organismos patógenos y competidores de la especie humana.

El desarrollo de medios tecnológicos para combatir microorganismos, plantas o animales indeseados (seres vivos causantes de enfermedades o plagas), está provocando una respuesta evolutiva rapidísima de esos seres tan aborrecibles para nosotros, sobreviviendo y propagándose por selección natural sus cepas o variantes más resistentes. De esta manera, como nos recuerda Juan Moreno, la arrogancia tecnológica humana, entre cuyas prioridades no figura desgraciadamente la consideración de los mecanismos de funcionamiento de la selección natural, está favoreciendo lo que de forma preferente debería evitar, especialmente cuando tratamos con organismos capaces de producir muchas generaciones en breves periodos de tiempo, poseedores de una elevadísima capacidad de cambio y por tanto de adaptación a nuevas condiciones ambientales, por muy hostiles que se presenten.

Entre los problemas derivados de esta situación, figura en lugar destacado la gravísima encrucijada que atraviesa la medicina actual, que afronta una resistencia generalizada a los antibióticos, de los que se ha abusado durante tantos años y no solo en el ámbito sanitario, sino también en el ganadero; un dilema especialmente espinoso en los hospitales. Otro ejemplo de la misma situación son las células tumorales resistentes a quimioterapia o los protozoos transmisores de graves enfermedades, como la malaria, resistentes a los fármacos utilizados en su lucha. Mientras parecen regresar a los países occidentales enfermedades que se consideraban casi descatalogadas…

Cambiando de escenario, pero no de proceso, nos encontramos con la selección imparable de plantas perjudiciales para los cultivos, resistentes a sucesivas generaciones de herbicidas agrícolas. Animales de vida corta de las ciudades, como las ratas, a las que parecen engordar los raticidas tradicionales, como conocen bien los vendedores de esos productos.

Nuestra sociedad, posiblemente está más preparada para comprender lo valioso de la cultura y lo definitivo de su pérdida que la extinción de una especie o la selección de variantes adaptadas a situaciones extremas, que hacen peligrar nuestra capacidad de respuesta: esa carrera de armas de destrucción masiva que imprudentemente utilizamos contra ellas. Sin embargo, en ambos casos, existe una irreversibilidad del proceso, una desaparición de valores, una gran pérdida para las generaciones venideras y, en definitiva, el fracaso del hombre con lo que ello conlleva: un futuro cada vez más incierto, de apariencia incontrolable, guiado de su mano.

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Avispones y abejas
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Alfonso Balmori Martínez | 04-04-2016 | 07:05| 0

Artículo publicado en el Norte de Castilla el día 4 de abril de 2016

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturalezas define  a las especies invasoras como los animales, plantas u otros organismos introducidos por el hombre fuera de su área de distribución natural, donde se establecen y se dispersan provocando un impacto negativo en los ecosistemas y en las especies locales. Sus efectos son insidiosos, suelen ser irreversibles y causan graves problemas, tanto ecológicos como económicos y sanitarios.

La introducción de especies fuera de su área de distribución representa la segunda causa de pérdida de biodiversidad (después de la destrucción de los hábitats), por sustitución de la fauna y flora nativas a través de la competición, depredación o parasitismo y puede llegar a modificar la dinámica de funcionamiento de los ecosistemas.

La avispa o avispón asiático (Vespa velutina) es un himenóptero invasor que fue detectado por primera vez en Francia en 2004, introducido de forma accidental desde China, posiblemente a través del comercio internacional de plantas ornamentales y hortofrutícolas.  Su rápida expansión representa la primera invasión exitosa de un véspido exótico en Europa.

Los primeros avistamientos en la Península Ibérica tuvieron lugar el año 2010 en Navarra y Guipúzcoa, seguidos cronológicamente por la detección en el norte de Portugal en 2011; Lugo, Vizcaya, Álava y el norte de Cataluña en 2012; Pontevedra en 2013; Cantabria, Asturias y la Rioja en 2014.

En Castilla y León las citas más tempranas tuvieron lugar en 2011 en el Valle de Mena (Burgos) y desde entonces se ha extendido por todo el área burgalesa cercana a las Comunidades de Cantabria, país Vasco y La Rioja. Pese a haberse difundido noticias poco contrastadas al respecto, hasta el momento no existe presencia constatada en otras provincias castellanas.

Este insecto invasor se ha hecho rápidamente popular por el gran tamaño de sus nidos y especialmente por su tendencia a alimentarse de las abejas en la cercanía de las colmenas. Se trata de un predador generalista que consume abejas, avispas, dípteros y una amplia variedad de insectos y arácnidos. A diferencia de lo que ocurre con otras especies invasoras, con bajo impacto sobre las actividades socioeconómicas pese a su grave afección a la biodiversidad, la llegada de esta avispa trae consigo una alarma generalizada procedente del sector apícola, que es el que padece sus efectos más directamente.

Las abejas representan más del 70% de sus presas en áreas urbanizadas (con una limitada diversidad de entomofauna), mientras que en el campo, donde Vespa velutina tiene a su alcance otras muchas especies presa disponibles, el aprovechamiento de las abejas como presa desciende aproximadamente hasta un 30% de su dieta, lo que constituye otro ejemplo más de la importancia de conservar la biodiversidad, como eficaz amortiguador de los perniciosos efectos de las especies invasoras sobre los ecosistemas y sobre las actividades socioeconómicas.

Aunque a priori desconocemos su capacidad adaptativa en los países mediterráneos, la expansión de la avispa asiática incluye fundamentalmente la cornisa cantábrica y provincias limítrofes. Su constreñimiento climático respecto a los óptimos de precipitación y temperatura parece predecir un bajo riesgo de ocupación de buena parte de la Península.

En las áreas en las que Vespa velutina está presente, la captura con trampas de las fundadoras en primavera no es lo suficientemente eficaz para reducir significativamente sus niveles poblacionales, ya que su capacidad de reproducción y de dispersión son demasiado importantes para evitar una recolonización del medio al año siguiente: su erradicación ya no es posible y debe trabajarse en la reducción del impacto sobre las abejas.

Es importante evitar la alarma social, para prevenir que especies autóctonas difícilmente identificables por aficionados, como el avispón europeo (Vespa crabro), sean confundidas con ella y perseguidas, destruyendo sus nidos. La catástrofe anunciada por algunos medios alarmistas, en caso de producirse la (muy improbable) desaparición de las abejas como polinizadoras de frutales y cultivos, no es del todo correcta, ya que existen otras muchas especies de polinizadores en el campo. La península ibérica mantiene más de 2000 especies silvestres, discretas y desconocidas, que actúan como polinizadores (miembros de los grupos: himenópteros, dípteros, lepidópteros y coleópteros), a los que resulta crucial conservar manteniendo la buena salud de los ecosistemas.

El problema provocado por las especies invasoras no se atajará mientras no se adopten medidas mucho más estrictas de control del transporte internacional y del comercio y venta de especies foráneas. La generalización del uso de las tortugas como mascotas condujo a la comercialización de diversas especies, entre ellas el galápago de Florida (Trachemys scripta) que, tras la liberación realizada por particulares y su posterior colonización de humedales y ríos, está considerada actualmente como uno de las cien especies invasoras más dañinas en el mundo.

Otro ejemplo es el del visón americano, que ha invadido buena parte de Europa tras la proliferación de poblaciones en estado silvestre, principalmente a partir de los sabotajes realizados en las granjas peleteras por parte de grupos autodenominados de “liberación animal”. En los últimos años se ha evidenciado la imposibilidad de su erradicación y los graves efectos que ocasiona sobre el amenazado desmán (recientemente redescubierto en el Sistema Central), los musgaños, la rata topera y sobre su hermano gemelo, el visón europeo. El problema se ha generalizado hasta el punto de que una de cada tres especies de peces presentes en los ríos de Castilla y León son exóticos.

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¿Microcefalia por el virus Zika?
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Alfonso Balmori Martínez | 22-02-2016 | 07:25| 0

 

Artículo publicado en “El Norte de Castilla” el 22 de febrero de 2016

 

Mientras los ríos de la meseta amenazan con inundar las vegas que siempre fueron suyas, arrebatadas en algún caso por proyectos institucionales manifiestamente ilegales, una nueva crisis sanitaria trae hasta nosotros el recuerdo de la gripe aviar (2005), la gripe A (2009), el temido ébola (2014) e incluso de las diez plagas de Egipto (aprox. 1500 a. C.).

El virus del zika se identificó por primera vez en los bosques de Zika, Uganda, en 1947 en un mono Rhesus, cuando se estudiaba la transmisión de la fiebre amarilla en la selva. Análisis serológicos confirmaron la infección en seres humanos en Uganda y Tanzania en 1952, pero hasta 1968 no se logró aislar el virus con muestras provenientes de personas en Nigeria. Desde febrero del 2014, nueve países de América han ido confirmando la presencia del virus zika en su territorio: México, Guatemala, El Salvador, Colombia, Brasil, Surinam, Venezuela, Paraguay y Chile.

La enfermedad provocada por este virus ha sido considerada tradicionalmente relativamente benigna y nunca antes se había asociado con problemas en los fetos. No existen datos anteriores en ningún lugar del mundo ni en la literatura científica sobre la relación del virus zika con cualquier tipo de malformación congénita, incluso en zonas donde infecta al 75% de la población.

Sin embargo, en diciembre de 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitió una alerta epidemiológica contra el virus zika por su posible relación con la microcefalia en recién nacidos y otras enfermedades congénitas, y el 1 de febrero de 2016 declaró al virus zika como una emergencia sanitaria global.

Algunas asociaciones de médicos argentinos y brasileños, que parecen mantener la conveniente  ‒quizás indispensable en los tiempos que corren‒ independencia respecto al discurso oficial, advierten de la tenue sospecha de que el insecticida utilizado para controlar el mosquito vector de la enfermedad puede ser el causante de los casos de microcefalia achacados al virus. En este caso la “cura” podría ser realmente “el veneno”, y esto es lo que plantea Claire Robinson en un reciente artículo en The Ecologist.

El Piriproxifen que, según el vademécum fitosanitario, tiene el engorroso nombre químico: (4-fenoxifenil) (RS)-2-(2-piridiloxi) propil éter), es un derivado de la piridina con actividad insecticida por contacto e ingestión; se comporta como una hormona juvenil, actuando sobre el crecimiento de los insectos y se ha utilizado en Brasil desde 2014 para detener el desarrollo de las larvas de mosquitos vectores del zika en los depósitos de agua potable. Las malformaciones detectadas en miles de niños, hijos de mujeres embarazadas, se han producido en zonas en las que el estado brasileño añadió piriproxifeno al agua potable y esto no parece una coincidencia, a pesar de que el Ministerio Brasileño de Salud culpa de la responsabilidad directa al virus zika.

El indicador más poderoso de que la microcefalia puede tener otra causa totalmente diferente al virus zika fue desvelado por Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, el 6 de febrero de este año en el diario colombiano “El Heraldo”, y su eco fue recogido en The Washington Post. El mandatario informó de que en dicho país no hay ningún caso de microcefalia asociado al zika,  que se han comprobado y registrado 25.646 casos, se han diagnosticado hasta el momento 3.177 mujeres embarazadas con el virus zika, pero que en ningún caso se ha observado microcefalia en el feto. Parece complicado explicar que el mismo virus se comporte de manera tan diferente en dos países tan próximos…

El Piriproxifen es relativamente una nueva introducción en el entorno de Brasil; el aumento de los casos de microcefalia es también un fenómeno relativamente nuevo, por lo que dicho larvicida parece un factor causal plausible de la microcefalia. Y el siguiente paso ya lo conocemos: la fabricación en tiempo record de una nueva vacuna contra el virus que tendrán que comprar los países afectados.

Quizás lo que habría que criticar a la OMS es el diferente rasero con el que trata cada crisis según los intereses que haya en juego. En este caso, casi sin evidencias, lanza una alarma mundial, mientras en otros, en los que existen evidencias abrumadoras, se comporta dilatoriamente. De hecho, a la asturiana María Neira, directora del Departamento de Salud Pública y Medio Ambiente de la OMS, le ha crecido la nariz desde que en Murcia afirmó hace unos meses que no existen evidencias de que haya relación entre radiaciones de telefonía y cáncer; y nos preguntamos cómo es posible hacer estas declaraciones, en nombre y representación de la Organización Mundial de la Salud, cuando la propia Agencia de Investigación del Cáncer perteneciente a dicho organismo clasificó en mayo de 2011 las radiofrecuencias como posible carcinógeno para las personas (grupo 2B) por amplia mayoría de sus miembros, después de ponderar decenas de publicaciones científicas.

La degradación ambiental está siendo un factor crucial en la propagación del zika, el aumento de los mosquitos en las zonas urbanas está causado por la proliferación de residuos y la falta de diversidad natural, que de otro modo mantendría bajo control sus poblaciones. Existen soluciones naturales: investigadores de la Universidad Complutense han planteado recientemente luchar contra el zika favoreciendo a las poblaciones de murciélagos. De esa forma se evitaría el arrastre de verdaderas riadas ‒ como las actuales, pero no de agua, sino de dinero público‒ hacia corporaciones turbias, con graves implicaciones sanitarias y ambientales.

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Demuestra de qué lado estás
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Alfonso Balmori Martínez | 29-12-2015 | 11:57| 2

Demuestra de qué lado estás

Publicado en El Norte de Castilla, el 28/1/2015

 

Desde hace unos meses, las vallas publicitarias exponen una campaña de una conocida ONG, con el contundente lema: «demuestra de qué lado estás», incitándonos a elegir entre una bala algo herrumbrosa, símbolo de la guerra y la destrucción, o a optar sabiamente por un medicamento encapsulado en su reluciente envoltura soluble. La parte inferior del anuncio anima al consabido envío de un mensaje “con la palabra pastilla”, y explica que la inestimable ayuda del viandante solidario asistirá a las víctimas de los conflictos bélicos en las regiones más asoladas del mundo.

Esta campaña nos enfrenta al dilema de tener que elegir entre una de las dos grandes industrias: la armamentista o la farmacéutica, ambas muy bien situadas en el ranking de las más poderosas (las que más dinero mueven) a nivel mundial, como oponiendo lo malo a lo bueno al viejo estilo maniqueo. Vaya por delante el reconocimiento al trabajo de dicha organización pero, como intentaremos explicar, en este caso puede parecer dudosa la oportunidad del cartel publicitario.

Existen numerosos indicios o evidencias de que la industria farmacéutica no es tan buena como parece (también cabe la posibilidad de que la armamentista no sea en todos los casos tan mala). El médico danés Peter Gøtzsche, que tiene más de 70 trabajos publicados en las principales revistas médicas afirma, sin paliativos, que la industria farmacéutica está corrompida hasta la médula y que utiliza a los médicos y a los políticos para mantener sus enormes beneficios, a costa de medicar innecesariamente a la población. Afirma también que el consumo de medicamentos con receta es la tercera causa de muerte, tras las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, y que dicha industria exagera los beneficios y oculta los daños de los medicamentos en la publicación de los ensayos clínicos, inmersa en un profundo conflicto de intereses. Gøtzsche sostiene que el soborno a algunos médicos es bastante común, y que las organizaciones de pacientes y médicos no deberían aceptar el dinero de la industria. El capitalismo y el cuidado de la salud son malos compañeros, ya que pueden producirse manipulaciones y trampas por razones comerciales.

El investigador Richard Smith, médico y exdirector del British Medical Journal, revista científica de gran prestigio, asegura que el cuerpo médico acabará cayendo en desgracia ante la opinión pública, igual que ha pasado con los políticos y los banqueros, por no haber sido capaces de ver hasta qué  punto han aceptado  la corrupción.

Por su parte, el psiquiatra Allen Frances, catedrático emérito de la Universidad de Durham y director de la penúltima edición del prestigioso manual de psiquiatría “DSM IV”, afirma que la industria farmacéutica está causando más muertes que los cárteles de la droga y que la inflación diagnóstica es común en la práctica médica. Pone el ejemplo de que las farmacéuticas están alentando a los médicos para que, tras la muerte de un ser querido, a las personas que pasan por una situación natural de duelo se les diagnostique depresión. Frances afirma que han conseguido que los médicos y los pacientes creamos que las drogas son la única solución a nuestros problemas, y están a la espera de encontrar cualquier nuevo trastorno para convertirlo en moda, como hicieron con el TDAH o con la depresión.

Marino Pérez Álvarez, catedrático de Psicopatología y Técnicas de Intervención de la Universidad de Oviedo, pone en evidencia con sólidos argumentos que el mencionado TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad) está encadenando a miles de niños a ciertos medicamentos, para tratarse de una enfermedad inexistente. Marino Pérez, de la misma opinión que Allen Frances, explica cómo se ha construido artificialmente el diagnóstico del TDAH, sin la menor base biológica documentada y con un aumento de la prevalencia correlacionada temporalmente con la aparición de los fármacos estimulantes (derivados anfetamínicos), con los que suele medicarse a los niños supuestamente enfermos. Advierte además de los efectos adversos de dichos fármacos, administrados a la población infantil de forma indefinida, y opina que las asociaciones de padres afectados no deberían aceptar dinero de la industria.

En esta nueva sociedad, altamente medicalizada, parece como si se hubiera invertido la situación, haciendo que el estado natural y normal de las personas sea el de la enfermedad y no el de la salud. No parece admisible tomar partido por la guerra pero, posiblemente, tampoco sea aceptable tomarlo por la industria farmacéutica que mantiene “cautivo” a un elevado porcentaje de la población, sumida en tratamientos con dinero público o directamente del bolsillo de cada ciudadano (estatinas, antihipertensivos, acenocumarol…).

Todos recordamos aún la alarma de la gripe aviar, que consiguió asustar a muchas personas y obligó a gastar millones de euros a numerosos gobiernos, entre ellos el español, en supuestos medicamentos milagrosos. En este mundo tan complejo y enrevesado muchas veces resulta difícil saber de qué lado estamos cada uno de nosotros, pero es especialmente importante no olvidar, al  menos, el lado en el que deberíamos estar: el del respeto, la tolerancia, la justicia y especialmente en el de la verdad.

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La Iglesia se coloca por delante
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Alfonso Balmori Martínez | 25-11-2015 | 13:01| 0

La Iglesia se coloca por delante

Publicado en El Norte de Castilla el 23/11/2015 

Es una opinión bastante unánime que, desde la llegada del papa Francisco, se han producido grandes cambios en el seno de la iglesia, se han afrontado diversos problemas internos que arrastraba la propia institución, y también se ha evidenciado un compromiso decidido para encarar la solución de importantes cuestiones de carácter social, que permanecían enquistadas y han lastrado durante décadas la posibilidad del nacimiento de una sociedad más justa y solidaria.

Pero ha habido un avance muy significativo que ha pasado desapercibido para muchas personas, a pesar de su gran trascendencia. La segunda encíclica de Jorge Mario Bergoglio -el nombre secular del papá Francisco-Laudato si”, sobre el cuidado de la casa común, sienta las bases necesarias para una nueva relación de la especie humana con el planeta y con las demás especies que lo habitan, denuncia las responsabilidades del mundo desarrollado con los países más necesitados y, en definitiva, representa una auténtica revolución medioambiental y social: «…En san Francisco de Asís se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compro­miso con la sociedad y la paz interior».

Alude a la utilización abusiva de los recursos naturales: «Esta hermana clama por el daño que le pro­vocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus pro­pietarios y dominadores, autorizados a expoliarla». Y también a la destrucción de la biodiversidad y los delicados equilibrios naturales: «Que los seres humanos destruyan la diversidad biológica en la creación divina; que los seres humanos degraden la integridad de la tierra y contribuyan al cambio climático, desnudando la tierra de sus bosques naturales o destruyendo sus zonas húmedas; que los seres humanos contaminen las aguas, el suelo, el aire. Todos estos son pecados». «…si ya no hablamos el lenguaje de la fraternidad y de la belleza en nuestra relación con el mundo, nuestras actitudes serán las del dominador, del consumidor o del mero explotador de recursos, incapaz de poner un límite a sus intereses inmediatos».

La encíclica hace un guiño a las numerosas organizaciones sociales de carácter altruista, en algunas ocasiones denostadas por los poderes oficiales y los intereses creados: «Deseo reconocer, alentar y dar las gracias a todos los que, en los más variados sectores de la actividad humana, están trabajando para garantizar la protección de la casa que compartimos. Merecen una gratitud especial quienes luchan con vigor para resolver las consecuencias dramáticas de la degradación ambiental en las vidas de los más pobres del mundo».

Realiza una excelente radiografía de la sociedad moderna: «Las actitudes que obstruyen los caminos de solución, aun entre los creyentes, van de la negación del problema a la indiferencia, la resignación cómoda o la confianza ciega en las soluciones técnicas». «Llama la atención la debilidad de la reacción política internacional. El sometimiento de la política ante la tecnología y las finanzas se muestra en el fracaso de las Cumbres mundiales sobre medio ambiente. Hay demasiados intereses particulares y muy fácilmente el interés económico llega a prevalecer sobre el bien común y a manipular la información para no ver afectados sus proyectos».

Muestra la hipocresía de una sociedad que todo lo engulle como un barniz, pero que realmente no procura aprender de sus errores: «Al mismo tiempo, crece una ecología superficial o aparente que consolida un cierto adormecimiento y una alegre irresponsabilidad. Como suele suceder en épocas de profundas crisis, que requieren decisiones valientes, tenemos la tentación de pensar que lo que está ocurriendo no es cierto. Si miramos la superficie, más allá de algunos signos visibles de contaminación y de degradación, parece que las cosas no fueran tan graves y que el planeta podría persistir por mucho tiempo en las actuales condiciones. Este comportamiento evasivo nos sirve para seguir con nuestros estilos de vida, de producción y de consumo. Es el modo como el ser humano se las arregla para alimentar todos los vicios autodestructivos: intentando no verlos, luchando para no reconocerlos, postergando las decisiones importantes, actuando como si nada ocurriera».

Aproxima la tradición judeocristiana a las religiones orientales, cuyos seguidores han sido tradicionalmente más respetuosos con la naturaleza: «No somos Dios. La tierra nos precede y nos ha sido dada» «…hoy debemos rechazar con fuerza que, del hecho de ser creados a imagen de Dios y del mandato de dominar la tierra, se deduzca un dominio absoluto sobre las demás criaturas». «Esta responsabilidad ante una tierra que es de Dios implica que el ser humano, dotado de inteligencia, respete las leyes de la naturaleza y los delicados equilibrios entre los seres de este mundo…».

La iglesia ha tomado la delantera en su mensaje de compromiso para la conservación del planeta y en la lucha contra la desigualdad mundial. Esta nueva encíclica ha pillado a la sociedad, especialmente a la del primer mundo —adalid del crecimiento ilimitado—, y a numerosos creyentes que consideraban el respeto al medio ambiente como una cuestión menor, con el paso cambiado. Es esperable y deseable algún tipo de reacción que demuestre que la humanidad está lo suficientemente madura y preparada para asumir su valiosa y bien fundamentada exhortación.

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El ecosistema que llevamos dentro
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Alfonso Balmori Martínez | 24-11-2015 | 16:59| 0

El ecosistema que llevamos dentro

Publicado en El Norte de Castilla el 3/2/2014

Aunque no las vemos viven sobre nuestro cuerpo, apiñadas en la piel, las mucosas, el tubo digestivo, el tracto urogenital, la boca, los orificios nasales… Por eso, en realidad, cada uno de nosotros somos una especie de “superorganismo”, un ser plural poseedor de 1014 células microbianas que constituyen el 90% de las células del cuerpo y están íntimamente asociadas a nuestros órganos y tejidos. Esta comunidad microbiana desempeña importantes funciones: produce vitaminas y aminoácidos esenciales, interviene en la utilización de sustancias indispensables, como la glucosa o las grasas, y puede condicionar la vulnerabilidad frente a ciertas enfermedades infecciosas o inflamatorias e incluso a la diabetes, las alergias y el cáncer. No solo modula nuestra salud, también influye en el estado de ánimo y bienestar, ya que libera neurotransmisores (moléculas que intervienen en la sinapsis neuronal) como la serotonina y la acetilcolina que actúan a nivel de las terminaciones nerviosas. Gracias a los proyectos internacionales en marcha, como el “Human Microbiome Project” (HMP), el avance en el conocimiento de los microrganismos asociados al hombre y su relación con la salud está siendo espectacular.

En la cavidad bucal se han descrito varios cientos de especies de bacterias repartidas en diferentes “hábitats” dependiendo de su localización. La comunidad de la saliva de personas sanas está compuesta por varias decenas de especies y, a pesar de su elevada acidez, el estómago también contiene una rica comunidad bacteriana. El tramo más bajo del intestino mantiene la densidad más alta de microorganismos que nos protegen contra daños en el epitelio intestinal y contribuyen al desarrollo de un sistema inmunitario adecuado. 

Como en los ecosistemas visibles que conocemos, para estudiar la comunidad microbiana asociada al ser humano se están aplicando los principios y aproximaciones de la Teoría Ecológica, lo que puede mejorar la prevención y el manejo de la enfermedad. Las comunidades sanas (personas saludables) presentan mayor diversidad, muestran más resistencia a las perturbaciones y su composición tiende a permanecer constante. Los cambios en la higiene, la ingestión de antibióticos, la exposición a químicos y a radiaciones, las alteraciones de la dieta y el estilo de vida producen modificaciones de la comunidad microbiana que pueden volverse contra nosotros mismos. Estos hallazgos ecológicos tienen importantes implicaciones para la microbiología médica y el desarrollo de los tratamientos.

Como proponen los investigadores Courtney Robinson, Brendan Bohannan y Vincent Young de las Universidades de Michigan y Oregón en su trabajo publicado en “Microbiology and Molecular Biology Reviews“, que ha guiado la preparación de este artículo, debe modificarse el paradigma que veía la terapia contra la enfermedad infecciosa basándose en la metáfora de la guerra, en la que los microbios patógenos son considerados un enemigo que necesita ser eliminado para conseguir restablecer la salud. Hasta tiempos recientes, para ganar la guerra a la enfermedad se consideraba necesaria una “escalada armamentística” en forma de antibióticos de mayor eficacia y más amplio espectro de actuación. Sin embargo, como hemos aprendido a lo largo de la historia, esta forma de actuar provoca daños colaterales sobre espectadores inocentes (lo que serían las víctimas civiles de la contienda, siguiendo con la metáfora de la guerra), e incrementa el coste del éxito en el campo de batalla. En términos de la comunidad microbiana, la pérdida de bacterias beneficiosas, el aumento de la resistencia a antibióticos, la aparición de oportunistas e invasores y un aumento de enfermedades alérgicas y autoinmunes serían algunos de estos daños. Todo apunta a que está surgiendo un nuevo paradigma para la prevención y tratamiento de enfermedades provocadas por microbios. La metáfora de la guerra deberá ser paulatinamente reemplazada por nuevas prácticas donde el manejo (gestión) será el concepto clave. Con esta nueva visión, el cuerpo humano puede ser comparado con un Parque Nacional. Cuando una comunidad microbiana simbionte ha sido alterada, una aproximación terapéutica de restauración ecológica racionalmente diseñada, basándose en el conocimiento de su ecología, puede ayudar a restablecer su equilibrio.  

Los miembros de las sociedades occidentales huimos de considerarnos un óptimo sustrato de bacterias. Existe cierta tendencia a tener todo desinfectado, incluidos los ácaros de la almohada o el colchón, y consciente o inconscientemente ignoramos lo que llevamos dentro: un verdadero y complejo ecosistema que nos acompaña allá donde vamos. La cuestión trascendental es que, soslayando nuestros reparos y prejuicios culturales, necesitamos a esa comunidad invisible mucho más de lo que pudiéramos pensar, lo que debilita la extendida idea de especie superior que tanto nos satisface.

Desde el punto de vista de la salud física e incluso espiritual es bien conocida la necesidad de disfrutar de un medio ambiente sano, pero también en el interior de nuestro organismo la medicina y la ecología deben ir de la mano. Estamos integrados en la naturaleza, formamos parte de ella y ella forma parte de nosotros… El rápido progreso en el conocimiento de estos ecosistemas tan íntimos puede constituir un avance en el camino de la reconciliación de la mente humana con las leyes de la naturaleza para dejar finalmente de perjudicarla fuera y dentro de nosotros mismos. 

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Soy biólogo y me gusta escribir. Pertenezco al pequeño grupo de ingenuos que todavía piensa que el estado de las cosas puede cambiar mediante la transmisión del conocimiento, la educación y la cultura. He publicado artículos en El Norte de Castilla desde el siglo pasado, siendo colaborador asiduo del periódico entre 2005 y 2010.