El Norte de Castilla

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Tres de tres
Roberto Carbajal 18-04-2013 | 8:07 | 2

Justo el día en que Israel iniciaba la conmemoración de los sesenta y cinco años de su existencia, Dolores de Cospedal le rendía un homenaje con su estilo. Sí, la secretaria general del PP está atenta, aunque su fuerte no sea precisamente el uso de las palabras ni el manejo de los conceptos. Para ser abogado del Estado hay que hincar los codos y tener un memorión; otra cosa es que lo aprendido sirva para razonar y que la inteligencia venga de serie. A Dolores no le ha ido mal; es solo que está algo confusa. Con pose de cantautora tabernaria pija, Cospedal aseguró el domingo que los actos de las plataformas contra los desahucios practican el nazismo. Es decir: marcan las casas con una estrella, roban sus pertenencias a los inquilinos y requisan sus viviendas; se llevan a golpes a toda la familia a un gueto, experimentan con sus cuerpos y, finalmente, los gasean y queman en un campo de exterminio. Vaya, cómo son los defensores de los desahuciados.

Ana Botella no es un ser brillante; que pregunten a León de la Riva, que la conoce a fondo. No es capaz de pensar por sí misma sin su esposo, que tampoco es un genio. Eso sí: a la hora de dar golpes de efecto, la pareja Aznar-Botella no tiene parangón. El ayuntamiento de la primera va a dedicar a Margaret Thatcher una calle de Madrid. Alegan que por su europeísmo, una excusa que no hace más que empeorar las cosas, porque la Dama de Hierro y su partido han defendido siempre todo lo contrario. Tampoco es relevante el hecho de que los británicos se rían ante nuestras narices desde Gibraltar, hostigando a nuestros pescadores, a la Guardia Civil o mancillando la dignidad de España. Aunque, bien pensado, no es mala idea: los argentinos que viven en la capital española enmudecerán cuando vean la placa de quien les masacró en las Malvinas.

El cardenal Rouco recrimina encendido a Mariano Rajoy que incumpla su programa electoral. No es que se refiera a lo esencial, no; él habla del aborto, la educación religiosa en las escuelas y de sus cosillas. Que se ponga a la cola.

Publicado en El Norte de Castilla el 17 de abril de 2013

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Más que sofocos
Roberto Carbajal 01-09-2010 | 8:07 | 0

Mientras Óscar López pedaleaba por ahí con su bici XXL, en el mundo se han producido acontecimientos de relevancia, aunque caprichosamente conectados. El ‘tour de force’ del líder socialista avanzaba hacia ninguna parte, al igual que el presidente Zapatero, quien se encuentra con el agua al cuello como millones de personas en el globo. En tierras muy queridas, Mohámed VI, un dictador que vive del deporte de sus súbditos, la emprendía con las policías españolas y breaba a palos a un grupo de activistas en el Sáhara, un territorio que no le pertenece. Exteriores ha culpado a nuestros compatriotas y Melilla aguarda a la siguiente rabieta del monarca alauí y el bálsamo de Aznar, el bricomaníaco recalcitrante.

A muchos se les fue la fuerza por la boca, sobre todo en los bares, en donde se pontifica con una ligereza extravagante. Gracias a la inspiración de las bebidas fermentadas, se escuchaba que deberíamos bombardear ‘a los moros’. La idea resulta excitante; más que nada, para ver las secuelas. Es una forma de darle un impulso a la venta de periódicos, algo que más de un editor aplaudiría sin miramientos. Planean ciertas dudas sobre si podríamos hacerlo solos, sin permiso de Francia o Estados Unidos, los grandes avalistas del limbo norteafricano. La guerra puede esperar, habida cuenta de que en España viven cientos de miles de musulmanes, Mohámed VI nos permite pescar y palpitan demasiados intereses en la zona. No olvidemos que su padre, Hasán II, construyó la mayor mezquita del mundo árabe, esbozó una especie de democracia para engatusar a los vecinos, o que el potencial de sus recursos es formidable. Todo apunta a que será mejor dejar en tierra los aviones y continuar haciendo sangre en casa, que es lo nuestro. No somos hermanos; nos toca el rol de primos.

Un talibán mató a tres españoles en Afganistán. Mientras las familias lloraban a sus muertos, Rajoy aprovechó el luto en un mitin y pidió al presidente del Gobierno explicaciones sobre lo que hacían nuestras tropas allí. La conclusión está clara: al líder popular se le salió la cadena de la bicicleta. Casi como a Óscar López, aunque por motivos bien distintos. Ahora que se esfuma la canícula, pertrechémonos contra el sudor frío.

Publicado en El Norte de Castilla el 1 de septiembre de 2010

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¿País o circo?
Roberto Carbajal 10-03-2010 | 8:07 | 0

Cuenta la tradición que los fenicios llamaron ‘tierra de conejos’ a lo que hoy conocemos como España. Puede que fuesen primitivos esos fenicios, pero es innegable que atesoraban dotes adivinatorias. Si hubieran percibido otra atmósfera nos habrían legado la definición de ‘cuna de la inteligencia’. El tiempo les ha dado la razón: no encontraron el germen para que brotase. Han caducado miles de calendarios y España continúa siendo un país de conejos, acompañados de otras especies de nueva creación gracias a uno de nuestros más sagrados defectos: la torpeza. Desde la muerte de Franco hemos dedicado gran parte de la energía en perder el tiempo con denuedo. El país creó infraestructuras y comenzaron a circular por nuestras vías legiones de haigas. Pero se han tirado por la borda décadas de las que pendían ingentes oportunidades para convertir a España en un país envidiable. Poco importa el signo político que imperase en Madrid. Suárez afrontó la tarea de asentar la democracia, una misión hercúlea. Calvo-Sotelo sólo tuvo resuello para casarnos con la OTAN, un pañuelo gitano previo al compromiso. Felipe tomó los fondos europeos y publicitó a nuestro país en el orbe. Aznar la reubicó desgraciadamente y Zapatero heredó todo el festín. Tenemos las herramientas pero somos incapaces de aplicar su fuerza en la dirección correcta. Ha tenido que sobrevenir una crisis tremebunda para darnos cuenta de que nuestro sistema vital es abracadabrante. La proyección laboral de los jóvenes es un fracaso rotundo. El inglés nos resulta esquivo. Las universidades, autocomplacientes. La investigación, un regalo que enviamos a la competencia. La percepción ciudadana de la división de los poderes del Estado es atroz. Las autonomías, coros que cantan disonantes diecisiete partituras a la vez. El sistema electoral, puro teatro, en el que cobran la entrada por ver una representación ilegítima. La bochornosa alegría política ha esquilmado costas y talado tesoros irrecuperables, alimentando con perversión la fragilidad de la conciencia. Siete lustros de oportunidades arrojados a la basura. Y el circo, una recreación de telerrealidad.

Pero no todo son malas noticias. Aquí se come bien y sesteamos mejor que nadie.

Publicado en El Norte de Castilla el 10 de marzo de 2010

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Magia pública
Roberto Carbajal 24-02-2010 | 8:07 | 0

Las apariencias son sólo eso. Para creer en algo no basta con verlo; hay que hurgar y manosear el objeto hasta despejar las dudas. Hace meses el Congreso publicó la declaración de bienes de los miembros del Gobierno de España. Las cifras casi hermanaban con las que atesora cualquier asalariado, salvo las de la ministra Garmendia, que saltaba por encina de un par de millones gracias a su empresa de tecnología punta. Los demás, como usted o yo: un pisito, un cochecito y unos miles de euros en la cuenta corriente. Ver para creer. Ayer el boletín de las Cortes Valencianas hizo públicas las propiedades de las señorías levantiscas, de cara a las elecciones, con la pretensión de lavar la imagen del presidente de la Generalitat y las señorías que le escudan. El pobre Camps atesora sólo dos mil euros en el banco, un coche de quince años, una vivienda normalita y un plan de pensiones. En el mismo diario oficial figuran Ricardo Costa, su jaguar y algunas propiedades. Nada que nos alerte más. Es casi un mileurista. Juan Cotino, director de la Policía de Aznar, y hoy consejero valenciano, cuenta con dos millones entre unas cosas y otras. Otros, en cambio, llaman la atención por su número de asientos bancarios y propiedades inmobiliarias. Todo legal y a título personal.

Si la res pública atesora tantos billetes como la cajera de la esquina, ¿para qué meterse en política? Sencillo: para cambiar las cosas de sitio. Hay quien dice que la caridad empieza por uno mismo, aunque el aserto está mal visto. Los políticos velan por que nuestros intereses se conviertan en los suyos. No olvidemos que ellos también viven en España, el país del que son propietarios.

Los ciudadanos de a pie leen estas cifras y les producen escozor. Muchos se preguntarán dónde está el truco. Hay quien asegura que a las personas inteligentes les cuesta más descubrir el engaño de los magos que a quienes no lo son tanto. Todo el mundo está de acuerdo con que el éxito de un buen ilusionista consiste en desviar la atención. Se trata de que focalices la mirada en el ángulo equivocado. De ese modo, el mago pone en escena juegos increíbles que le pagan con aplausos. Para cazarlos, nada más socorrido que grabarlos y usar la pausa.

Publicado en El Norte de Castilla el 24 de febrero de 2010

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Glosa de la torpeza
Roberto Carbajal 17-02-2010 | 8:07 | 0

La cama es un espacio polivalente. Sirve para el descanso del guerrero, acomoda sus miserias y le arranca una sonrisa. No se entiende un buen lecho sin una almohada confortable y lúcida, ese oráculo que espanta los nubarrones del horizonte. El presidente del Gobierno necesita aposentar su testa sobre una nueva, pues da la sensación de que padece el rigor de los tiempos postrado en un camastro de mala muerte, como un enfermo en fase terminal. Antes, el secretario general de Moncloa parecía un almohadón ergonómico. El talento de Bernardino León estaba al servicio del presidente, un bombero diestro y siempre dispuesto. Ahora la percepción es que tan sólo es una figura ornamental.

El presidente se encuentra sumido en un aturdimiento magno, dilapidando el favor de los suyos. Zapatea hacia adelante golpeándose los tobillos; mal asunto para una estrella del hipódromo. Si hoy dice negro, mañana pensará en gris marengo. Si sus colaboradores le reconvienen, él se adentra a codazos hacia el piélago oscuro.

Rechazó acudir a la inauguración de un encuentro multinacional de víctimas del terrorismo. El acto escondía cierta dosis de veneno. Había sido organizado por grupos ultraconservadores y se celebraba en Lanzarotelandia, provincia de Salamanca. Allí se encontraban Aznar, Rajoy y el resto del coro. Pero el jefe del Gobierno ha de estar por encima de la panoplia. Lo esencial era el acto en sí y algunos de los personajes molestos ante los que Zapatero iba a darse de bruces no son trigo limpio del todo. Por eso la gente no ha encajado bien ese desaire. El presidente del Ejecutivo facturó a Caamaño como su único representante, el ministro de Justicia del que brotan tintes propios de un hooligan. Cuando aún no se habían evaporado las lágrimas, Zapatero se hizo la foto con los bendecidos por los Goya. Los masacró con un discurso plúmbeo a más no poder, pasmó a los invitados con el relato errado de los premios y babeó ante la inefable ministra surgida del gremio. No estuvo en Salamanca con los vencidos y sí con la ‘fábrica de sueños’, ahora que vivimos una pesadilla. El presidente duerme mal, necesita una almohada que le libre de la torpeza. Así todos podremos soñar y librarnos de la pereza.

Publicado en El Norte de Castilla el 17 de febrero de 2010

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Sobre el autor Roberto Carbajal
Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.