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El valor de la prensa
Roberto Carbajal 18-01-2012 | 9:07 | 3

La verdad absoluta no existe, del mismo modo que la razón duerme cada día en una alcoba. También el fragmentado escenario de la información en España está trufado de verdades razonables que transitan por un espacio temporal tan convulso como apasionante. Mientras, el mundo asiste a la liquidación implacable de una época y a la abracadabrante realidad de una nueva forma de afrontar la vida. Se trata del hombre reinventándose de un día para otro, pugnando por escapar de un contexto tenebroso. Atenazados por este aturdimiento, los ciudadanos buscan respuestas frente al imperio de la incertidumbre.

Desde sus inicios, la prensa siempre se ha arrogado el papel exclusivo de narrar los hechos, relevantes o no. Los medios tradicionales monopolizaron la transmisión de las noticias hasta que se produjo la eclosión de la Internet. Y es justo en este punto en el que, bajo una apariencia de mayor pluralismo informativo, comenzó a plantarse el espantajo contra el orden y la inercia impuestos por las empresas de comunicación. La Red ha democratizado la opinión y fluye a través de sus venas como nunca imaginamos. Pero paralelamente a la generación de noticias, el descontrol y la apropiación indebida se han enseñoreado del ciberespacio. Los jugadores de ventaja, como buscadores y agregadores de noticias, roban la información creada, transmitida y pagada por las empresas periodísticas, con una impunidad laxa jaleada por el usuario del sistema. En España la cultura del gratis total cabalga a lomos de un frenesí desbocado, lo que convierte en una tarea hercúlea convencer a la gente de que es tan legítimo pagar por informarse como hacerlo por una hogaza. El ciudadano medio busca hacer acopio de claves que le permitan vislumbrar qué será del mundo en el que le ha tocado vivir. Trata de resolver los enigmas periódico en ristre o frente a las múltiples pantallas que se han enseñoreado de su vida. La prensa desempeña un papel crucial porque destila la realidad. De ahí que informarse cueste menos de lo que vale.             

Publicado en El Norte de Castilla el 18 de enero de 2012

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Franco 2.0
Roberto Carbajal 20-07-2011 | 8:55 | 1

De Francisco Franco se aprovechaba todo, como sucede tras la matanza. Eran útiles hasta las falsas cualidades que se le conferían. Se decía de él que hablaba lo justo porque su marcada personalidad transmitía el mensaje al interlocutor sin alargar la visita demasiado. Incluso llegó a estar convencido de que era un enviado de Dios y que tenía encomendada una misión. Por eso se comprende que su cadena de asesinatos llenase el cielo de inocentes, una forma clientelar como otra cualquiera. Al parecer, su mirada te atravesaba. Ahora se explica tanta coherencia: de las intenciones pasaba a los hechos y luego las balas hacían el resto.

Se cumplen 75 años desde que ese renegado traicionase a su país y provocara la mayor matanza de la historia de España. Aquella confrontación segó vidas y cortó de raíz las esperanzas de un pueblo que anhelaba huir del atraso secular. El general y quienes le dieron sostén prevalecieron, creando en torno al dictador una malla de amigos en la que la corrupción era la moneda común. Franco la conocía, pero optó por dejarla estar. La única red que existía en aquella época era la del circo que montó. Y el libro de las caras tan solo era visible en la colección de sellos monotemática en la que el sátrapa viajaba de un lado para otro. El régimen franquista acabó con la izquierda con violencia; actualmente, las urnas son las armas legales con las que la derecha puede darle el tiro de gracia. Hoy estamos familiarizados con el ‘twitteo’; con Franco, piar más de la cuenta podía acarrear que te colgasen en la nube para liberar un poco de espacio. La dictadura no contemplaba las autonomías, y nunca se lo agradeceremos lo suficiente: en aquel país ennegrecido hubiesen sido insoportables diecisiete televisiones emitiendo inauguraciones de obras públicas. El presidente americano Dwight Eisenhower visitó España en plena guerra fría, legitimando al dictador. En aquella época comenzó a fraguar la Internet, aunque nadie lo sabía. Todo suena bastante intemporal. Incluso Franco ya era correo basura.

Publicado en El Norte de Castilla el 20 de julio de 2011

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Pirateo enfermizo
Roberto Carbajal 29-12-2010 | 8:07 | 0

Resulta incomprensible que la gente vea lógico pagar por una docena de huevos y no por doce canciones. Ambos productos cuentan con el amparo de la misma ley más su extensión moral del no robarás. Aunque lo anterior parece obvio, aún son legión los partidarios de no aligerar la cartera por tener lo último de su cantante favorito.

La intención del Gobierno de sacar adelante la llamada ‘ley Sinde’ fue vapuleada en el Congreso. El PSOE se quedó solo y el resto de los grupos no se sumaron a la iniciativa por los clásicos intereses electorales. Ángeles González-Sinde se ha convertido en la bestia negra de los internautas. Los piratas habituales han focalizado su ira en la ministra de Cultura, entre otras razones por ser juez y parte. González-Sinde es una profesional de la creación audiovisual y defiende su propio pesebre. Fue un error nombrarla ministra, habida cuenta de que, si lo que se pretendía era poner en marcha una legislación que protegiese al gremio artístico, hubiera sido deseable desarrollarla desde una imparcialidad que guardase más las apariencias. Durante estos días hemos asistido a la indignación de los propietarios de portales de descargas ilegales. Dicen que la pretensión de cerrarles el chiringuito atenta contra derechos fundamentales y que sus
trabajadores se quedarán en paro (!). Es como si la Policía desmantelase una red de narcotraficantes y el capo defendiese el sueldo de los sicarios para legitimar su actividad.

Hay que definir con claridad el intercambio de archivos para acreditar el resto de la norma, aunque es imposible saber quién y de qué forma los compró y si puede compartirlos en la Red. España es el país de nuestro entorno que más roba en la Internet. Antes saqueábamos a los indios y, a la vuelta, los ingleses a nosotros. El público debe comprender que el arte ha de recibir el mismo trato que la siembra de patatas. Nadie puede entrar a saco en una finca y cargar el carro. En los dos últimos supuestos no sirve el refrán de que quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón.

Publicado en El Norte de Castilla el 29 de diciembre de 2010

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El papel de la prensa
Roberto Carbajal 15-12-2010 | 8:07 | 0

“Con la compra de una taza de té, le regalamos un periódico.” El chascarrillo sobre el ya desaparecido ‘El Sol’ se convirtió en recurrente en 1990. Fue el diario tecnológicamente más avanzado de la época y gozó del dudoso honor de convertirse en el pionero de las promociones. Conocí la sede en la calle de Goya por razones profesionales. La redacción estaba repartida en varias plantas y, sinceramente, tuve la sensación de que aquella aventura empresarial parecía más un escaparate de la informática que un periódico con proyección. Cerró dos años más tarde. Lo que no se extinguió fue su herencia. El sector comenzó a ‘regalar algo’ y los que se resistían sucumbieron ante la presión del mercado. Aflige ver cómo la gente compra el lote y a renglón seguido tira el ejemplar a la basura sin ojear ni la portada, depredando tan solo las promociones.

Hoy nadie sabe a qué está abocada la información multimedia. Los editores viven abrumados en un presente convulso y acuciados por la incertidumbre. Muchos auguran que la prensa de papel ha de ser repensada y que la Internet es una apuesta muy sensata. Pero pocos se atreven a cobrar por la edición electrónica y cada cual guarda su ropa, mientras es absorbido por el vórtice de un colosal flujo de información global.

Los lectores exigen cada vez más a los diarios. El pirateo en España forma parte ya de nuestro ADN, lo que explicaría por qué solo las minorías pagarían por información en la Red. Paralelamente, los contenidos han abierto un debate excitante entre las cabeceras y el lector, que anhela ver reflejadas en sus páginas un hálito de esperanza frente al escalofrío actual, exigiendo que no expelan hedor a entreguismo político, tan cortoplacista como letal. Mientras los gurús advenedizos reflexionan a ciegas, el público se limita a echar un vistazo a ver qué sucede en el mundo. Olfateando oportunidades, también el dinero especulador revolotea sobre el negocio, sumándose al río revuelto. La incógnita es adivinar cómo se reparten los papeles en esta historia.


Publicado en El Norte de Castilla el 15 de diciembre de 2010

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La Red, sin red
Roberto Carbajal 22-09-2010 | 8:07 | 0

Hay gente que está comenzando a darse cuenta de que ha metido la pata hasta el fondo. Lo que parecía un juego de niños y una herramienta puede que se convierta en un problemón en el futuro. Si a cualquiera de nosotros nos abordasen en plena calle y nos preguntasen sobre nuestros pensamientos más recónditos, seguro que mandaríamos al infierno al sujeto en cuestión. Pero resulta paradójico que desde la intimidad de nuestro ordenador no tengamos remilgos en contar a todo el mundo quiénes somos, qué nos gusta, quiénes son nuestros amigos y una larga lista de comportamientos que compartimos con todo quisque, de Algeciras a Estambul.

¿Dónde está almacenada tanta información? ¿Podríamos llegar a borrarla o pedir que lo hagan en nuestro lugar? La mala noticia es que está fuera de nuestro alcance eliminar aquella pregunta indiscreta que le hicimos un día a Google sobre aquel… pecadín, ese que nos sacaría los colores en una conversación en familia. Cualquier hijo de vecino habrá curioseado por ahí sin ser consciente de que el ADN de su ordenador está registrado y se conoce al propietario. Los correos electrónicos, que nos parecen tan funcionales y ágiles, contienen una información seleccionada meticulosamente por los grandes entramados electrónicos. Estos datos son vendidos posteriormente en el mercado y, voilà, comenzamos a recibir ‘emilios’ de compañías que conocen nuestros gustos y picardías.

En las redes sociales se sobreexpone la privacidad de cualquiera que tenga amigos o familia. Cuelgan tu foto el día que saliste de fiesta y te cazaron descolocado. Cuando lo vea tu jefe vas listo. A tu pareja, mejor no trates de convencerla de nada, que ya te hizo el escáner. Se dice que como la madre de uno nadie puede retratarle mejor. Nada más lejos de la realidad. Tu madre es una antropóloga aficionada con buenas intenciones, muy cariñosa, pero pasa sobre ascuas en lo que se refiere a su pequeñín y a esos ojos pegados a una pantalla. Tu madre no te contó, porque no recuerda dónde dejó la cabeza, que tienes un gran hermano al que no conoces, pero que sabe de ti más que nadie. Es un glotón insaciable al que engordarás hasta que explote y te ponga la casa perdida. A ver quién la limpia luego.

Publicado en El Norte de Castilla el 22 de septiembre de 2010

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Sobre el autor Roberto Carbajal
Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.

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