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josé maría aznar

Aznar en tiempos revueltos
Roberto Carbajal 20-04-2011 | 8:07 | 0

Partamos de la base de que José María Aznar piensa. ¿Pero en qué y cuándo? ¿Acaso pasa por su cabeza la idea de volver a La Moncloa si se estrella el de las chuches? Los problemas de España llaman a la puerta del expresidente y se cuelan entre su almohada. Tal vez le martilleen en la fase REM los parados o la deuda. De lo que no hay duda es de que algo le turba. España es mucha España como para dejarla en manos de un solo hombre. Por eso, Aznar la repiensa en pareja, frente al espejo. Algo inquietante debe estar alienando a nuestro exitoso conferenciante. No era algo nuevo, pero el caso es que estos días muchos se llevan las manos a la cabeza y arremeten contra lo aventado en la Universidad de Columbia. Le han llamado antipatriota y traidor, y hasta una mezcla de ambos adjetivos. Cuando diserta sobre España en Estados Unidos, nuestro hombre se siente cual calamar huyendo hacia adelante, esparciendo la tinta con la que se escribirán sus grandes éxitos. Los estadounidenses no están al día sobre el otro lado del charco. Por eso no es plausible el discurso aznariano en esos foros del pensamiento, porque pueden dar lugar a especular con la realidad española. Arremeter contra la solvencia del país que lo honró y que le paga un sueldo y escolta vitalicios no entusiasma ni a sus correligionarios. No es elegante hablar mal del Gobierno actual cuando estás en el extranjero, y menos aún poner en entredicho la solvencia de tu país.

Los exégetas se preguntan qué aqueja a este hombre tras dejar el poder. Qué le hicimos, en qué cuneta lo dejamos. ¿Acaso no fuimos pacientes con sus dosis doctrinarias lanzadas desde la RTVE? ¿En qué erramos? No recuerdo que la población se sublevase contra su ordeno y mando. Muchos españoles tratan de salir adelante como pueden. Los empresarios, con sus equilibrios; los trabajadores, recogiendo las migajas que se encuentran en el camino. Aznar tiene la vida encauzada, aunque en ocasiones da la sensación de que le atenaza una tensión sensorial no resuelta.

Publicado en El Norte de Castilla el 20 de abril de 2011

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Aznar, enchufado a la suerte
Roberto Carbajal 12-01-2011 | 8:07 | 0

El tiempo ha demostrado que estar siempre cabreado puede considerarse una inversión. La sonrisa y el buen talante tan solo acarrean sinsabores y frustración. El presidente Zapatero es el adalid del optimismo y el respeto hacia el contrario, pero esas maneras se truecan en palos por doquier. En cambio, las malas formas de Aznar se ven recompensadas con asesorías globales. El plenipotenciario Alfredo (no confundir con Rubalcaba) tiene como ocupación principal hablar mal de España en el exterior y de paso hacer caja. Sus conferencias y artículos rezuman un resentimiento patológico hacia el país que le vio podar el bigote. Basta echar un vistazo al pertinaz contenido de su discurso para preguntarse si estamos haciendo lo correcto pagándole la pensión de expresidente. Aznar va a la pela, como buen catalán que lo sea en la intimidad. Rupert Murdoch le nombró consejero de su grupo mediático ultraconservador y nuestro hombre distrajo su declaración de ingresos, vulnerando la legislación española. Y es que su pertenencia al Consejo de Estado era incompatible con esos entretenimientos galácticos. Fiel a su estilo, Aznar se defendió con el argumento de que eran pequeñeces.

Ahora acaba de ser nombrado asesor externo de Endesa. Esto quiere decir que una pequeñísima parte de la factura de la luz o del gas que distribuye esta compañía irá a parar al bolsillo de este supuesto compatriota nuestro. Estos gastos superfluos tendrían que consignarse en algún rincón del recibo. De ese modo sabríamos lo que es un kilovatio y a quién hemos de culpar por los céntimos del subtotal.

Hay gente que nace con estrella, como les sucede a los gatos. No pegan un palo al agua y babeamos tontamente viendo cómo mueven el rabo, mientras nos lo restriegan por la nariz. Cuando muestran esa cara de póquer da la sensación de que piensan en algo trascendental. Pero no, apuestan por lo básico, que es chupar del bote. Prueben a tirar un gato del revés a un metro del suelo. Comprobarán que siempre cae de pie, con los bigotes en su sitio.

Publicado en El Norte de Castilla el 12 de enero de 2011

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Un premio con lastre
Roberto Carbajal 31-03-2010 | 8:07 | 0

Cuando a alguien le conceden una medalla a título póstumo significa que no tendrá que preocuparse por nada nunca más. Tal vez se disfrute en familia, aunque es difícil saber cómo y cuándo. Si te honran en vida y gozas de buena salud, todo marcha viento en popa. Otra cosa es que estés enfermo y viejo: amigo mío, o quieren empujarte o hay mucha prisa. Por fortuna para él, José María Aznar no se encuentra inmerso en ninguna de las variables anteriores. Ha sido siempre un tipo genuino y ahora resulta que, en el esplendor de su cómoda vida, comienza a escocerle un premio que anheló por los servicios prestados. El Tribunal de Cuentas investiga la legitimidad de los fondos que su Gobierno desaguó persiguiendo la Medalla de Oro del Congreso de Estados Unidos. El galardón nunca llegó a pender de su pecho, pero es una victoria moral a nuestro estilo.

Felipe González reflexionaba sobre la figura de los ex presidentes en España, a los que calificó de jarrones difíciles de ubicar. El tiempo ha demostrado todo lo contrario. Cuando dejan el cargo, dan una envidia de muerte: pensión vitalicia, memorias, conferencias millonarias, intermediarios de lujo en multinacionales y plutócratas que no olvidan los favores. Anda que no da de sí el dichoso jarrón. González cambió de vida en todos los aspectos y factura a lo grande. Pero para Aznar no es suficiente. ‘Zadock el sacerdote’ de Händel le parece propia de una charanga cuando suena en los partidos de la Champions. Él busca otro repertorio que acompañe su coronación, porque es una tableta de chocolate muscular y Jorge II está en los huesos, así que la música le entra por un oído y sale por el resto. Cuentan que hace dos mil abdominales (Aznar, no el rey inglés).

Aguardemos a que fallen sobre si fue buena idea contratar a un lobby para dar gloria a Aznar con dinero público. Las flexiones no serán capaces de enmascarar el origen de la pretendida medalla. No hay coloso que soporte peso tan formidable. Que se lo pregunten a los muertos de la antigua Mesopotamia, el lugar del que surgió la civilización. El Tigris y el Éufrates no llevan tanto caudal como para drenar semejante cantidad de sangre. Ni siquiera con el trasvase de grandes dosis de vanidad.

Publicado en El Norte de Castilla el 31 de marzo de 2010

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Más que palabras
Roberto Carbajal 10-02-2010 | 8:17 | 0

José María Aznar padece el síndrome codificado de la nostalgia del poder, aunque no lo reconozca en abierto. Asegura que mucha gente le ha pedido que vuelva, a pesar de que la percepción es que no se ha ido del todo. Parece un tanto paradójico, pero es así. El presidente de la FAES, el gran tutor de nuestra conciencia, ha dicho del Gobierno de Zapatero que nunca nadie hizo tanto daño en tan poco tiempo. Sabe de lo que habla. De hecho, Aznar se ha convertido en uno de los más avezados enemigos de España. Tomó un país con una economía lánguida y la reflotó a base de ladrillos, fontanería y desmadre. Asimismo, asegura que hoy nuestro reino es un territorio de segunda, que no cuenta en la escena internacional; es decir, después de mí, el caos. El tiempo le ha dado la razón. Su complicidad en una guerra inducida continúa sembrando de muertos aquel territorio por atravesar de la mano otro Rubicón, y entre tanta devastación se cuentan víctimas españolas. Cada vez que se aposenta ante un micrófono planetario, el patriota Aznar critica abiertamente a nuestro país, utilizando como coartada el descrédito contra el actual presidente del Gobierno. Casi todo el mundo percibe que ZP y sus ministros transitan como pollos sin cabeza la senda de la incertidumbre. Aun así, salvo a manejarse en inglés, Aznar ha aprendido muy poco de sus admirados Estados Unidos. Ningún ex presidente americano osaría verter críticas en público hacia el inquilino legítimo de la Casa Blanca. Es una muestra del sentido de Estado y de la responsabilidad hacia los intereses nacionales. Pero Aznar guarda una fórmula magistral para salir de la crisis que no quiere compartir con nadie. Pobres de nosotros.

José Blanco, ministro de Fomento y gallego como Franco, entiende que existe una conspiración contra España. No la califica como judeomasónica porque el término rechinaría, sino que sitúa al enemigo en el mercado de valores y los especuladores financieros que lo circundan. Tampoco la prensa británica se libra de su ira, así que de nuevo hemos de buscar en la pérfida Albión el origen de todos nuestros males. Siempre podemos argüir como defensa que los anglosajones nos tienen envidia. En fin, pura palabrería española.

Publicado en El Norte de Castilla el 10 de febrero de 2010

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Políticos de ‘todoacién’
Roberto Carbajal 13-07-2009 | 7:07 | 0

José María Aznar ha confesado que todos los días se plantea regresar a la política. Lo leí en El Norte, pero me pareció insuficiente. Me refiero a que todo el mundo debería hacerse eco de estas reflexiones, aunque sólo sea para estar preparados y que no se nos atasque el cruasán. Aznar dice que se lo piden a diario y, la verdad, no es extraño. Si la política española es aburrida en depende qué foros, viene el ex presidente y te rescata del sopor. Alguien que abandona un hábito tan afrodisíaco encarna el peligro hecho hombre al retomar el vicio. Sucede lo mismo con el tabaco, que lo dejas un año y luego te comes los cigarrillos como si fuesen macarrones. Hace una semana me topé con una entrevista a Michael Portillo. Hijo de un republicano español exiliado, Michael nació en el Reino Unido e irrumpió en la política muy pronto. Fue ministro de Empleo, Defensa y del Tesoro con John Major, y tras su paso por estos tres despachos, apuntaba como la esperanza del Partido Conservador británico. Pero a pesar de ser un seguidor empedernido de Margaret Thatcher y euroescéptico convencido con buena planta, este periodista se quedó en nada. Pues qué bien. Durante la charla, Portillo aseguró que la Historia reconocería a largo plazo las virtudes de Aznar. La razón: colocó a nuestro país en el mapa gracias a la dichosa fotografía de las Azores. Y se quedó tan pancho. La falsa guerra contra el terror iraquí y la sangría que aún la acompaña son dignas de entronizar a cualquiera, al margen de que también pudieras ser el responsable de casi doscientas muertes en tu país. Pelillos a la mar, ‘Portelo’, que es como pronuncian allí esa pifia política británica.

En favor de José María Aznar hay que decir que su liderazgo era fortísimo. En realidad, era fuerte, muy fuerte; también por el hecho de que se permitió nombrar a su sucesor. Su delfín no tiene el mismo tirón que quien le apuntó con el dedo. Por eso el PP corretea por ahí como un pollo sin cabeza y trufado de corruptelas, aunque ganando elecciones, que es asaz pasmoso. Que el tesorero del partido esté en la picota y que su sangre pueda salpicar a toda la organización sobrepasaría la paciencia de Aznar, pueden creerlo. Que el escándalo Gürtel sea el pan nuestro de cada día en el clan de los genoveses, también. Y no es por la conjetura de encontrar sólo pureza en el espíritu del ex presidente, sino porque quien le conoce sabe que no se deja salpicar por las meteduras de pata de sus vasallos. Aznar te hace un mohín y estás fuera. En el Reino Unido los políticos caen como moscas cuando les cazan en lo que aquí se consideran tonterías. Pero aunque padezcamos el reinamadrismo, nosotros no somos británicos; faltaría más. España es el país de las oportunidades: entras con un agujero en el bolsillo y dejas el Poder con el futuro resuelto. Hasta que la justicia se fija en ti. La justicia de verdad.

Publicado en El Norte de Castilla el 11 de julio de 2009

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Sobre el autor Roberto Carbajal
Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.

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