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Regreso a la plantación
Roberto Carbajal 22-02-2012 | 8:07 | 3

El viento se llevó a aquella España de la anormalidad económica. A Dios pongo por testigo que ahora hay quien pasa hambre, un mal tan contagioso como imprevisible. No vivimos en la Atlanta segregacionista ni falta que hace. El sometimiento racial ya no está vigente en nuestro país, disfrutamos de cierta libertad de movimientos e incluso de aparcamiento. Pero a pesar de que Franco abandonase la flauta, aún perseveran algunos tics que la terapia social ha sido incapaz de erradicar. Como si de un viaje en la máquina del tiempo se tratase, asistimos a un reverdecimiento del autoritarismo que, si bien no desapareció nunca, es innegable que ha irrumpido en la vida ciudadana haciendo demasiado ruido y generando estremecimiento entre los más débiles. La CEOE advierte: la reforma laboral puesta en marcha por Rajoy es suave y hay que cerrar la soga más. El sindicato que preside Joan Rosell cree que las prestaciones por desempleo son un escándalo descomunal por pecar de exceso de generosidad. Otro compadre de desafueros quiere que un parado acepte cualquier trabajo o se le retire el subsidio, aunque la oferta provenga de Laponia. Si habíamos quedado en que como en España no se vive en ningún sitio, cómo diablos puede nadie aceptar un empleo en Laponia, que no es un país, sino un área geográfica que forma parte de cuatro naciones. Además, quién va a querer construir en la primera línea de la tundra, en donde el frío convierte los billetes de quinientos en cuchillas justicieras.

Con sus buenas intenciones, el Gobierno del Partido Popular ha sembrado la semilla de otra nueva lucha de clases que podría eclosionar pronto. Si todo se desarrolla según el manual histórico, los ricos van a serlo aún más; las clases medias van a contraerse hasta un porcentaje exiguo y la numerosa masa trabajadora no tendrá más remedio que ponerse de rodillas o alzarse como en el pasado. En breve comenzaremos a presenciar la democratización de la limosna. A Occidente le han bailado los números romanos y camina hacia el siglo XIX.

Publicado en El Norte de Castilla el 22 de febrero de 2012

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Otoño, dos estaciones
Roberto Carbajal 25-05-2011 | 8:07 | 0

El presidente Zapatero debe quedarse e irse al mismo tiempo. Resulta una paradoja de lo más extravagante, comparable al don de la ubicuidad de los dioses. Por una parte, el presidente tiene que acabar lo que empezó, que no es otra cosa que enderezar las cuentas públicas y dejar el camino expedito para que España pueda salir de esta pesadilla abracadabrante. Al otro lado del pecho, tiene al PSOE, descabezado y hundido, sin un candidato presentable de cara a las generales del año próximo. Y, por último, en la yugular siente el aliento del Partido Popular, que va a forzar la maquinaria hasta el límite para que Zapatero se convierta en comida para mascotas. Una persona corriente en la actual situación del jefe del Gobierno subiría a la azotea de la Torre Picasso y saltaría sin pensárselo dos veces. Cualquiera de las decisiones que brujulean sobre la mesa marcan una escena tremenda para los socialistas y para quien es hoy su aherrumbrado líder. España necesita aprobar unos presupuestos generales vitales, quizá los más importantes de su historia reciente. Para ello precisa de cómplices que guardan un plan oculto. Ese colaborador necesario es el PNV. Pero dado el actual mapa político en Euskadi, con la irrupción de Bildu sacando pecho en las instituciones, y la perspectiva de las elecciones vascas en 2013; con otro plan latiendo tras la conformación en ese cercano año de un Parlamento Vasco mayoritariamente soberanista: ¿quién es capaz de relajarse y mirar hacia otro lado?

El presidente Zapatero suele ser un optimista recalcitrante. Aun así, esa forma de pensamiento puede que no sea útil frente a la realidad ante la que nos encontramos. Flaco favor le haría el presidente a sus correligionarios, a los votantes que se quedan en casa y a la sana existencia de un bipartidismo fuerte si no disuelve el Parlamento tras sacar adelante los presupuestos. La marca ZP está amortizada. Por el bien de su sucesor, del partido y del país, convendría que el presidente se diese un baño en el Polo Norte. Te cambia la vida.

Publicado en El Norte de Castilla el 25 de mayo de 2011

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Marta Domínguez, aturdida
Roberto Carbajal 02-02-2011 | 8:07 | 0

Lo peor que puede sucederle a una atleta de fondo es correr en la pista por la calle equivocada. La campeona mundial Marta Domínguez ha tomado la calle de en medio. En vez de guardar silencio hasta que se pronuncie la justicia, arremete contra la Guardia Civil y deja claro que lo suyo es una persecución política. Dice la palentina que su militancia en el Partido Popular ha sido una de las bazas por las que se ha optado para darle cuerpo a la ‘operación Galgo’. A renglón seguido, esgrime que quiere creer que no, pero que ella es muy reflexiva y que dedica tiempo a usar el cerebro. No queda demasiado claro si tanta cábala espiritosa le sirve para algo.

Lo que sabemos es que ha sido desligada del doctor Fuentes. La jueza que lleva el caso imputa a Domínguez en dos delitos de tráfico de sustancias prohibidas y en uno fiscal, es decir, contra la hacienda pública del país cuya bandera pasea por las pistas. El principio de inocencia es un tesoro al que tenemos derecho. Del mismo modo que los jueces están obligados a perseguir a los delincuentes. Según el auto hecho público el viernes, Domínguez suministró presuntamente trembolona a su colega Alberto García, y éste, EPO a la corredora. Como un intercambio de cromos entre mocosos.

Este asunto será esclarecido cuando toque y todo el mundo sabrá si la medalla de oro que Domínguez lució sobre el podio es plausible. Quizá la impericia hizo que la campeona palentina cayese en la obsesión conspiratoria de Pedro J. Ramírez, quien fue atornillando a la atleta durante la entrevista que tuvo lugar en su canal televisivo de telepredicación. Asegurar que la espada que pende sobre su cabellera tiene connotaciones políticas es un elemento de defensa ridículo. Esgrimir algo tan absurdo como eso no le hace ningún favor, sino todo lo contrario, al menos en lo que concierne a granjearse simpatías. Obviamente, no condicionará la acción de la justicia, que hablará con más rotundidad cuando ate todos los cabos sueltos y dicte sentencia. Las palabras son plata; el silencio, oro.

Publicado en El Norte de Castilla el 2 de febrero de 2011

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Amores que matan
Roberto Carbajal 12-12-2009 | 9:07 | 0

La mejor coartada para hablar mal de alguien es usar un buen antecedente. Si tomas un café con un compañero de fatigas o con el jefe, y no sabes cómo subir al cadalso a Pablo, la opción infalible para legitimar un juicio sin defensa es decirle que al tal Pablo le quieres mucho, pero que con él las cosas no funcionan. En este punto, el cadáver laboral del pobre Pablo sufrirá la fermentación correspondiente. Hace años tuve un jefazo que decía querernos mucho. Su forma de entender semejante sentimiento guardaba idéntica equidistancia con los intereses de su amplia cartera. Fuimos a pedirle un aumento de sueldo y el tipo desmontó la apuesta con su paternalismo. Éramos una familia en la que él declaró comportarse como nuestro padre. La interpretación de aquel afecto nos costó dinero. El saxofonista americano Larry Ochs cree amar la música. Sus formas amatorias quedaron al descubierto esta semana en un festival que se celebra en Sigüenza. Un espectador se levantó indignado y fue derechito al cuartel de la Guardia Civil. En el puesto dijo a los agentes que se acercaran a la sala. Según él, su médico le ha prohibido escuchar música contemporánea por razones de salud. Como lo oyen. Así que una pareja de agentes fueron a comprobar qué pasaba en el concierto. Uno de los guardias lo tuvo claro al instante: lo que Ochs perpetraba en el escenario no era jazz, así que el denunciante tenía razón. No obstante, tengo que confesar que escuché parte de la sesión y creo que, al margen de los estilos, aquello no rozaba la categoría de música. La burla pudo haber terminado en urgencias, pero la audiencia disfrutó hasta el final gracias a la Guardia Civil. El Partido Popular dice amar a España. Así que la mejor forma de demostrar tanto amor ha sido que los presidentes de las comunidades autónomas de ese color no asistiesen al acto oficial que la conmemoraba. Es decir, otra vuelta de tuerca al texto que la conforma. Cuando en ocasiones anteriores no se daban cita el lehendakari o el capo catalán ponían el grito en el cielo. Aminetu Haidar ama el maltrecho país que los españoles legamos con nuestro peculiar estilo envenenado. Tanto amor puede costarle la vida. Marruecos va más allá: lo desea tanto, que no le importan otros afectos. El mejor amor, a puerta cerrada.

Publicado en El Norte de Castilla el 12 de diciembre de 2009

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Corrupción y tolerancia
Roberto Carbajal 10-10-2009 | 9:07 | 0

Las diferencias entre Berlusconi y Rajoy estriban en que al primero le van a emplumar y al presidente popular estaban desplumándole. A Rajoy le gustan las bicicletas y al Cavaliere, las ciclistas. Y que cada cual añada otras a las anteriores. Un punto de convergencia se encuentra en que ambos conocen a Alejandro Agag. Y hasta donde sabemos, aquí concluye la sintonía, y todo porque Mariano Rajoy no entra en detalles. Suele decirse que Italia y España se parecen bastante. Lo atribuiremos a que los ciudadanos de los dos países respiran, tienen ojos y padecen la corrupción. Los analistas aseguran que los italianos reeligen al magnate porque la gente ve reflejadas en él todas sus aspiraciones, mientras que en España nunca hemos elegido a un millonario simpático como jefe del Gobierno y, reconozcámoslo: el heredero de Aznar no levanta pasiones.

Cuanto más se difunde el registro de los grandes éxitos del ‘caso Gürtel’, más afianzamos nuestro conocimiento sobre lo que mueve al ser humano. Son esas pasiones primitivas que terminan de rodillas ante un confesionario, cuando la fe te conduce a expiar tus pecados. En ocasiones, la declaración ante un sacerdote es la antesala de hacerlo frente a otro juez y la penitencia que ambos imponen no tiene parangón. La mala conciencia se refleja en el rostro, aunque mucha gente tiene más rostro que conciencia. Si alguien pasa el tiempo chapoteando en una ciénaga hedionda, es probable que las salpicaduras terminen manchando el traje de quien merodea por los alrededores o ahogándolo en ella.

En nuestro país menudea el latiguillo de que todos los políticos son iguales y que están en el poder para llevárselo en crudo. La asunción de esta creencia vuelve a hermanarnos con los italianos: inexplicablemente, las corruptelas no pagaron ningún precio en las urnas tras los últimos comicios europeos; al contrario, los implicados en los escándalos aumentaron su respaldo electoral. Me da un vuelco el corazón cuando escucho a alguien definirse como apolítico, porque escarbando un poco corroboras todo lo contrario. Cuando la ciudadanía toma distancia de la vida gubernamental y no vela por que sus intereses sean satisfechos, lo mejor es apagar, irse y declarar que esa nación es territorio comanche. Especuladores sin escrúpulos han esquilmado las arcas públicas con la complicidad de algunas instituciones. Como el sistema electoral es una burla a la dignidad de los españoles, la distancia entre el pueblo y sus políticos se ha vuelto endiabladamente insalvable para todos. Nadie en sus cabales puede defender a estas alturas que elige la composición del Parlamento o el ayuntamiento de la esquina. El Partido Popular aspira a gobernar España, así que no le vendría mal abrir las ventanas y ventilar la casa. Mientras se decide, la Justicia debe actuar. Y nosotros, hacer planes.

Publicado en El Norte de Castilla el 10 de octubre de 2009

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Sobre el autor Roberto Carbajal
Tenía siete meses cuando asesinaron a John F. Kennedy. De niño me sentaba en los parques a observar a la gente, pero cuando crecí ya no me hacía tanta gracia lo que veía. Escribo artículos de opinión en El Norte desde 2002, y críticas musicales clásicas desde 1996. Amo la música, aunque mi piano piense lo contrario. Me gusta cocinar; es decir, soy un esclavo. Un esclavo judío a vuestro servicio.

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