PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

va4Publicado en El Norte de Castilla el 23 de marzo de 2018

Esta semana ha estado protagonizada por los actos conmemorativos del V Centenario de la expedición de Magallanes y Elcano. La primera Vuelta al Mundo. Aquí, en Valladolid, comenzó todo con la firma de las capitulaciones entre el rey Carlos I y Fernando de Magallanes. Se puede decir que aquí empezó la primera globalización. Este mes de marzo, además, han tenido lugar diversos actos encaminados a que se reconozca a Valladolid como Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. La propuesta supramunicipal, que incluye a la capital y a 12 municipios, se sustenta en el cambio de criterios de la Unesco para conceder esta importantísima distinción. Si antes era el patrimonio monumental el que inclinaba la balanza ahora la Unesco pone el acento en el valor del Paisaje Urbano Histórico, de tal manera que tan importante como los monumentos es la vertiente inmaterial, el poso histórico de la candidatura. Y en esto Valladolid tiene todos los ases en la manga. Valladolid fue el centro de un imperio. Durante años, la capital del mundo. Desde la secreta boda de los Reyes Católicos en el Palacio de los Vivero hasta el fin de los Austrias aquí se produjeron hechos extraordinarios. Con Carlos I, con el vallisoletano y todopoderoso Felipe II, con Felipe III, que trasladó la capital a Valladolid, donde nacieron sus hijos Felipe IV y Ana de Austria, la reina de los mosqueteros, esposa de Luis XIII de Francia y madre del Rey Sol. Por nuestras calles vagan las sombras de Cervantes, Lope, Quevedo, Góngora y todos los grandes. Seguir sus huellas es un privilegio. Eso sin contar con los castillos, los monasterios, los palacios, la Semana Santa y su museo al aire libre (reflejo de un patrimonio artístico único), el Tratado de Tordesillas, el Archivo de Simancas… La memoria de un imperio, en fin. La historia del mundo no sería, desde luego, la misma sin Valladolid. Muchos pucelanos no valoran su ciudad. Por dejadez, por humildad, por desconocimiento, por estupidez. Sólo mezquinos egos pueden tumbar esta propuesta. Algunos ponen trabas. Lo ven todo negro. Como ese mismo negro, símbolo de elegancia y distinción, que se convirtió en moda desde Valladolid. Delibes dijo algo así como que aquí tenemos más historia que piedras, más significado que espectáculo. Y no nos falta un monumento emblemático. Nuestro principal monumento es la Historia. Y en Historia nadie nos gana.

 

 

 

LLAMANDO A LAS PUERTAS DEL CIELO

patgarrettybillythekidPublicado en El Norte de Castilla el 21 de marzo de 2018 (Suplemento especial Bob Dylan)

En el principio fue la película. El cine. El trabajar con uno de los grandes. Sam Peckinpah había rodado la memorable “Grupo Salvaje” y volvía a la carga con otro western. El nuevo proyecto llevaba el título de “Pat Garrett and Billy the Kid” y Kris Kristofferson (encargado de interpretar a Billy el Niño) y el guionista Rudy Wurlitzer convencieron a Bob Dylan para que hiciese alguna pequeña contribución a la película. Tras leer el guion, el bardo de Minnesota se enamoró hasta tal punto del proyecto que se presentó en Durango, donde había empezado ya el rodaje, con la guitarra en bandolera. Sam Peckinpah no estaba al tanto de ello y cuando su guionista le comentó que Bob Dylan estaba allí para enseñarle lo que había compuesto, graznó malhumorado: “¿Quién demonios es Bob Dylan?”. Eso a pesar de que, para entonces, Dylan ya había editado 11 discos y era poco menos que una leyenda. De mala gana aceptó recibirle, se sentó en su mecedora y dejó que Dylan cantase para él un par de temas que había compuesto pensando en el film. Poco después, el director salió con gesto áspero y sólo dijo: “Maldito crío… ¡Alistadle!”. Y eso significaba el contratarle para que compusiese la banda sonora completa del film. A cambio, Dylan pidió que le dejasen interpretar un pequeño papel. A Peckinpah no le agradó nada la idea pero, tras interceder Wurlitzer y comentarle que podía añadir al guion un nuevo personaje  inspirado en un compinche de Pat Garrett, el director acabó aceptando a regañadientes.pat-garrett-e-billy-the-kid_1

Dylan pasaría dos duras semanas en Durango rodando la película e interpretando el papel de Alias, un experto en lanzar cuchillos que se une a la banda de Billy el Niño. Dylan pasa de puntillas interpretando a un personaje silencioso, que observa, asiente y calla (tampoco le vamos a pedir una interpretación a la altura de Marlon Brando) aunque es digno de reseñar su primer encuentro con Pat Garrett y la conversación entre ambos. El forajido le pregunta: “¿Tú quién eres?” (que nos recuerda a la pregunta que hizo el propio Peckinpah al oír hablar de Bob Dylan), a lo que Alias contesta: “Esa es una buena pregunta”. En fin, más allá de problemas y desencuentros, el resultado final es un western inolvidable que narra los últimos días del famoso Billy el Niño; un western crepuscular que habla del final de una época, de los códigos de honor que cambian, de los nuevos dueños del mundo que no son mejores que los forajidos. Un film tan hermoso y triste que a veces duele. Y duele porque comprendes que los viejos tiempos de libertad y amistad tienen los días contados. Como anécdota final (y como ejemplo del difícil carácter del director) recordar la anécdota según la cual una complicación en las lentes hizo que las imágenes se vieran difusas. Al visionar por la noche lo rodado ese día, Sam Peckinpah se enfureció, se levantó, se dirigió a la pantalla y se sacó delante de todo el mundo el pene. Genio y figura hasta la sepultura el viejo Sam.

 

El discreto encanto de los discos malditos

Mientras concluía el rodaje de la película, Dylan se recluyó en los estudios de Columbia en Ciudad de México junto a un puñado de músicos mexicanos más otra gente experimentada como Roger McGuinn (The Byrds) o Booker T. Jones. Las sesiones de grabación parecían ir viento en popa hasta que apareció por allí Jerry Fielding, el compositor habitual de las películas de Peckinpah. De inmediato, los dos músicos chocaron y Dylan no aceptó ninguna de las ideas de Fielding, aunque sí que contempló la recomendación que éste le hizo para que terminase una canción que estaba esbozando y que acabaría siendo “Knockin’ on heaven’s door”. La banda sonora se publicaría finalmente en julio de 1973 y, desde el primer momento, se convirtió en un disco maldito. Dylan llevaba tres años sin sacar nuevo material y todo el mundo esperaba otra cosa. Desde luego, no un disco casi por completo instrumental. Varias cuestiones han ido cambiando la percepción del disco hasta convertirlo en la verdadera joya que en realidad es. Por un lado la perfecta simbiosis con la película, con esa música melancólica, tremendamente descriptiva y totalmente apropiada. Ese rasgueo de la guitarra, esos coros turbadores, esa letanía pat-pecosblues-fconstante del tema titulado “Billy” en sus diversas versiones y, en fin, ese himno de “Knockin’ on heaven’s door” que acompaña el mito que rodea a uno de los western más impresionantes de toda la historia, un western crepuscular, sucio, violento, ambiguo y memorable. Por otro lado, la arqueología del disco en cuestión nos deja alguna que otra sorpresa. Han aparecido varios discos piratas que recogen las sesiones de grabación de la banda sonora, tanto en México como luego en los estudios Burbank de California (“Peco’s Blues”, “Lucky Luke”, “The Pat Garrett Sessions”) y con ellos alguna que otra joya oculta que no apareció en el disco así como distintas versiones de los temas más conocidos hasta convertirse en uno de los bootlegs favoritos de los frikis dylanianos.

 

El himno

Y sí, entre esas distintas versiones está la joya de la corona, la inmortal “Knockin’ on heaven’s door”. Sólo por esta canción, el disco de Dylan alcanza la categoría de legendario e imprescindible. Hablamos de una perla única, de una de las canciones más conmovedoras y conocidas del universo musical. Una canción que acompaña, además, uno de los momentos más emotivos no ya de la película sino posiblemente de toda la historia del cine. En ella, el sheriff Parker es herido mortalmente justo en la hora mágica, al atardecer, cuando se ha puesto el sol pero todavía hay una hermosísima luz. El sheriff se acerca al riachuelo y se queda mirando de rodillas al horizontepat mientras siente que la vida se le escapa. Su mujer, la gran Katy Jurado, le acompaña en silencio, con lágrimas en los ojos, mientras suenan susurros de plata e incienso en la voz rota de Dylan: “Mujer, quítame esta placa, ya no puedo usarla más, se hace tarde, está demasiado oscuro para mí, me siento como llamando a las puertas del cielo”. Dicen que mientras grababan el tema, con las imágenes del film al fondo, los músicos no paraban de llorar…

En fin, para terminar señalar que este himno atemporal y grandioso ha sido versionado por medio mundo. De hecho, las nuevas generaciones piensan que esta maravilla pertenece a Guns N’Roses, quien tras incendiar los estadios con su versión rockera la incluyeron en su álbum “Use your Illusion II”, y los más jóvenes atribuyen la autoría a Avril Lavigne, que también versionó en su día la joya dylaniana. Hablamos de versiones que incluso se han hecho más famosas que la original, aunque sólo sea por cuestión generacional. Citar otras versiones, igualmente destacables, puede ser tarea homérica. La propia esencia de este himno la ha convertido en canción ideal para la épica de estadios y con ella se produce una comunión entre público y cantante como probablemente no se haya dado ni se dé nunca con otra canción. U2, Eric Clapton, Grateful Dead, Aerosmith, Bryan Ferry, Neil Young, Roger Waters, Antony and the Johnsons, Tracy Chapman, Sister of Mercy, Nazareth o Bon Jovi lo saben bien. También nuestro Luis Eduardo Aute quien, a mayores, dedicó una preciosa canción (“Cinco minutos”) a Katy Jurado con referencia explícita al film de Peckinpah. Eso sin olvidar la versión de Ted Christopher que consiguió, además, que Dylan le dejase añadir unos versos en memoria de los 16 niños asesinados en la masacre de un colegio en Escocia. Una emotiva versión que incluía un coro con los niños del mismo colegio además de la guitarra de Mark Knopfler… De todas formas, sobra decir que la única, la verdadera “Knockin’ on heaven’s door”, es y será siempre la cantada por Bob Dylan, sobre todo la que viene flordelisada con las imágenes memorables, conmovedoras e inolvidables del sheriff Parker muriendo junto al riachuelo en “Pat Garrett and Billy the Kid”. Un monumento que pertenece a nuestra memoria sentimental y con tanto o más valor que esas catedrales donde se lloran los amores perdidos.

LOS TIGRES DE MOMPRACEM

los-tigres-de-mompracemTodo el mundo conoce la historia de Sandokán. La hemos visto en películas y series, hemos leído sus aventuras cuando éramos jóvenes, apenas unos niños, hemos asaltado barcos junto a sus cachorros, hemos soñado con sus aventuras.

Los tigres de Mompracem es la primera obra del ciclo Piratas de la Malasia que trata sobre las peripecias del pirata malayo Sandokán. La novela tuvo varias versiones. Primero apareció por entregas en La Nuova Arena, entre el 1883 y el 1884, bajo el título La tigre della Malesia. Cuando Salgari le dio forma de libro en 1900, adquirió su nombre definitivo.

Sandokán, el joven príncipe malayo, al que asesinaron a toda su familia y que fue apartado del trono, antes de acabar pirateando al mando de un puñado de valientes y de instalarse en Mompracem. Desde allí, dirige a sus cachorros contra los ingleses, sabiamente aconsejado por su viejo amigo el portugués Yáñez de Gomera. Precisamente Yañez le habla de lady Marianna Guillonk, conocida como “la perla de Labuán” y a Sandokán le entran unas ganas irresistibles de conocerla. Tras una trágica expedición, Sandokán queda herido de gravedad yfinalmente pierde el conocimiento. Cuando despierta, se encuentra en casa de su gran enemigo, lord James Guillonk, y siendo cuidado por “la perla de Labuán”. Sandokán se hace pasar por un príncipe malayo y, de inmediato, surge el amor entre el pirata y lady Marianna. Pronto es descubierta su verdadera personalidad en el transcurso de una cacería. A partir de este momento una sucesión de peripecias y aventuras de todo tipo acercarán y alejarán a los dos amantes, todo ello envuelto en multitud de lances apasionantes que convierte la lectura de estas novelas en una experiencia inolvidable, tal vez porque te

Pues eso, una delicia regresar a los héroes de nuestra infancia. Sandokán es uno de los héroes más luminosos y rebeldes de nuestra literatura. Uno de los primeros héroes completamente humanos, alguien que no era precisamente invencible, y que continuamente estaba siendo derrotado, con sus barcos hundidos y su tripulación fuera de combate. Un héroe real e inolvidable, romántico y memorable.

AKÚSIDE

akuside4Publicado en El Norte de Castilla el 16 de marzo de 2018

Uno se hace mayor y va necesitando de ciertas alegrías para soportar el largo y habitualmente yermo sacerdocio literario. Por eso he abierto una botella de buen vino para celebrar la concesión del Premio de la Crítica de Castilla y León a “Akúside”, de mi compadre Ángel Vallecillo (ex aequo con “Los refugios de la memoria”, de José Luis Cancho). Llevo tantos años diciendo que Vallecillo es uno de los novelistas más prodigiosos e imaginativos de la escena actual, tantos años contemplando la dejadez y la ceguera de editoriales, agentes literarios y demás fauna del Parnaso, que uno no acaba de creerse que, por fin, le llegue el reconocimiento. Desde la poliédrica y visionaria “Colapsos” al western shakesperiano de “Bing Bang Wilko Wallace” pasando por la memorable e incomprendida “Hay un millón de razas” y sin olvidar el resto de sus obras, todo lo que toca Vallecillo, tal vez porque posee una imaginación para crear personajes e historias sin igual, resulta fascinante. Hablamos de un tipo que escribe con el cuchillo entre los dientes, dueño de una prosa cortante y precisa como el bisturí de un cirujano, alguien capaz de escupir las palabras como puñetazos y, en el mismo párrafo, noquearte con un chispazo poético inigualable. Todo cabe en la mágica coctelera de Vallecillo. Y de todo ello hay en “Akúside”, una obra peculiar, enigmática y diferente con una estructura muy original. Una novela distópica que nos habla de un país imaginario y salvaje, un libro sagrado con 30 pequeñas historias que comienzan y terminan igual, las memorias de Axíamaco, general de las tropas akusaras, y muchas cosas más envueltas en frases llenas de delitos y tatuajes. Todo tan simbólico y revelador que con su lectura acabas sintiendo el vértigo de la belleza de las vidrieras góticas. Eso es “Akúside” y ese es Ángel Vallecillo. A su lado, en este camino de diamantes tantas veces áspero y deprimente, su editor de cabecera, César Sanz. Especial alegría también por el reconocimiento que, tras 20 años de lucha, va llegando a la pequeña y heroica editorial vallisoletana Difácil. Es de suponer que aquellos que ningunearon e incluso se mofaron de los jóvenes editores que la pusieron en marcha estén hoy con la cabeza escondida bajo la Enciclopedia Británica. Otros, en cambio, alzamos “Akúside” en señal de victoria. Porque quien más gana con este premio es, sin duda, la Literatura.

KARIM Y EL HORROR

siriaPublicado en El Norte de Castilla el 9 de marzo de 2018

Llevo unos días buscando a Karim para saber qué ha sido de él y no encuentro nada. Algunos se acordarán. Karim se convirtió en las navidades pasadas en el nuevo símbolo de la Siria castigada. Un bebé de dos meses que fue herido por fuego de artillería en un mercado de Guta Oriental, región aledaña a Damasco sitiada por las fuerzas de Al-Asad. Aquel ataque mató a su madre y otras muchas mujeres. Diez días después, Karim fue víctima de otro ataque en el que la metralla le provocó una fractura de cráneo y la pérdida del ojo izquierdo. Su nombre se unió al de otros 137 niños para los que UNICEF pedía una evacuación inmediata. Desde entonces, no sabemos nada, salvo que muchos de los que estaban esperando ya han muerto. Las imágenes de los últimos ataques son desoladoras. Un centenar de muertos en un solo día, la cifra más alta en tres años. Entre las víctimas, 20 niños. UNICEF ha presentado un comunicado que ha dejado finalmente en blanco. Un portavoz se limitó a declarar: “no hay palabras que hagan justicia a los niños asesinados”. Las imágenes de los niños heridos y muertos les dejaron sin palabras. ¿Los que infligen este sufrimiento todavía tienen palabras para justificar sus actos bárbaros? El hambre como arma de guerra. Restricciones de entrada a productos básicos y medicinas. Treguas humanitarias que nadie cumple. Uso de armas prohibidas. Aumento en un 300% de niños asesinados y mutilados. Y Siria el lugar más peligroso para los niños según el último informe de Save the Children. Al Asad lo niega todo. Mientras tanto, los proyectiles de Damasco y Rusia no paran de masacrar a la población civil. Uno no sabe de quién es la culpa tal vez porque los culpables somos todos. Los organismos internacionales incapaces de parar la sangría. Los que sueltan las bombas. Los que mandan. Los que miran a otro lado. Y también los que escupen bilis por las redes y tiran balones fuera en forma de bombas. Ni en Raqqa ni en Mosul había fotógrafos, dicen. O comentarios tan miserables como: “De los creadores del niño muerto a la orilla del mar llega el bebé tuerto. Le falta un gatito recién nacido para ser más impactante todavía”. Hay gente con el alma helada y sin sentimientos. A pesar de  ellos, es hora de acabar de una vez con los mataderos de niños en Siria y en todos los demás lugares del planeta. Ya es hora de acabar con el horror. Con el infierno.

NEOPURITANISMO Y CENSURA

censoredPublicado en El Norte de Castilla el 2 de marzo de 2018

Te despiertas y apareces en los años sesenta. O sea que los Alcántara te adelantan por el carril de la derecha y ni te das cuenta. Al rapero Valtonyc le echan tres años y medio de cárcel por un quítame allá esas rimas. Una jueza ordena secuestrar “Fariña”, el libro de Nacho Carretero sobre el narcotráfico, tras la denuncia de un alcalde gallego. En Arco, después de 37 ediciones, retiran una obra de arte con la excusa de que puede herir sensibilidades y no ser políticamente correcta. A la banda canaria Texxcoco le censuran un videoclip porque su cantante aparece con los pechos al descubierto, aunque lo que pretendían era precisamente reivindicar la libertad de las mujeres para mostrar su cuerpo y denunciar el puritanismo y la hipocresía imperantes en las redes sociales. La libertad de expresión y creación vive horas bajas. Los censores están trabajando a tope. El neopuritanismo nos empieza a asfixiar. Justo cuando nos cierran Interviú y todos echamos de menos las viejas luces de libertad. Dicen ahora que “Las señoritas de Aviñón” cosifican a la mujer. De ahí esa persecución a mujeres que salen con poca ropa (aunque no enseñen nada) en sus redes sociales. Nadie se libra. Ni los desnudos solidarios ni los de algunas mujeres que utilizan su cuerpo como una crítica a los cánones de belleza. Cierre de cuentas para tetas incómodas. En cambio cuesta cerrar mucho más cuentas donde se jactan de pegar a animales y a mujeres. Parece que ser sexualmente sugerente es peor y más censurable que ser un maltratador. Algunos dicen que ciertos casos de censura no gozan de tantos altavoces. Como el Ayuntamiento de Barcelona censurando un cartel de Morante de la Puebla emulando a Dalí o la representación de un montaje teatral titulado “Help Tabarnia”. El arte, desde luego, no es compatible con la censura. Todo se manipula, es cierto. Hemos aprendido de los políticos. Yo robo pero es que los de antes también lo hacían. Tirar balones fuera, o sea. Y siempre viendo la paja en el ojo ajeno. Algunos se cabrean si hablas de censura. Recuerdan otros casos de los que la prensa apenas se hizo eco. Esto es como una guerra por barrios. Guerras de izquierdas y derechas retrógradas. Y, mientras tanto, Madame Censura riéndose de todos. Neopuritanismo más censura más politiqueo nauseabundo: un coctel de consecuencias funestas.

EL FORGES Y EL QUIJOTE

forges2Publicado en El Norte de Castilla el 23 de febrero de 2018

Don Quijote, Sancho y Forges, el trio la la la, nos aguardan en la casa Revilla. Medio centenar de viñetas poniendo en valor la lectura y regalándonos, en clave de humor, reflexiones y pensamientos en boca de los inmortales personajes de Cervantes que sirven, además, para comprender un buen puñado de temas de nuestra actualidad. Un diálogo a tres bandas a ritmo de chotis castizo con la jerga única y memorable de Forges encerrada en sus inimitables bocadillos de línea gruesa. El humorista gráfico, en fin, convertido en necesario cronista de la sociedad. Todo ello junto a una beligerante defensa a capa y espada del valor de los libros y de la necesidad de la lectura. Forges en estado puro, o sea. Como ese tipo encerrado en la cárcel acusado de proxelecta, es decir de intentar que la gente lea. O ese pueblerino que agradece que el pedrisco salvaje haya caído sobre la biblioteca y no sobre alguno de los 26 bares, lo que hubiera ocasionado sin duda un porrón de víctimas. O ese niño al que se le ocurre ponerse a leer en la cama y provoca un escape de neuronas en una urbanización de adosados. O ese tipo que se indigna porque quieren cambiar la asignatura de capitalismo salvaje por la de aprender a leer. Por otro lado, las referencias de Forges a Cervantes y al Quijote han sido constantes a lo largo de los años. Don Quijote y Sancho luchando con los molinos de la actualidad, unos molinos convertidos ahora en “últimos molinos dúplex” con un precio el metro cuadrado que escandaliza a nuestro hidalgo preferido. Cervantes a golpe de tuit regalándonos un Quijote posmoderno. O Don Quijote enfurecido, con un móvil en una mano y una espada en la otra, confundiendo al Servicio de Atención al Cliente con un taimado malandrín. Forges y el libro, una sempiterna reivindicación. Forges y Cervantes, dos pasiones irrenunciables. Tengo por una de mis posesiones más preciadas una carta que el propio Forges me envió hace tiempo a raíz de un artículo. Desde entonces mi admiración por Forges no ha dejado de crecer. Forges, un dibujante torero, la flor de Benamejí y tipo fetén. Forges, extraordinario cantante de boleros, filósofo de jerga única y genio cañí. El aserejé de la Real Academia y uno de nuestros últimos genios. Pues eso, Forges y Cervantes, dos maestros que siempre permanecerán vivos.

EL INVENTOR DE PALABRAS

Publicado en El Norte de Castilla el 16 de febrero de 2018

Lleva ya mucho tiempo alegrándonos la vida y sacándonos una sonrisa con nocturnidad y alevosía. Lo hace con sus pequeñas cosas, con sus juegos de magia y, sobre todo, inventando palabras. Es Luis Piedrahita, al que todo el mundo conoce gracias a sus memorables monólogos de humor en muy distintas y sonadas apariciones en televisión y en radio. Además de ilusionista de reconocido prestigio (ganador del Nobel de magia que otorga la Academia de las Artes Mágicas de Hollywood) últimamente reparte su tiempo también protagonizando en los escenarios “Las amígdalas de mis amígdalas son mis amígdalas” y promocionando un imprescindible diccionario sin colorantes y con Cervantes titulado significativamente “Cambiando muy poco algo pasa de estar bien escrito a estar mal escroto”. Con la primera obra llena teatros en los que la gente se desternilla con su humor inteligente convirtiéndose el patio de butacas en un jardín florido de amígdalas mientras que con el libro nos regala 222 palabras inventadas por él utilizando un finísimo humor de pata negra que dispara dos balas, una ingeniosa que va directamente al cerebro, y otra emocionante que nos toca el corazoncito. Muchas cosas uno envidia en Piedrahita pero, por encima de todas, su capacidad para inventar divertidos neologismos que responden a situaciones muy reconocibles para todos. Por ejemplo, cablerinto es esa maraña retorcida de cables que hay detrás de la tele, el DVD y el equipo de música; wifigüeño es un pescador callejero de wifis gratuitas; cataculpa es ese mecanismo de defensa que utilizan algunos en plan resorte humano consistente en echar la culpa de todo a quien no está delante; sexagerar es relatar con verbo florido la calidad y cantidad de proezas amatorias propias. Y así hasta 222 nuevas palabras que se antojan necesarias ya que parten de situaciones que todos hemos vivido. Porque, ¿quién no se ha sentido alguna vez angustiado con alguien que se nos echa encima para hablarnos? Piedrahita dice que eso es acorrablar, es decir hablar muy cerca y sin dejar escapatoria al interlocutor. Eso sí, tal y como él indica, más vale que recemos para que quien nos acorrable no tenga halitosis. En fin, una gozada este diccionario del Rey de las Cosas Pequeñas que le emparenta con otros magos de la palabra como Alejandro Dolina o Luis Eduardo Aute.

 

 

 

 

 

 

 

TORQUEMADA REVIVAL

poli4Publicado en El Norte de Castilla el 9 de febrero de 2018

Vuelven los tiempos oscuros. Como aquellos en los que un imbécil llegó a la conclusión de que los cuerpos desnudos que decoraban los frescos del Juicio Final pintados por Miguel Ángel resultaban pecaminosos y había que cubrirlos con paños de pureza. Un discípulo del maestro se puso manos a la obra y pasó a la historia como Il Braghettone. Hace poco un artista tejano estaba pintando un mural con un detalle de la Sixtina y su trabajo fue interrumpido por un policía para que tapase las desnudeces. Esto sólo es el principio. En la universidad de Berlín borran un poema más ingenuo que un tattoo de Hello Kitty porque ha ofendido a algunos. Retiran un cuadro de ninfas desnudas en una galería de Manchester. Cambian el final de la ópera Carmen. Piden retirar una pintura de Balthus porque a una niña se le ven las bragas. A Tim Burton le presionan para que cambie el final de Dumbo, su nuevo film. Del Rijksmuseum retiran 23 vocablos de los rótulos que han molestado a algún colectivo. La Organización Mundial de la Salud pide que todas las películas en las que se fume se prohíban a menores. Censuran carteles de Egon Schiele en los metros de varias ciudades. “Matar a un ruiseñor” y “Huckleberry Finn” se prohíben en las aulas yanquis tras las protestas de una madre… Vaya, que nos está quedando una Edad Media cojonuda. Regresa Torquemada. Suena a ficción pero ya está aquí. Nos acordamos de la cruzada en los Simpson contra la llegada del David de Miguel Ángel a Springfield porque es “una guarrada y representa unas partes del cuerpo humano que, por muy prácticas que sean, son malignas”. A eso hemos llegado. Todo nos escandaliza. Todo nos ofende. Las redes sociales son ahora el catafalco donde antes se quemaba a las brujas. La puritana moral yanqui ha traspasado las fronteras y al universo entero le recorre un anhelo correctivo, una vocación higiénica. Nos ofenden las chirigotas, los raperos, los titiriteros. Nos molestan los que andan en bici, los que andan en patinete, los que corren, la estatua de Woody Allen en Oviedo, los niños jugando a la pelota en la calle, una mujer dando el pecho. Llegará la quema de libros. Y luego la de pelirrojos. Y prohibirán los bodegones de caza. Y las películas con animales porque dirán que incitan a la zoofilia. Pues eso, que el mundo está lleno de idiotas. De idiotas e idiotos, para que nadie se ofenda.

LAYLA

Publicado en El Norte de Castilla el 2 de febrero de 2018

Cuenta la leyenda que en el siglo VII vivió en Arabia un poeta que hizo célebre con sus encendidos versos a una joven llamada Layla. Cuando ella se casó con un comerciante rico el joven enloqueció, huyó a remotos bosques y se dedicó a componer poemas a su amada mientras los animales salvajes intentaban consolarle. Por entonces, comenzó a ser conocido como Majnún (loco). “Señor, no permitas que abandone la locura, no permitas que retorne a eso que llaman cordura”, rezaba él cada noche. Dicen que mucho tiempo después fue encontrado muerto en el desierto, muy cerca de la tumba de Layla, junto a una roca donde había tallado sus últimos versos de amor. Eric Clapton se inspiró en esta leyenda para escribir en 1970 una de las canciones más hermosas y conmovedoras de toda la historia. Se había enamorado de Pattie Boyd, la esposa de George Harrison, y cuando ella decidió permanecer junto a su marido, Clapton enloqueció y compuso “Layla”. Todo ello me recuerda un poema de Miguel Falabella del que hice una traducción infiel hace tiempo. Hablaba de la saudade. Decía algo así como que pillarse un dedo con la puerta duele, que torcerse el tobillo duele, que un bofetón, un puñetazo y una patada duelen, pero lo que más duele es la saudade. Saudade de un recuerdo, de un lugar, del tiempo que pasa. Todas estas saudades duelen. Pero la saudade que más duele es la saudade del amor que se acaba: es una saudade que nadie sabe cómo detener. Saudade es sobre todo no saber. No saber si ella continúa con sus dolores de cabeza. No saber si todavía usa aquellos pantalones. No saber si dejó de fumar. Si sigue prefiriendo el whisky escocés. Si sigue sonriendo con sus preciosos ojos. Saudade es realmente no saber. No saber qué hacer con los días que cada vez son más largos, no saber cómo detener las lágrimas al escuchar cierta canción, no saber cómo vencer el dolor del silencio. Saudade es no querer saber si ella está con otro y, a la vez, querer. Es no saber si es feliz y, al mismo tiempo, preguntárselo a todos los amigos. Es no querer saber si está más preciosa. Saudade es nunca volver a saber de la persona que más se ama. En alguna otra vida hemos debido haber hecho algo muy grave para sentir ahora tanta saudade, concluía Falabella. Y sí, a veces me despierto por la noche y escucho “Layla” a oscuras. En versión desenchufada y con sabor a fuego helado, a hielo abrasador y a saudade. ¿Es grave, doctor?

El Norte de Castilla

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