Derecha, izquierda, blanco o negro, arriba, abajo, delante, detrás.
No blogueros no habéis entrado en Barrio Sésamo, no.
Sólo que me gustaría analizar un poco esto de las relaciones humanas, lo difícil que puede llegar a ser entenderse con nuestro prójimo.
Por un quítame allá esas pajas, nos enzarzamos en peleas inútiles sin darnos cuenta que esas pajas no merecen la pena.
Nuestra razón parece que siempre la absoluta sin tener en cuenta la mayor parte de las veces que hay otras razones igual de válidas aunque disten de las nuestras años luz.
No merece la pena discutir con un amigo por temas que en los que no nos va la vida en ello.
He dicho amigo pero puede ser un vecino o conocido ocasional, da lo mismo para esta reflexión.
Claro que si todos pasáramos de las discusiones el mundo sería una balsa de aceite, tampoco sería bueno un mundo plano sin altos y bajos, pero ¿dónde ponemos el término medio? No sé dónde ponerlo, pero tiene que haberlo.
Ese color “gris” entre el blanco y el negro, esa entreplanta, entre arriba y abajo, o ese “en medio” entre delante y detrás.
Estamos en un mundo enfrentado por todas partes, donde darnos de tortas, reales o virtuales está de moda, dónde no escuchamos, no dejamos exponer razones, nos quitamos la palabra sin ni siquiera haber escuchado los argumentos del otro.
Estamos más unidos que nunca por las redes sociales, tenemos a nuestro alcance el diálogo con millones de personas a través de Internet.
Pero, paradójicamente cuando más conectados vivimos, menos nos entendemos y más solos estamos.
Ayer hablando con una señora conocida que vive sola, nos decía a mi amiga y a mí, que muchas veces sale de casa sólo para escuchar a la gente, sus conversaciones, sus temas, pero no lo hace por cotilleo, más bien porque su soledad lo es menos escuchando a los que si tienen a alguien con quien hablar. Que a veces va al supermercado sin que le sea necesario porque le gusta observar a la gente cuando compra, a esa gente mayor que haciendo la compra protesta por los precios o habla sola. Todo esto me ayuda, nos repetía.
Y de esa corta conversación con esta mujer, perfectamente lúcida, ha nacido, una vez más, esa charla que me gusta compartir con vosotros.
Saludos blogueros, desde un calor sofocante en mi casa casi a oscuras. :)