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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

QUE NO SE ENFRÍE EL CADÁVER

Silver Kane es recordado como el gran mago de las novelas del Oeste. Su trono sólo se lo disputó Marcial Estefanía Lafuente. Justo es reconocer que las obras del primero están a años luz de las del segundo (el magisterio de Francisco González Ledesma deja marca). Y es que el padre del entrañable inspector Méndez no pudo tener una escuela mejor que la que le proporcionó Silver Kane. “Que no se enfríe el cadáver” es un ejemplo majestuoso de lo que era capaz de hacer, manejando todos los clichés del género, en apenas cien páginas: un pistolero de buen corazón, una cazarrecompensas, un malo de manual, dos esbirros sin escrúpulos, unos asesinos con su particular código de honor y una mujer hermosa de la que se decía que “cuando salía ella a la calle hasta los dos maniquíes de la sastrería volvían la cabeza”. Todo ello en un pueblo misterioso con una sola calle, ancha, polvorienta y seca: Rinconada era tierra caliente, un “sitio lleno de pasiones secretas y ocultas, lleno de recelos, de misterios a la vez”. El imperio del colt y del winchester. Una historia morbosa y necrófila que podía haber escrito Poe. Historia de muertos, de resurrecciones, de cadáveres, de tumbas violadas, de ataúdes con puertas secretas. Un misterio que no se resuelve hasta la última página. Una venganza que tiene que llevarse a cabo antes de que se enfríe el cadáver. Una apasionante y originalísima mezcla de John Ford y Edgar Allan Poe. “Que no se enfríe el cadáver”: una pepita de oro de incalculable (y entrañable) valor.

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


julio 2010
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