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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

EL SUEÑO DE HAMMETT

Publicado en “La sombra del Ciprés”, suplemento literario de “El Norte de Castilla” el 9 de marzo de 2013

“Todo es novela negra” dijo no hace mucho José Carlos Somoza en la Semana Negra, el templo de la novela de género. No le faltaba razón. Detrás de cualquier historia puede haber una novela negra. En los últimos tiempos, muchos han echado mano de una tradición que, en realidad, lleva casi un siglo martilleándonos el alma. En 1928, Dashiell Hammet escribió a su editor para decirle que se consideraba uno de los pocos artistas que se tomaba en serio el género de la novela policíaca y que estaba completamente convencido de que “algún día alguien hará literatura grande con él”. El sueño de Hammet no tardó en hacerse realidad. Él mismo lo hizo. Su colega Chandler también. Borges lo intuyó poco después. Hoy en día, alumnos aventajados de ellos, como Elmore Leonard, Jim Thompson y James Ellroy han construido una obra literaria memorable. ¿Es malo que la novela negra esté de moda? No sabemos si todo es novela negra pero ahora sí que lo parece. Las modas van y vienen. Antes fue la novela histórica y los hijos bastardos de “El nombre de la rosa”. Otras veces los griales o los zombis. Hace bien poco la moda de los vampiros nos chupó la sangre. La última tendencia es el mami-porno. Por el medio, y casi siempre, la novela negra. Tras el boom de Millenium, y a la sombra de Stieg Larsson, la Escandinavia negra triunfa. Del norte de Europa han desembarcado decenas de autores con el cuchillo entre los dientes. Mañana llegarán de otro sitio. La tradición anglosajona y el polar francés siempre estarán ahí. En España, en cambio, no existían apenas precedentes, lo que no ha impedido que en los últimos tiempos nos pongamos las pilas. Vázquez Montalbán y González Ledesma se convirtieron en nuestros referentes, nuestros guías, nuestros padres negros. Junto a ellos llegaron Andreu Martín y Juan Madrid. Y, por supuesto, el gran Paco Taibo con sus novelas y su Semana Negra. Más allá de modas, la novela negra ya se ha instalado entre nosotros. Con ella podemos llegar donde la novela convencional no llega. En época de crisis, se convierte en referencia y faro: la reflexión sobre el deterioro ético, la descripción de una sociedad corrompida, la exploración de ambientes oscuros a través de un lenguaje crudo y de unos protagonistas desencantados. La novela negra es mucho más que un juego de habilidades narrativas, de oscuros ambientes, de adivinanzas y golpes de efecto a ritmo trepidante. Ni siquiera el empalago de trucos recurrentes podrá con ella. Ni siquiera el desprecio de la crítica más sesuda podrá con ella. Ni siquiera la dictadura de la moda podrá con ella. Hasta los grandes referentes de la alta literatura han cedido al vértigo de la novela negra, desde Vargas Llosa a Martin Amis. Tal vez por eso, en los últimos años, muchos popes de la literatura española han sucumbido también y, tras despotricar contra este tipo de, para ellos, subliteratura, se han sacado de la manga su particular acercamiento al género. Comenta el gran Paco Ledesma que valora más la honestidad que la perfección literaria. Lo dice el jefe de la tribu. Uno de los que ha hecho que el sueño de Hammet sea una realidad.

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


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