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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

EL ADOQUÍN AZUL O EL ARTE DE RESCATAR TESOROS PERDIDOS

Publicado en La sombra del ciprés, suplemento literario de El Norte de Castilla, el 13 de abril de 2014

Poco a poco la editorial palentina Menoscuarto se está labrando un merecido prestigio sustentado por la elaboración de un catálogo exquisito y, también, por el acierto al reclutar a primerísimas espadas en el mundo de las letras. Ahora acaban de “fichar” al que algunos consideramos el más grande. La jugada ha sido maestra: recuperar una obra perdida de Francisco González Ledesma, una novela corta que apareció en agosto de 2002 como regalo de la revista Interviú. “El adoquín azul” formaba parte de “Obras inéditas de los mejores autores de novela negra en castellano”, una colección que recordaba, en tamaño e intenciones, a las añoradas novelas de quiosco, aquellas novelitas pulp que tuvieron a González Ledesma, bajo el seudónimo de Silver Kane, como el más memorable de sus representantes. En efecto, “El adoquín azul” se había convertido, con el paso del tiempo, en una pieza cotizadísima entre los seguidores de González Ledesma y algunos tuvimos que rastrear concienzudamente librerías de viejo y páginas de internet hasta conseguir nuestro ansiado ejemplar. Ahora ya no va a hacer falta llevar a cabo esa labor de arqueología literaria a la caza de una novela que era ya prácticamente imposible de encontrar. Menoscuarto, en una edición cuidada, pone a nuestra disposición esta auténtica joya del nunca suficientemente valorado Francisco González Ledesma.

“El adoquín azul” cuenta una conmovedora historia protagonizada por un amor imposible. Él se llama Montero, un poeta que escribe sobre cosas frágiles como las calles que cambian y las mujeres que envejecen. Ella se llama Ana y es la esposa de un cruel jefe de policía franquista. Los dos se conocen en medio de una Barcelona caótica, convulsa, sucia, viciosa y, por lo tanto, fascinante. Son años de hambre, de muerte programada, de portales oscuros y luces verticales cayendo sobre los patios de atrás. Montero es herido en una redada policial y Ana logra salvarle escondiendo al poeta en un apartamento que le sirve como refugio secreto. Son sólo unos días pero marcarán para siempre la vida de Montero, un hombre convertido en alguien que no ve pero aguarda y en alguien que, para no poner en peligro la vida de Ana, tiene que exiliarse y huir de España, lo que no impedirá que se pase el resto de su vida dibujando siempre el mismo rostro de una mujer en el aire. Muchos años después regresará a Barcelona con el fin de encontrar a Ana y con la única guía de un adoquín azul situado enfrente de aquella casa en la que Montero estuvo escondido

Francisco González Ledesma es conocido como el gran impulsor, junto a Vázquez Montalbán, de la novela negra española. Creador del entrañable inspector Méndez y autor, bajo la divisa Silver Kane, de más de mil novelitas pulp, González Ledesma siempre ha sido conocido por su maestría técnica para narrar y por su portentosa imaginación para alumbrar fascinantes e hipnóticas tramas argumentales, algo que no le ha servido para ser lo suficientemente reconocido. En eso Ledesma se parece al Montero de “El adoquín azul”, un poeta que huía de las inversiones espirituales siempre seguras como cantar a la religión o a la patria: “Yo no sé si fue un gran poeta pero imagino que debió de serlo porque no lo cita ninguna antología”, podemos leer en algún momento en este breve, intensa y casi perfecta novela. Una pepita de oro, una auténtica maravilla, una pequeña joya literaria que demuestra la increíble altura literaria de González Ledesma, capaz de mezclar magistralmente en apenas setenta páginas poesía, intriga, amor, represión política, vacío existencial, memoria, desmemoria, esperanza y la melan­co­lía del inexo­ra­ble paso del tiempo, en cuyos plie­gues que­dan pren­di­dos tan­tas pala­bras y tan­tos silen­cios. En fin, a veces “la poesía sirve para no morir, al hacerte creer que llevas algo eterno en tu mirada”. “El adoquín azul” es un claro ejemplo de ello: un testamento emotivo de un hombre silencioso envuelto en una mortaja de libros que nos enseña que “el verdadero amor es el que está hecho de silencios, el que no necesita afirmarse, el que tiene como único soporte un tiempo hecho para dos. El verdadero amor no es un grito, es un susurro”. Un susurro imprescindible como esta nouvelle que tan acertada e inteligentemente ha sabido rescatar Menoscuarto. Por cierto, siguiendo en esta línea de búsqueda de tesoros perdidos resulta necesario recordar que el gran González Ledesma tiene otra obra inédita jamás publicada en España aunque sí editada en Francia bajo el título de “Purée d’avocat sauce chili” y perteneciente a la mítica serie de El Pulpo. Ojalá pronto algún día un editor se apiade de nosotros, los locos seguidores del jefe Ledesma, y nos haga otro regalo tan fascinante como esta ejemplar edición de “El adoquín azul”.

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


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