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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

SHERLOCK HOLMES EN HOPE CANYON

Agradable sorpresa la de esta nouvelle que todavía no había leído a pesar de ser uno de los más renombrados pastiches holmesianos, no tanto por su calidad o por su respeto al Canon y al propio Sherlock Holmes, como por venir firmado por uno de los grandes, nada más y nada menos que Mark Twain.

“Sherlock Holmes en Hope Canyon” es el título de la nueva edición de “A doubled Barelled Detective Story” y está basada en la primera traducción publicada en España (en 1913). Se trata, en realidad, de una sátira mordaz y demoledora contra la novela policíaca en general y contra Sherlock Holmes en particular. Aun así, como muy bien destaca Alberto López Aroca, la obra también puede ser vista como un homenaje a Arthur Conan Doyle, tal y como se puede apreciar en la estructura de la novela, tan parecida a la de “Un estudio en  escarlata”. La historia, como en la primera novela holmesiana, se divide en dos partes. En la primera, Mark Twain nos cuenta la terrible historia de una joven que se casa con un cruel hombre y la venganza que urde a través de su hijo. En la segunda parte es cuando aparece el enigma policiaco y cuando el señor Twain da rienda suelta a su particular fobia por el Gran Detective al que no deja de llamarle, de forma cruel e irónica, el “Hombre  Prodigioso”. Como ejemplo de la posición en la que deja a nuestro detective favorito podemos extraer la siguiente (chapucera) deducción del gran Holmes: “Vais a preguntarme en qué me fundo. Imposible me sería explicároslo, señores, porque estos indicios son tan sutiles que solamente una larga experiencia y un estudio profundo pueden llegar a hacer que se perciban. Pero los hechos están ahí; se hallan además robustecidos por un hecho que habéis podido observar a menudo en los grandes relatos policíacos, y es que todos los asesinos son zurdos”.

Desde luego, a pesar de su fama, este pastiche es uno de los que menos gusta a los holmesianos. Hay opiniones para todos los gustos pero predominan las que minusvaloran este relato y lo tachan de una mera diversión sin más alardes, de una novela aburrida e indigna de Twain, de que lo único que intentó el autor fue burlarse de Sherlock Holmes y que, la verdad, no le salió nada bien. Está claro que a Sherlock Holmes lo adoras o lo odias. Mark Twain estaba en el segundo grupo aunque, en realidad, él lo que odiaba era la novela policíaca. Al respecto, la cita que aparece al principio del libro es demoledora: “¿Qué cosa tan curiosa es el relato detectivesco. ¿Y habrá habido alguna vez uno del que el autor no se haya avergonzado, salvo “Los crímenes de la rue Morgue”?”. Con estos mimbres poco se podía esperar. Y, sin embargo, “Sherlock Holmes en Hope Canyon” es un pastiche muy interesante e ilustrativo de (mal que le pese al bueno de Mark Twain)  lo inmensamente grande que era (que es) la figura de Sherlock Holmes.

En fin, dejando a un lado la crítica maliciosa a la ficción detectivesca y las burlas a nuestro detective favorito, esta novela enmarcada en el pueblecito minero de Hope Canyon, no deja de ser una buena historia con notables pasajes melodramáticos en la que la ironía y la sátira de Twain brillan con particular luz. Mención aparte, la edición, prólogo y notas finales del experto sherlockiano Alberto López Aroca. Fantástico su trabajo, así como la recuperación de ilustraciones de la época y la muy apropiada idea de haber editado esta pequeña joya mediante el método de suscripción, tal y como hizo con muchas de sus obras el propio Mark Twain.

 

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


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