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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

LA CASA DEL SILENCIO

Aunque todos sabemos que el seudónimo preferido del gran Francisco González Ledesma fue el de Silver Kane (bajo cuya divisa escribió unas 1300 novelas), la realidad es que el prolífico y genial Paco Ledesma utilizó algún seudónimo más, aunque no son muchos los títulos que salieron de esos otros heterónimos. Uno de esos seudónimos desconocidos fue el de Taylor Nummy. Con ese nombre escribió una novela en la colección Servicio Secreto (“La casa del silencio”) y  otras tres en la colección Metralla (“Operación Ataúd”, “Mil años de terror” y “Su última bala”). Pues bien, aquí tenemos “La casa del silencio”, y uno no puede decir otra cosa que se trata de un Ledesma puro.

En “La casa del silencio” rastreamos la vida de Bruce Steinback, un soldado que trabaja como químico en la guerra de Corea y allí ha inventado la fórmula de un gas letal. Al conocer la importancia del descubrimiento, sus superiores le envían de inmediato a Nueva York para que siga trabajando en él. Sin embargo, nada más llegar, le atacan en su casa, le disparan y se produce un incendio en el que Bruce Steinback muere. La acción entonces se traslada muchos años después cuando una mujer (Margaret Russell) tiene que inventariar los bienes del difunto señor Steinbak. Antes de vivir en ella el joven químico fallecido, el edificio había sido una clínica mental que tuvo que ser cerrada cuando un paciente mató a uno de los médicos. Y es en este siniestro y maldito edificio de puertas de acero y ventanas alambradas donde se desarrolla la acción de casi toda la novela. Ambiente gótico, sonidos de un violín que descienden de una habitación del tercer piso, el espíritu de Steinback que dicen que se pasea por la casa, Margaret que empieza a tener la sensación de que unos ojos la siguen a todas partes, pesadillas que se mezclan con la vida real y, para rematar la faena, el mayordomo de la casa que es asesinado.

Alrededor de Margaret aparecerán otros personajes: Harry Lester, un joven abogado que comienza a trabajar junto a ella en el inventario (es joven pero habla como si tuviera muchos años); Pat, el hermanastro de Margaret, un hombre conflictivo y con un arma en su poder; y Paola Fulci, la mujer que trabajaba con Steinback y que estaba secretamente enamorada de él.

Una serie de acontecimientos hacen que Margaret desconfíe de su hermanastro y de Harry Lester, pensando que uno de los dos ha podido asesinar al mayordomo. Pero, ¿por qué lo harían? La resolución del caso, como no puede ser menos estando el señor González Ledesma detrás, es un auténtico tour de forcé con sorpresa final incluida.

En fin, una novela magnífica, con una prosa muy poética, muy cuidada, incluso morosa en los detalles. Un estilo que no parecía pegar mucho con las colecciones de quiosco, donde se exigía más acción, una velocidad constante y que sucedieran cosas en cada página. ¿Taylor Nummy preludiaba lo que después sería el inconfundible estilo de Ledesma? ¿Dejó de utilizar ese seudónimo porque ese estilo que proponía resultaba más complejo? Para salir de dudas habrá que leer alguna de las otras tres novelas publicadas bajo el nombre de Taylor Nummy. Antes, eso sí, habrá que encontrarlas.

Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.


agosto 2015
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