LA CANCIÓN MÁS TRISTE DEL MUNDO

musica-triste3Publicado en El Norte de Castilla el 15 de junio de 2018

Alguien me manda la canción más triste del mundo. No sé por qué lo hace. Quizá como complemento a mi reciente oda de amor a “A whiter shade of pale”. Tampoco creo mucho en los algoritmos que deciden algo tan subjetivo como la tristeza empapelada en mi bemol. Tengo mis propias letanías del dolor. Aun así, la historia es conmovedora. La protagonizan Thom Yorke y Rachel Owen. Se conocieron en la Universidad de Exeter hace muchos años. Él se convirtió en cantante y líder de la banda británica Radiohead y ella se especializó en literatura medieval. Aparentemente nunca se casaron aunque algunos hablan de una boda secreta. El caso es que desde 1995 Thom Yorke acostumbra a tocar un tema con su guitarra acústica en los conciertos de Radiohead. Ese tema se titula “True love waits” y ha sido elegida la canción más triste del mundo. Un analista de datos, Charlie Thompson, ha creado un algoritmo para medir la tristeza y melancolía de las canciones y utilizando varios programas ha llegado a esa conclusión. La canción parecía hablar de la infancia perdida y del deseo de volver atrás en el tiempo y Radiohead nunca la había incluido en sus discos pero 21 años después “True love waits” aparece cerrando su último trabajo. La triste historia ha acabado por explotar. El fin de la relación. El dolor. Las cicatrices del pasado que nos matan. La saudade. Y, lo que es peor, unos meses después de la publicación del disco, la prematura muerte de Rachel Owen. Ahora la canción ya no parece dedicada a la infancia perdida. Ese desgarrador lamento del “no te vayas, no te vayas” tiene otro significado. Esta letanía del dolor ha tardado veinte años en reencontrarse. Lavaré tus pies hinchados, ahogaré mis creencias, el verdadero amor espera dentro de áticos embrujados, solamente no te vayas, no te vayas. El canto desesperado de alguien que no está viviendo, que tan solo está matando el tiempo. Un charco en forma de luna. Un corazón roto. Quizá el análisis de datos no sea la forma más romántica de discernir sobre la canción más triste. Quizá. Lo cierto es que en los días azules necesitamos escuchar canciones tristes que plasmen las mismas sensaciones que estamos experimentando. Autodestruirnos para liberarnos. Canalizar emociones. Sobreponernos al dolor. Lo dice alguien que, en su adolescencia, fue un yonqui de Triana. Larga vida a las canciones tristes.

 

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