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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

HEMOS VUELTO

hemos-vueltoPublicado en El Norte de Castilla el 22 de junio de 2018

El fútbol es caprichoso. Muy caprichoso. Tras la fiesta del ascenso, no está de más la reflexión y el echar la vista atrás. Jaime Mata es ahora Dios pero el año pasado no valía ni para jugar en Segunda B (eso decían muchos). De hecho, en verano se buscó con ahínco un delantero centro. Finalmente vino Ortuño que acabó dando la espantada del siglo. Gracias a ello, Mata ha firmado una temporada de ensueño. El fútbol es caprichoso. Jugadores que hace apenas tres meses no corrían y no tenían un mínimo de calidad (eso vomitaban las redes sociales y los foros futboleros) ahora se han convertido en ídolos de una ciudad entera. El fútbol es caprichoso. En el Nuevo José Zorrilla hemos estado todo el año ocho mil personas pero en los tres últimos partidos se ha colgado el cartel de “no hay entradas”. Eso por no hablar de las miles de personas celebrando el ascenso como si no hubiese un mañana. El fútbol es caprichoso. Los mismos que se burlaban de ti cada lunes e insultaban a los jugadores pucelanos (“son malísimos, no valen para nada, no sé cómo puedes ir a verlos”) te pedían entradas para ver los partidos del play off y se enfundaban sus camisetas blanquivioletas con orgullo y devoción. El fútbol es caprichoso. A principio de temporada se fichó a un entrenador que nos prometía el cielo (al menos por su apellido parecía estar en posesión de las llaves) pero por lo único que le recordaremos es por defenestrar a algunos de los mejores jugadores de la plantilla y por su intención de pasar a la historia ejecutando los saques de esquina más estúpidos del universo. El fútbol es caprichoso. Muy caprichoso. Hasta el punto de que una decepcionante dirección deportiva acaba, gracias al ascenso, obteniendo nota de sobresaliente y colgándose la medalla del ascenso a pesar de haber muchas más sombras que luces en su gestión: regalo de nuestros dos mejores centrales, fichajes surrealistas del central austriaco y de un lateral zurdo más verde que el defenestrado Ángel a quien venía a sustituir, tardía destitución del entrenador… Pues sí, a pesar de todo, al final hemos vuelto. El Pucela siempre regresa al lugar del crimen. Ojalá la gente se suba al carro definitivamente aunque mucho me temo que cuando las cosas salgan mal volveremos a ser ocho mil. Bueno, ya somos más que los 300 espartanos de Leónidas. Y más guapos y violetas que ellos.

 

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Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón.

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