EL CEREBRO

el-cerebro-001Margaret Higgins trabaja en una revista y prepara un reportaje sobre unos extraños y revolucionarios experimentos que está llevando a cabo el doctor Finger. A Margaret le ayuda Larsen, un antiguo agente de la CIA que ahora trabaja como periodista. Paralelamente asistimos a la boda de una famosa bailarina de ballet (Stella Finney) y de un profesor universitario (Laurence Roy) que los medios de comunicación están vendiendo como la boda de los nuevos Romeo y Julieta. De forma intempestiva, sin embargo, y en mitad de la luna de miel, asistimos al asesinato de Laurence por parte de su recién estrenada esposa. Todo había sido un complot tramado por el doctor Finger y su amante, la mismísima Stella Finney, para conseguir un cuerpo sano con el que realizar sus investigaciones, unas investigaciones a las que nadie en su sano juicio se prestaría a realizar. Conocemos, entonces, la teoría del doctor Finger y en lo que está trabajando: Manteniendo un cadáver en un ambiente constantemente helado, no se corrompe. Y alimentando el cerebro con riego sanguíneo artificial, corrientes eléctricas y sustancias nutritivas, ese cerebro sigue pensando y viviendo a todos los efectos. Sus reacciones pueden ser estudiadas por medio de un encefalograma que las va dibujando en una tira de papel, de un modo parecido a los sismógrafos que señalan las intensidades de los terremotos. Todo ello, según el doctor Finger, podía representar el avance más grande en toda la historia de la humanidad. Podía representar, en efecto, la posibilidad de conservar en plena actividad el cerebro de hombres ilustres.  Por ejemplo, el cerebro de Einstein podía seguir trabajando y colaborando con otros matemáticos.

A partir de este momento se desencadenarán todos los acontecimientos. Aparecerán nuevos personajes, como un siniestro fotógrafo japonés que colabora con el doctor Finger, o los antiguos socios de Laurence Roy. Pronto empiezan a suceder cosas extrañísimas. El fotógrafo japonés, encargado de realizar una fotografía diaria al cadáver de Laurence Roy, se da cuenta de que en las fotos hay levísimos cambios (la manga de un brazo recogida a distinta altura, el nudo de la corbata distinto, etc) como si el muerto, en algún momento, cobrase vida y saliera del ataúd de cristal refrigerado donde está encerrado. Paralelamente, los antiguos socios de Laurence Roy (que le traicionaron en su momento) van siendo asesinados uno a uno con lo que parece un cuchillo de grandes dimensiones al rojo vivo.

En fin, otra pequeña joya de Silver Kane. “El cerebro” es la cuarta de las novelas que el gran González Ledesma escribió para la colección “La conquista del Espacio”. Las otras tres, de las que ya hemos hablado aquí, fueron “Mil millones de ojos”, “Escrito en el tiempo” y “La casa del frío eterno”, las tres auténticas obras maestras. “El cerebro” sigue la senda aunque el scooby doo final le resta algo de sorpresa y genialidad. De todas formas, sobresaliente novelette de Siver Kane que culmina una aportación gloriosa a la mejor colección popular de ciencia-ficción de los bolsilibros de Bruguera. A ver si por fin algún editor se decide y saca en un volumen estas cuatro pepitas de oro.

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El Norte de Castilla

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