En un valle sombrío, envuelto desde siempre por un sinfín de historias inquietantes, comienza a gestarse un nuevo misterio. Marian, una muchacha del lugar, afirma haber visto hace apenas unos días a Evans, el hombre que habitó la única casa que resistió la devastadora inundación que arrasó la región. Nada tendría de particular… salvo por un detalle: Evans murió hace tiempo, víctima de un brutal hachazo. Desde ese instante, una cadena de muertes inexplicables empieza a sacudir a los habitantes, como si las viejas supersticiones cobraran vida y la maldición del llamado Valle de los Fantasmas se estuviera cumpliendo al pie de la letra. A lo largo de la novela nos encontraremos con un pistolero, un gun-man profesional, que llega al valle con la intención de matar a tres hombres, también con la noticia de que dos maniacos peligrosos se han fugado de la prisión del Estado y con el misterio alrededor de lo que sucede en el valle y del “resucitado” Evans que va in crescendo, con la aparición de su sombrero, de su silla de montar y, sobre todo, con la muerte de los hombres que se acercan a la única vivienda que queda en pie en el valle, todo ello dentro de un escenario continuo de niebla y amenaza que queda compensado con mucho humor, en especial a través del personaje de Laura Holmes, una abogada cuyo conocimiento del Derecho deja mucho que desear. Mientras tanto Marian, cada vez más hostigada por pesadillas y visiones, no deja de repetir: “Alguien más morirá… El fantasma ha vuelto… Se mueve entre la niebla… Está esperando a su víctima… ¡Alguien más morirá!”. Será Lane, el pistolero, el que tenga que resolver el misterio. “¿Existe lo sobrenatural? ¿Podía Evans haber resucitado? ¿Estaba allí?”. Y hacia el valle de los fantasmas se dirigirá Lane buscando respuestas. Las que va a encontrar ni el más fantasioso de los lectores podría adivinarlas…
Silver Kane en su salsa con esta particular y original mezcla de western y fantasía, aderezado con mucho (quizá demasiado) humor. Y aunque los diálogos entre Lane y la cándida Laura Holmes son, a menudo, desternillantes, no favorecen para nada, al menos en mi opinión, el clima sobrenatural y de misterio oscuro tan bien trabajado desde el principio de la novela. En todo caso, y como siempre, entretenidísima novela del señor Francisco González Ledesma, alias Silver Kane.