“Buitres del mar”, la tercera entrega de la serie Pabellón Negro, constituye una nueva lección de Arnaldo Visconti de cómo escribir una novela de aventuras de apenas cien páginas en las que no hay un solo momento de respiro, con varios personajes que se entrecruzan regalándonos adrenalina en estado puro.
En la época en la que reinan los puritanos asesinos del rey Carlos comandados por Cromwell, tenemos, por un lado, al joven Richard Levelyn, el brazo derecho de El Rebelde, con grado de comandante de los clanes irlandeses, que se adentra en la ciudad portuaria de Brixham en busca de información (en esta turbulenta época en la que nubes de espadachines cuidan de imponer su ley por todas las ciudades, puertos y aldeas, sólo un hombre ha osado levantarse en armas contra Cromwell: le llaman El Rebelde, siendo su verdadera condición la de coronel).
Tenemos por otro lado a Belfegor, el pirata más audaz que surcó los mares y que ha sido visto rondar por las afueras de Brixham.
Tenemos, en fin, a Odgen Travers, el prototipo del puritano. Austero, rígido, intolerante, con severidad tajante para todo lo que constituya alegría de vivir. El capitán Travers, considerado el mejor capitán de mar de la flota de Cromwell, tiene tres hijos: Rod, parecido a él, pero de nobles sentimientos; Oliver, nervioso, sensible y odiado por su padre a causa de sus frívolas debilidades; el tercero de sus hijos es la hermosa Priscila. Ella, precisamente, es la que traiciona a Richard Levelyn, que acaba condenado a galeras. Allí conocerá a Juan Machuca, al que llaman El Español, bachiller en Salamanca, y maestro en todas las artes de la picaresca.
El barco que les lleva será tomado por Belfegor y sus hombres que acabarán abandonando a Levelyn, al Español y a los Travers en una misteriosa isla de la que se dice estar poblada por caníbales y por una raza extraña de hombres con cabeza de tiburón y mujeres con triangular cráneo de serpientes.
Lo que suceda en esta peligrosa isla de los mares del Sur y la posterior venganza y castigo a los desalmados piratas capitaneados por Belfegor será el colofón a esta fantástica (otra más) novela de aventuras de Arnaldo Visconti.
Hay que decir (y no será la última vez seguramente que se diga en esta aproximación a la serie Pabellón Negro), que Debrigode pide a gritos una edición cuidada y corregida de sus novelas. Será la mejor forma de reivindicar a Debrigode como uno de los más grandes novelistas de género que ha conocido la literatura española.