CACHITOS

cachitos3Publicado en El Norte de Castilla el 11 de enero de 2019

Fueron los triunfadores de la Nochevieja y, al igual que el año pasado, “trending topic mundial”. En los siguientes días, no se habló de otra cosa que del desternillante programa con el que La 2 dio la bienvenida al 2019.  “Cachitos de Hierro y Cromo” volvió a arrancar una sonrisa a la mayoría de espectadores. Algunos se quejaban de que querían irse a dormir pero las risas se lo impedían. Otros reclamaban directamente un Nobel, un Pulitzer, un Planeta para el de los rótulos. La fórmula es muy sencilla: aprovechar, con un presupuesto mínimo, el fabuloso archivo de TVE apelando a la nostalgia de actuaciones musicales antiguas aderezadas todas ellas con comentarios humorísticos llenos de referencias actuales. El resto ya es puritito desfase de Nochevieja con atracón de polvorones LSD. El disco chino filipino de Enrique y Ana o ya no se hace racismo como el de antes. Marujita Díaz o cuando los chotis tenían letra de reggaetón. La tuna o cómo utilizar su potencial desmoralizador ante el enemigo. Café Quijano con modelitos ideales para abrir una cuenta bancaria en Panamá. Shakira integrada totalmente en nuestra cultura con juicio por fraude fiscal incluido. Dolores Vargas y una coreografía ideal para conseguir el cinturón negro de Kung Fu. Roberto Carlos y un gato triste y azul (“que esté triste, pase, pero si ya está azul y no es Doraemon, igual había que llamar a un veterinario”). Todo ello sin olvidar los parecidos. Pablo Abraira es Astérix, Robin Gibb es Quique San Francisco, Víctor Manuel es Cayo Lara y la voz profunda y grave de Manolo Otero es como la de Mufasa cuando está en celo. Y hablando de voz, Bertín Osborne haciendo de Sinatra y con un rótulo demoledor: La Vox. No nos olvidamos de Conchita Bautista cantando “el pantalón ya no es cosa exclusiva del varón porque las mujeres hemos podido lograr el llevar los pantalones dentro y fuera del hogar” o como diría Abascal, otra vez el feminismo radical. En fin, a pesar del buen rollo y de la unanimidad en los elogios, al día siguiente, y reorganizado el ejército de trolls, la reacción no se hizo esperar, acusando al programa de ser una panda de podemitas mamando del dinero público. Solo los machirulos están tan organizados en las redes como estos tipos que parecen añorar otros tiempos. Claro que, probablemente, sean los mismos. Mal que les pese, en CachitosNochevieja hubo más duende que en un catálogo de tatuajes de los noventa.

AÑO DA VINCI

leonardoPublicado en El Norte de Castilla el 4 de enero de 2019

No podía ser de otra forma. El gran acontecimiento cultural del 2019 será el quinto centenario de la muerte del homo universalis, del superhombre, del considerado el genio más creativo de la humanidad. Leonardo da Vinci, pintor, inventor, científico, arquitecto, anatomista, escultor, filósofo, geólogo, matemático, músico, escritor, ingeniero y un etcétera infinito, murió en el castillo de Amboise el año 1519, así que el mundo entero se volcará en recordar a un hombre que sigue despertando una mezcla de curiosidad y fascinación cinco siglos después. Las primeras ciudades han sido Florencia y Madrid. En la galería Uffizi se expone el Codex Leicester, el gran tratado sobre el agua de Da Vinci, propiedad de Bill Gates que lo compró en 1994 por 30 millones de dólares. En España tenemos, por un lado, la exposición “Los rostros del genio” con el reclamo principal de la Tavola Lucana, cuadro descubierto hace diez años y que algunos consideran el verdadero autorretrato del maestro florentino. Por otro lado, en la Biblioteca Nacional se muestran los Códices Madrid I y Madrid II, dos de los mejores y más memorables manuscritos de los 23 que se conservan del genio de Vinci. Su proverbial curiosidad hizo que se pasara más tiempo llenando hojas con ilustraciones, proyectos y esbozos de extraños artilugios que terminando las obras que había iniciado. Y como Leonardo pensaba y veía el mundo en imágenes, acabó escribiendo sus notas como si fuesen un jeroglífico, encriptando sus cuadernos (siempre llevaba uno encima) con escritura especular, y haciéndose todavía más hermético y misterioso. Leonardo era un universo. Era el universo. De él dijo Freud que se despertó demasiado temprano de la oscuridad de su época. Su visionaria mente estaba, desde luego, muy avanzada para su época. Se estima que debió de llegar a escribir 30.000 páginas de las que sólo conocemos, a día de hoy, 7.000. Alguna de esas páginas perdidas quizá permitiría que comprendiéramos el enigma Blade Runner. No hay que olvidar que el mundo que presentaba la película de Ridley Scott estaba ambientado precisamente en el año 2019, un mundo con robots parecidos a humanos o con automóviles voladores. Solo Leonardo nos podría aclarar la confusión y explicarnos con detalle qué año es en el que veremos realmente atacar naves en llamas más allá de Orión y brillar rayos-C en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser.

POR HACER A TU MUERTE COMPAÑÍA

muerte_companiaTerminando 2018 nos llega una de las sorpresas literarias del año. Una novela extraordinaria y emocionante a partes iguales ambientada en dos momentos muy distintos separados entre sí por casi un siglo. Por un lado, los años veinte y treinta del pasado siglo en una Barcelona sacudida por las luchas obreras de los anarquistas de la CNT, reprimidas brutalmente por el infame pistolerismo auspiciado por el mismísimo gobierno y apoyado por la patronal catalana. Por otro lado, la protagonista (Julia Rovira) investiga en la actualidad la figura de su abuelo, al que nunca conoció, y que sorpresivamente llega hasta ella a través de una misteriosa fotografía en la que aparece junto a Francesc Macià. En ambos planos cabe destacar la presencia de un elemento protagónico muy especial. En el primero, un parque mágico, bautizado como American Lake, que fue inaugurado en 1920 por un adinerado catalán (Artur Costa) que soñó con construir una especie de Montecarlo en la pequeña población de Gavá, a 15 km. de Barcelona. Durante unos años, aquel esplendoroso lugar, con lago, hotel, casino, restaurante e, incluso, un pequeño tren, se convirtió en algo así como el País de las Maravillas… Por otro lado, mientras Julia Rovira rastrea la huella de los espejos (la protagonista ha vuelto a su ciudad, Gavá, veinte años después, algo que suena, por cierto, muy mosquetero, muy Dumas) se reencuentra con su pasado y con un torbellino de emociones repleto de canciones que ponen la banda sonora a su investigación. No puede negarse que el autor sabe encontrar en cada momento la canción ideal que refleja el estado de ánimo de Julia Rovira, y no se puede negar tampoco que tiene un gusto exquisito. Por las páginas de “Por hacer a tu muerte compañía” aparecen desde Springsteen a Bowie, pasando por Neil Young, Lou Reed, Supertramp, Fleetwood Mac, Pink Floyd, Van Morrison, Chicago, Leonard Cohen, Dylan, Queen o Jethro Tull, entre otros. En fin, “Por hacer a tu muerte compañía” se constituye como un sorprendente hallazgo y como una novela necesaria, uno de esos libros que, tras terminar su lectura, tiene la poderosa virtud de acompañarte durante mucho tiempo. Pues eso, relámpagos de azules vibraciones, por hacer a tu muerte compañía, versos para Lorca de parte de Miguel Hernández, una joya memorable que hay que leer, una pepita de oro en la que Albert Villanueva se dedica afanosamente a buscar la herencia de los antepasados, sus tesoros ocultos, sus islas secretas. En “Por hacer a tu muerte compañía” hay un poco de todo: rock, pistolerismo, movimientos anarquistas, el fascinante American Lake (algo así como el Xanadú de Gavá) y Barcelona en llamas. Los recuerdos jugando a la ruleta rusa, el demonio azul del tiempo y el esplendoroso perfume de los héroes añorados. “Por hacer a tu muerte compañía”, el deslumbrante debut literario de Albert Villanueva.

RÍOS DE LUZ

rios-de-luz1Publicado en El Norte de Castilla el 28 de diciembre de 2018

No estamos acostumbrados a que nos premien, a que nos agasajen, a que pongan en valor nuestros aciertos. Cuando ocurre, nos sentimos desconcertados y recelamos de los oropeles, de las alharacas, de los halagos. La forma de ser del castellano hace que incluso nos incomode. Nos va más castigarnos que ponernos medallas. Quizá por eso no se ha dado el suficiente valor al hecho de que Valladolid haya sido elegida (nuevamente) como la ciudad mejor iluminada del mundo. Ha sido una Organización Internacional (LUCI) dedicada a distinguir los proyectos lumínicos más sostenibles, atractivos, vanguardistas y artísticos, la que ha otorgado el importante galardón. Se han hecho eco de la noticia en todo el mundo. Algún imbécil por las redes sociales comentó que Pucela está bien iluminada para que durante la noche puedas estar cara al sol. Una mezquindad más de los que no saben absolutamente nada de nuestra ciudad. Por eso es justo alegrarse por un premio que señala a Valladolid como la ciudad que ofrece la noche más bella del planeta. La historia comenzó hace diez años. Por entonces el Consistorio decidió desarrollar un proyecto que exaltara el impresionante patrimonio monumental de la ciudad. Para ello se recuperó la Esgueva, el río que regaba con sus múltiples brazos Valladolid, ahora transformados por la noche en auténticos ríos de luz. A lo largo del recorrido, hasta 35 de sus mejores monumentos fueron engalanados con trajes de luz. El burdeos violáceo, color institucional de la ciudad, para los edificios de uso cultural; y para los templos e iglesias, el verde, aunque cambiando al morado, al blanco y al rojo dependiendo de los tiempos litúrgicos del año. Un proyecto hecho enteramente con iluminación LED (con ahorro energético de hasta el 40%) en el que se estudió la piedra de cada edificio para determinar la luz más adecuada y para eliminar todo tipo de sombras. Para conseguir, en fin, la noche más hermosa. Y en Navidad, con el Árbol de los deseos, la bola gigante y las luces navideñas, todavía mucho más. Valladolid, la mejor iluminada. La que arde de pasión. Más que una llama, una luz mágica en perfecta simbiosis con la luz apacible y desmayada de la luna. Como decía Nabokov, “nuestra existencia no es más que un cortocircuito de luz entre dos eternidades de oscuridad”. Tal vez sólo podamos aspirar a que ese cortocircuito de luz sea al menos hermoso.

NOS VEMOS EN EL VAR

48275001_1217693761701632_8699065239930404864_nPublicado en El Norte de Castilla el 21 de diciembre de 2018

El futuro nos atropella sin darnos cuenta. Es el signo de los tiempos. La realidad está a punto de desaparecer consumida por pantallas que todo lo controlan y vigilan, dice Juan Villoro. Habla del VAR, ese invento que venía a hacer justicia en el fútbol, ahora convertido en videojuego. El escritor mexicano, en un fantástico artículo titulado “La felicidad interrumpida”, sostiene que lo peor del VAR es que interrumpe el juego y se queja de que van a cargarse el éxtasis de la celebración de los goles. Ahora, efectivamente, la felicidad se ve suspendida durante un minuto hasta que los tipos de las televisiones dan el OK. Hay, sin embargo, algo todavía mucho peor. Habíamos asumido ya que los árbitros son humanos y se equivocan. Eso a pesar de comprobar que casi siempre se confundían a favor del equipo grande. Ahora la cosa es más grave. Villoro incide también en ello: “Si el sudoroso juez llega tarde a la jugada y comete una pifia, nos acordamos de su madre y de la falible condición humana. Si un invisible tribunal electrónico hace lo mismo, pensamos en la mafia rusa”. Dicho de otra forma, preferimos que no nos piten un penalti porque el árbitro se equivoca antes de que no nos lo piten porque los que están en la sala del VAR (con ese nombre seguro que acompañados de unas cañas y unas tapitas) no lo quieran pitar. Es evidente que se multiplica por mil la felonía. Al final, Mendilíbar tenía razón. Él fue el primero que se opuso a este invento. Compara el VAR con el circo, se queja amargamente de que no se enseñan las imágenes que ven los tipos que controlan todo desde Las Rozas y recuerda que en el Mundial las veíamos todos, incluso escuchando las conversaciones entre los árbitros. ¿Qué tienen que ocultar? Visto lo visto, o son unos inútiles los del VAR o no son imparciales. El fin de semana pasado lo sufrimos. En realidad, todo el año. Llevamos 16 jornadas y ni una sola revisión de jugadas que nos podían favorecer (algunas escandalosas como las de Balaídos). En contra, sin embargo, han revisado todo lo revisable. La mayoría de los que estábamos a favor del VAR hemos cambiado de opinión en estos meses. Nos hemos dado cuenta de que una misma jugada la juzgan de forma diferente dependiendo de la categoría de los equipos y nos hemos cansado de que, visto lo visto, sólo sepan roVAR. Ahora, además, con alevosía y Windows.

MUERE, CARIÑO, MUERE

muere-carino-muere-1Nueva joyita del maestro Silver Kane. Dividida en dos partes muy distintas. La primera cuenta la historia de un boxeador, su ascenso fulgurante, los combates amañados y el trágico final al ganar el campeonato nacional tras matar en la lona a su contrincante. La segunda parte, claustrofóbica, algo teatral, atravesada por el terror, el misterio, la duda, la incertidumbre, la intriga, los golpes de efecto, se desarrolla casi por completo dentro de un apartamento (y también el apartamento de enfrente) con la angustia y la incertidumbre de saber si se ha producido un asesinato en uno de ellos. La novela comienza hablándonos del horrible caso protagonizado por Elsa Wolcester y nos avisa de que todo comenzó, sin que ella lo sospechara, dieciocho meses antes en San Luis, a orillas del Mississipi, cuando un promotor de combates buscaba nuevos boxeadores. Es el principio de una historia en la que hay un poco de todo, combates amañados, un boxeador atormentado, un par de bodas al unísono, un aristócrata pusilánime (Lord Trumbely) que ha pasado los últimos años de su vida por el Amazonas estudiando las costumbres de los salvajes y adquiriendo cabezas reducidas de tamaño, un editor de revistas muy crítico con el mundo del boxeo, un libro sin aparente valor que, sin embargo, está siendo buscado por varias agencias de espionaje, un hombre (el boxeador Tom Sabanag) que tras un año desaparecido regresa a Nueva York el mismo día en el que su antigua prometida contrae matrimonio y, en fin, la certeza, por parte de la protagonista, de que su amiga Elsa Wolcester ha sido asesinada esa misma noche, durante la luna de miel. “Había allí algo, algo que hizo estremecer convulsamente a Lorena y obligó a George a taparle brutalmente la boca para que no gritase. Aquel algo era la cabeza de Elsa Wolcester reducida a la tercera parte de su tamaño”. ¿Está realmente Elsa Muerta? ¿Es tan sólo un juego siniestro de Lord Trumbely? ¿O hay realmente algo más? Para descubrirlo tan sólo hay que leer “Muere, cariño, muere”.

ÁNIMO, ANIMAL

animo-animal-003Publicado en El Norte de Castilla el 14 de diciembre de 2018

No acudió. Sigue convaleciente. Algunos esperábamos algo así como una aparición divina. Una revelación. Nos dicen que, tras el infarto que tuvo hace dos años, no le conviene esta avalancha de emociones. Mientras sus amigos y todos sus fieles le recordaban, Luis Eduardo Aute permanecía en celoso retiro. Seguro que le llegó el delirio sanador de miles de fieles al tiempo que un puñado de amigos hacían volar sus versos y cantaban sus canciones logrando que el mundo fuera durante unas horas mucho mejor. De alguna manera Serrat, desde dentro con Silvio, de paso con Ana Belén, Dani Martín señalando las cuatro y diez en el reloj de la belleza y muchos más, todos con el alma en bandolera. Autemoción en estado puro, como dijo el poeta Fernando Beltrán, que le bautizó a la vez como “un relámpago, un yunque, un gamberro del idioma, Sancho Panza del verso”. Fue, más que un concierto, un aullido de ánimo a veinte voces y doce mil corazones, una ceremonia mística de fervor, una celebración litúrgica destinada a espantar tristezas y melancolías. Toda una congregación de devotos entonando a una el mantra del “qué terriblemente es estar vivo, sin el alma de tu cuerpo, sin tu latido”. Con Aute invisible pero más presente que nunca, aparecieron los tambores de Calanda redoblando como diablos exterminadores, haciendo del delirio sordera e imitando los ladridos de luz de un perro calandaluz. Insurrecto genio, renacentista del siglo XXI, autor de más de quinientas joyas musicales capaces de vacunar cicatrices, trovador único y comprometido, nadie como Sabina para recordarle (“decir Aute es decir pasión en vena”), con su paleta de marfil, su caramelo de tristeza, el Caín que canta acuarelas de Dalí, el Abel que pinta novelas dylanianas. Con él llevamos buscando toda la vida rosas en el mar y las hemos ido encontrando poco a poco. Pero son rosas con todavía muchas espinas. Felizmente, él nos sigue vacunando contra los caníbales light, los perros policías y los nuevos vampiros sedientos que intentan conquistar un mundo donde ya nada es verdad. Ni siquiera las mentiras. Ahora me encerraré con mi gurú secreto en mi concierto privado. El nuevo disco del maestro grabado en su última gira. “De la luz y la sombra”. 34 canciones. 2 horas, 22 minutos. Desde hace tiempo, sus canciones y sus poemas se han convertido en mi Biblia. Así que, ¡ánimo, animal! Recuerda que eres amortal.

 

EL AGUILUCHO

el-aguiluchoEl año 1952 asiste a la publicación, por parte de Bruguera, de la colección Iris. Es el canto de cisne de las viejas novelas pulp de aventuras y el punto de partida de lo que se conocerá como bolsilibros (15×10). También constituye para Pedro Debrigode el abandono de su seudónimo más popular (Arnaldo Visconti) antes de convertirse en el padre de la novela negra española con el alias de Peter Debry. La colección Iris tuvo la particularidad de alternar diferentes protagonistas todos ellos nacidos de la pluma de Debrigode. Por un lado se rescataron historias de personajes ya conocidos (El Pirata Negro, El Halcón y Diego Montes) y, por otro, surgió un nuevo personaje, El Aguilucho.

Ricardo Mendoza, al que los ingleses conocen como Dick Mendoza, es el hijo de un buhonero español que recorría la Huella del Dragón. Por tierras indostánicas, alrededor de Ceylán y de la tierra de los Lamas, despliega su rebeldía, su indisciplina y su desacato a toda norma de buen vivir mientras asalta alcobas y destrona tiranos. Conquistador incansable, temerario burlón y dotado del don de varias lenguas además de apuesto, felino y escurridizo. Por su facilidad en encarnar personajes tan opuestos como un derviche saltarín del Ganges, un rajá sikh de las Montañas o un mendigo musulmán con ribetes de poeta del Korán, es conocido también como Cienrostros. Otros apodos que le contemplan son Turbante Sol, Rajá Todo o Emperador Puñales. Sin embargo, Debrigode nos lo dio a conocer con el sobrenombre de El Aguilucho, porque siempre le acompaña un aguilucho, al que recogió recién nacido, que le avisa de los peligros.

En “Sangre en Ceylán” se enfrenta a la todopoderosa Compañía de Indias y restituye el honor de un hombre que había intentado robar una corona valiosa para ser digno del amor de su prometida. En “La furia de Sang Song” se enfrenta a un salvaje que ha derrocado al anterior monarca y que mantiene drogada a la sultana. Lo hace en la Costa de las Perlas, la isla perfumada, un lugar que todas las potencias desean conquistar por sus riquezas y especias. En “La ciudad inexplorada” nos presenta a un auténtico monstruo, Keneth Lawton, el bebedor de sangre, alguien que ha reclutado un tremendo ejército al que conduce a la misión suicida de conquistar la ciudad inexplorada de Anajpur dejando por el camino miles de esqueletos humanos. En “Río Tormento”, última de las novelas del ciclo de El Aguilucho, un capitán de goleta se lanza a la aventura de rescatar a una mujer que ha sido secuestrada. Para ello tendrá que remontar el terrorífico río Tormento donde viven los daycots, guerreros fanáticos adoradores de los dioses del exterminio. Paralelamente, Dick Mendoza decide regresar a Anajpur para saber qué fue de Keneth Lawton. Lo hace también remontando el río Tormento.

En fin, otra serie asombrosa de Debrigode, escrita con una riqueza estilística apabullante, demasiado barroca a veces, casi de espíritu shakesperiano. Llama la atención, desde luego, la capacidad asombrosa de Debrigode para inventar historias y para hacerlo con un lenguaje tan cuidado. Lástima no poder deleitarnos con más aventuras de este prodigioso charlatán, mentiroso embaucador y aguilucho de alcobas que nació, sin más brújula que el azar y la aventura, para vivir inquieto y bullidor. “No soy un loco majadero. Otros buscan la inspiración del mosto y yo la encuentro en mover la lengua fanfarrona. Pero es mi empeño siempre, cumplir lo que fanfarroneo”.

 

UN SÁBADO EN EL HOSPITAL

urgenciasPublicado en El Norte de Castilla el 7 de diciembre de 2018

Voici l’histoire de un sábado en el hospital. La sala de espera de Urgencias llena de gente bullanguera y, en medio del inapropiado guirigay, una enfermera busca a un paciente. Al fin, le encuentra. Está con su novia. Una pareja de poligoneros, chiquitan chiquititan tan tan que tun pan pan que tun pan que tepe tepe, seguramente muy españoles y mucho españoles, al modo y manera ecsta si, ecsta no, esta me gusta, me la como yo. La enfermera le dice que lleva dos horas buscándole, que le han llamado cinco veces por megafonía. El tipo comenta que se había ido a visitar a unos amigos que viven no muy lejos del hospital. La enfermera le recuerda que a allí se va por casos urgentes y no a visitar a amigos, y se marcha cabreada. El chico se queda refunfuñando, quejándose de la tardanza y del sursuncorda, antes de soltar que los moros (palabreja escupida con mala baba y desprecio) acostumbran a tirarse al suelo en los hospitales y a simular convulsiones para que les atiendan los primeros. Mucha gente le da la razón. Un impresentable, incluso, comienza a criticar a los trabajadores del hospital, que si se quejan de mucho curro, de tener que doblar turnos y, a la hora de la verdad, nunca aparecen. Con el transcurso de las horas, me doy cuenta de que el 50 % (y me quedo corto) está allí sin necesitarlo. Hay un cachondeo generalizado, gente de palique o compartiendo videos en el móvil, risas continuas. Los carteles avisan de que las Urgencias están para tratar problemas de salud de aparición brusca y grave y que no deben usarse ni para adelantar citas, ni para realizar pruebas complementarias ni por comodidad. También insisten en que se hable en voz baja y no se utilice el teléfono móvil además de otras indicaciones que la peña se salta por el arco del triunfo. Para terminar el show aparece de repente una familia extensísima que podría haber formado parte de cualquier antología del cine quinqui español y protagoniza una performance inenarrable, chillando, montando bronca e intentando entrar con violencia en los boxes de los enfermos. Al poco surgen policías como en mitad de un Boca-River. Una vergüenza, en fin. Al irme de allí, pasada la medianoche, pienso en todo lo que he visto. Incultura, ignorancia, odio, egoísmo, maldad, estupidez, miseria moral. Falta de empatía, de decencia, de respeto, de solidaridad, de principios. Empezamos así y acabamos votando a Vox. La selva, o sea.

LA CASA DEL POEMA

guadalajaraPublicado en El Norte de Castilla el 30 de noviembre de 2018

Nos ha dejado con el corazón durmiendo en el cráter de un volcán. Solos, desamparados, desconcertados, en fuera de juego. José Manuel de la Huerga, poeta de raza y hacedor de sueños y de salmos como cuchillos, voló a la casa del poema hace unos días. Lo hizo en silencio, de forma callada y tímida, por sorpresa. Robando al mundo el viento y las mariposas. Aquel viento del que hablaba él en sus versos y al que tiraba piedras, tal vez las mismas piedras que llevaba de una esquina a otra en la casa del poema. Compañero de generación, de mesas redondas, de presentaciones, de sueños, de cenas entre camaradas, de vinos furtivos, José Manuel era un tipo generoso que alguna vez me invitaba a dar charlas a alumnos y a profesores a pesar de mi reticencia (quizá porque confiaba mucho más en mí de lo que lo hago yo mismo);  alguien que, en su discurso cuando recogió el Premio de la Crítica de Castilla y León por su memorable novela de revoluciones y cofradías “Pasos en la piedra”, tuvo el espléndido detalle de acordarse de Ariel Conceiro (“que lee mucho e investiga mejor”, así fue como describió al detective de libros), al que citó como alumno transfigurado junto a Ulises, Pedro Páramo, Ismael el arponero o Sara de Ur. De todas formas, al recordar a José Manuel, queda en mi corazón para siempre un viaje mágico y alucinante por México, con la Feria Internacional del libro de Guadalajara como excusa y unas buenas micheladas en bandolera. El recuerdo de nuestras andanzas juntos, al lado del compadre Carlos Fidalgo, los tres desnudando el imperio azteca y sentándonos en la silla eléctrica del DF con el fervor y la alegría de los tres mosqueteros. En fin, que se nos ha ido demasiado pronto dejándonos en el corazón del bosque triste. Nos queda su voz, nos quedan sus libros, sus versos que robaban la luz a la noche cada noche y su corazón abierto como un blues en llamas. “¿Qué se llevan los muertos en el viaje”, se preguntaba en uno de sus versos. Nadie lo sabe. Sólo que nos quedamos solos con lo muertos, con los que nunca más regresarán. Sabemos, eso sí, que una ausencia nos acariciará todos los días. También que el recuerdo acostumbra a cicatrizar como los párpados de los poetas locos. Ahora ya sólo nos queda doblar las lágrimas y guardarlas en maletas, tal y como nos enseñan los viejos manuales de orfebrería de la tristeza.

El Norte de Castilla

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