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Jaime Rojas

La canaleja, crónica social de Segovia

Titular de un negocio

Cuando un veterano de este oficio llega a la jubilación es recurrente preguntarle por el titular que le hubiera gustado dar durante los años de profesión. Como somos correctos, en general, la respuesta suele acercarse a cosas como el fin de las guerras, la que haya en cada momento, o que se ha erradicado el hambre en el mundo. Todo muy aseado y lógico si tenemos en cuenta que el día que uno deja de trabajar supongo que puede ponerse utópico y emotivo porque ya no tiene que elaborar el periódico o el programa para mañana. Y así, como hacen los niños y niñas de colegios religiosos, cuando en el día de la paz les piden que pronuncien un deseo buscan el cumplido en sus respuestas para que los curas, las monjas y el expediente académico se lo agradezcan con un punto más.
A los viejos periodistas les puede pues la corrección al cumplir unos añitos y retirarse de la escena pública, ya sea después de haberse curtido en mil batallas nacionales o internacionales o en el complejo mundo del periodismo de provincias, que tiene tela. A este que firma le ha tocado y le toca esto último y por experiencia les digo que en las guerras locales los kalashnikov a veces llevan balas que solo esquivas por la torpeza de quien las dispara, porque si fueran hábiles serías un cadáver desde el primer minuto. Pero claro si te preguntan el titular que te gustaría publicar, cínico de mí, has de decir que la paz en el pueblo.
Una cuestión de una encuesta entre miles de universitarios me ha roto los esquemas en esto de las respuestas medidas y obvias, por sabidas. Preguntaban a estos chavales que nos sucederán si ‘¿Has empezado o tienes pensado crear tu propia empresa en los próximos años?’ Y uno de cada cuatro asegura que sí, ante mi sorpresa y supongo la de quienes cotejaron los datos. El asunto no termina ahí porque de sorpresa en sorpresa hasta la sorpresa final: esos futuros emprendedores son más que los que aspiran a ser funcionarios. Increíble vencen, aunque es por la mínima, a los que anhelan un sueldo a fin de mes aderezado con una seguridad laboral.
Vivir para ver. Y por ahondar en el sondeo –realizado a 8.601 universitarios, lo que es una cifra significativa, en 65 de los 80 campus que hay en España– ingenieros y arquitectos son los que más se inclinan por abrir un negocio al terminar sus estudios. Y el motivo de este triunfo del emprendimiento radica en que prefieren trabajar en algo que les gusta antes que tener un puesto asegurado. Trato de buscar una explicación de la victoria del riesgo de ser titular de un negocio y creo hallarla en la crisis: visto como está el mercado laboral mejor monto mi propia empresa, que para ser un ‘menosmileurista’ ya me establezco por mi cuenta y a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. Necesitado te veas, claro, que más ‘cornás’ da el hambre, decía el torero.
Con ese argumento, ya no parece tan sorprendente, aunque para mí es ciencia ficción. No me alcanza la imaginación para ver allá por los ochenta a mis coetáneos universitarios, la mayoría empleados públicos de todas las Españas, con un solo pensamiento puesto en abrir un negocio. Era otra época. La de ahora me servirá para que al preguntarme cuando me retire por el titular que me hubiera gustado dar conteste que es este pero que ya se publicó y me toque decir el correcto de la paz en el mundo.

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Sobre el autor

Jaime Rojas, delegado de El Norte de Castilla en Segovia, nos contará, todos los domingos, la crónica social de Segovia, capital y provincia.


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