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Jaime Rojas

La canaleja, crónica social de Segovia

Legión de prohibicionistas

Era 24 de febrero de hace 35 años cuando a mi hermano mayor –entonces por unos meses todavía menor de edad– le preguntaron que había hecho el día anterior, el del intento fallido de golpe de Estado. Sin encomendarse a nadie, así como es él, y asumiendo riesgo, como es su carácter, contestó que había ido al cine a ver una película porno, que ya supongo que por la época sería sólo erótica. Y la explicación fue demoledora: si llegan a triunfar las hubieran prohibido y era la última oportunidad.
La ocurrencia y su consecuente argumento se me quedó grabada y a lo largo de los años siempre pensé que tendría ocasión de hacer algo así, de disfrutar en el minuto postrero de lo que van a prohibir. Sin embargo, el tiempo pasaba y no había manera de pegarme el gustazo de empaparme en el último instante de una futura prohibición. Hasta que llegó esta semana y se oyeron mis plegarias, aunque fuera siete lustros después y de la forma más inesperada y absurda: quieren suprimir una serie de televisión, ‘Cuéntame’, porque dos de sus intérpretes están en los papeles de Panamá.
Esperaba que los prohibicionistas, que ya son legión y de todas las ideologías, antes volvieran sus puros y castos ojos a un clásico: las corridas de toros. O que se fijaran en otra idea genial: quitar de en medio a Santiago Matamoros y dejarlo en Santiago, el del camino, mucho más respetuoso. O que dirigieran su mirada a la caza, a la pesca o, si tienen narices, a la tradicional corta de troncos de los vascos porque pobrecitos los árboles. Pues no, me equivocaba, y ha sido una serie de televisión, tan correcta y acorde al guion que nos hemos hecho los españolitos sobre la Transición y tan deliciosa y encantadora, la última cosa que pretenden llevarse por delante las lanzas purificadoras de quienes todo lo quieren prohibir.
Y ante esta ocasión pintiparada, gamberro de mí, como el niño que come golosinas a hurtadillas, dejé todo y fui corriendo a casa a ver el último capítulo. Una boda, bueno eran dos a la vez, y un aire de despedida se notaba en la trama o, al menos, eso me imaginé al pensar que ya no habría más oportunidades de ver a toda esa gente del ficticio barrio de San Genaro. Además para darlo más morbo, el argumento es que uno de los novios es detenido por evasión de capitales, para reflejar bien aquello que le dedicó Aute a la gente patriota de ese tiempo: yo la bandera la llevo en la billetera.
Satisfecha mi curiosidad, no me causó tanto rechazo ver a los implicados en el asunto, el entrañable matrimonio Alcántara, cuyos actores tienen problemas con Hacienda y de su actuación se desprende la indiciaria comisión de un delito, que algo así  supongo dirá el escrito de la Fiscalía Anticorrupción que investiga a la pareja de la tele. Al parecer tienen dinero en un paraíso fiscal, para trastorno de quienes confunden la ficción televisiva con la grosera realidad. Como lo hacen los directivos de Televisión Española al plantearse eliminar la serie. Puede que la siguiente sea no programar películas de Almodóvar o no emitir los partidos del Barcelona porque juega Messi. Pero desconozco ese próximo paso de los prohibicionistas, aunque yo por si acaso no voy a hacer como mi hermano algo extraordinario, sino lo normal, lo de siempre, no vaya a ser que eso también lo prohiban.

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Sobre el autor

Jaime Rojas, delegado de El Norte de Castilla en Segovia, nos contará, todos los domingos, la crónica social de Segovia, capital y provincia.


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