QUE VIENE CURRO JIMÉNEZ

Y ahora nos quieren vender la moto de que Le Monde ha destapado un escándalo. Como si no supieramos todos que el escándalo ha consistido, desde el primer momento, en mandar a la hoguera a unos cuantos y en tapar las miserias de otros. Negar, a estas alturas, la utilización de todo tipo de sustancias para mejorar el rendimiento en el deporte de alta competición es cosa sólo de cebollinos recalcitrantes. Desde siempre me ha indignado que los beatos del deporte limpio, los mismos que luego exigen marcas y espectáculo, se cebaran con el ciclismo. Con la Operación Puerto todo ha acabado desembocando en una oscura maniobra política del indecente Lissavetzky, obsesionado con apuntarse tantos y autoproclamarse rey de la limpieza. Los periodistas que le bailaban el agua entraron al trapo con poderío y repugnancia. El show estaba montado. Compraron a un exciclista para que soltara por la boquita todo lo que sabía, así, en plan Aquí hay tomate. Abrieron telediarios y llenaron portadas de periódicos (cuando jamás habían dedicado ni un par de líneas a las carreras y al ciclismo propiamente dicho). Con la Operación Puerto se frotaron las manos. Mandaron al paro a cincuenta ciclistas y a un buen puñado de profesionales. La presunción de inocencia estalló por los cuatro costados. Ni juicios ni pollas. Las opiniones del gurú maldito, Eufemiano Fuentes, llenaron los noticiarios. Sin embargo, pronto se supo que más de la mitad de los clientes de Eufemiano eran futbolistas, tenistas y atletas. Le Journal du Dimanche llegó a implicar a Nadal y a cinco jugadores del Madrid. Eufemiano no lo negó pero Lissavetzky perdió el culo por limpiar el nombre de los afectados. Ahora Le Monde vuelve a la carga y los cruzados de la limpieza ya no creen a Eufemiano, ya no creen a Manzano (que ayer mismo insistía en que conocía a futbolistas tratados por el doctor y que “en España a los dioses no se les puede tocar”), y por supuesto no creen a Le Monde, se ponen en plan Curro Jiménez y nos recuerdan lo malos que son los franceses y la envidia que nos tienen (estos ineptos malintencionados desconocen, por ejemplo, que Le Monde ha investigado a todos los grandes deportistas franceses y, entre ellos, al mismísimo Zidane: llegaron a sacar una entrevista a Johnny Hallyday en la que revelaba que su saludable aspecto obedecía a sus visitas a una clínica en Suiza especializada en oxigenación de la sangre a la que acudía Zidane y cuyo tratamiento consistía en la extracción de sangre, su oxigenación y reintroducción). En fin, que no va a ocurrir nada, que el dinero es el dinero, que el pescado ya está vendido, que Lissavetzky va a callarse como un perro y que va a seguir con su ecuación de doping=ciclismo. Que no hay nada como mirar para otro lado y que unos pocos paguen por todos. Y si los franchutes siguen jodiendo, llamamos a Curro Jiménez, no hay problema.

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El Norte de Castilla

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