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Vicente Álvarez

EL FARO DE AQUALUNG

ESCRITORES QUE NO SE MUERDEN LA LENGUA (POR SI SE ENVENENAN)

Cuando un escritor se pone a largar sobre otro escritor, es cuestión de echarse a temblar. Muchos de ellos, no sé muy bien por qué, acostumbran a ser particularmente feroces. Vamos que tienen más mala leche que el hombre lobo haciéndose la cera. Hay ejemplos terribles. Hace poco hablamos de Valle-Inclán y de su lengua viperina. A don Ramón se le perdona todo, claro. A otros, tras leer sus desagradables invectivas, les salvamos de la quema por su condición de guerrilleros profesionales (como Umbral) o de gruñones lenguaraces (como Bolaño). Alguno, en fin, no pasa de ser un gilipollas amargado (como Nabokov). Y no es cuestión de sacar a relucir las peleas de corral protagonizadas por Quevedo, Góngora, Lope y demás clásicos. Allá van, en todo caso, varios ejemplos de la rufianesca literaria que son canela fina; unas peculiares tablas de Moises rociadas con cicuta:
I. “Baroja escribía los adjetivos como suelta un burro sus pedos” (Josep Pla)
II. “Henry James tenía una mente tan perfecta que ninguna idea podía profanarla” (T.S.Eliot)
III. “Octavio Paz es la chochona del PRI” (Raúl del Pozo)
IV. “George Sand sobre todo, y más que ninguna otra cosa, es estúpida como una vaca” (Baudelaire)
V. “Shakespeare nunca hizo ni seis líneas sin un fallo” (Samuel Johnson)
VI. “Solzhenistsy es un mal novelista y un bobo. Esa combinación suele implicar gran popularidad en EEUU” (Gore Vidal)
VII. “La prosa de Gertrude Stein es una morcilla de grasa negra y fría” (W. Lewis)
VIII. “Ya basta de Keats. Yo les suplico: despelléjenle vivo” (Lord Byron)
IX. “La escritura de Virgina Woolf no es más que calceta glamourosa. Estoy segura de que guarda un patrón en alguna parte” (Edith Sitwell)
X. “Con lo mierda que es De aquí a la eternidad, me extraña que el hombre que la escribió tenga esa extraordinaria pinta de estreñido” (Truman Capote)
Estos diez mandamientos de la mala leche se resumen en dos escupidos por Mark Twain al rostro directo de Jane Austen (a la que, por lo que se ve, tenía un especial aprecio): “Cada vez que leo Orgullo y Prejuicio me entran ganas de desenterrarla y golpearle el cráneo con su propia tibia” y “Jane es completamente imposible de leer. Es una lástima que la dejaran morir de muerte natural”.
En fin, que en qué mundo me he metido. Habría sido mucho más productivo entrar en el putrefacto universo del Aquí hay tomate. Desde luego, sería más conocido y ganaría más money (incluso podría vender más libros que escritores de raza como el conde Lequio, Coto Matamoros o Ana Rosa Quintana). Vamos, que estoy por apuntarme al cásting de Gran Hermano….
PD. Por cierto, la mayoría de las referencias cainitas de mis amados compañeros de gremio han sido recogidas por Albert Angelo en un libro muy revelador que me acabo de zampar. Lo digo porque, en la contraportada, el autor reconoce que no le gustan los escritores y que “su feroz defensa de la privacidad le ha llevado, en alguna ocasión, a disparar con munición contra periodistas que pretendían entrevistarle”. Que quede constancia.

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Sobre el autor

Escribe novelas y cosas así. Sus detractores dicen que los millones de libros que ha vendido se deben a su cara bonita y a su cuerpo escultural. Y no les falta razón. www.vicentealvarez.com


diciembre 2006
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