Publicado en El Norte de Castilla el 17 de enero de 2026
Primero fue el ruido y luego vino la furia. Primero vinieron a por los comunistas y yo no dije nada porque no era comunista, etc. La historia ya la sabemos, pero parece que no la hemos aprendido. No vamos a hablar de Venezuela porque los venezolanos ya han dejado claro que no tenemos derecho a hacerlo, aunque muchos de ellos se manifiesten abiertamente en contra del gobierno del país que los ha acogido pidiendo incluso que Trump se pase por aquí y haga lo mismo que ha hecho en Venezuela (no sólo es el bombero torero el que suelta tamaña salvajada). Además, uno ya está muy harto de tener que aclarar que si estás en contra de la invasión yanqui no quiere decir que estés a favor del tirano Maduro. De la misma forma que cuando se critica el genocidio israelí en Gaza no por ello se defiende a los asesinos de Hamas. Es que no habría ni que explicarlo. Huelga decir que no te puedes saltar las leyes internacionales y secuestrar al presidente de una nación soberana. Están siguiendo el mismo patrón que con Sadam Husein, aunque entonces disimularon un poco. Ahora, ni eso. El agente naranja no lo necesita. Lo ha dejado bien claro. La democracia y los venezolanos le importan un carajo. Ya ha descartado elecciones y aclara que él está al mando. Y junto a él, continúa el chavismo. Y continúan las bravuconadas y las amenazas. Anuncia ataques por tierra contra los carteles que según él gobiernan México. Vaticina que Cuba está a punto de caer. Y avisa a Groenlandia de que la va a conseguir por las buenas o por las malas (quizá con la excusa de que las focas de Groenlandia están inundando USA de fentanilo). Haríamos mal en pensar que este tipo es sólo un payaso. Es mucho peor que eso. Algunos psicólogos y expertos en salud mental han trazado un diagnóstico de Trump y sus conclusiones, no por esperadas, resultan menos inquietantes. Estamos, dicen, ante un narcisista patológico, alguien que tiene el mismo trastorno de personalidad que Hitler, un narcisismo maligno que le lleva a creerse por encima de todo. Razón por la cual se burla e insulta a periodistas, a manifestantes y a líderes de otros países. En un discurso en 1939 Hitler se burló abiertamente de Roosevelt, quien le acababa de pedir por carta que no invadiese países independientes. Lo mismo que hace ahora este pandillero de Wall Street burlándose de todos mientras amenaza con intervenir económica, política y militarmente los países que se le opongan. El peligro es terrorífico porque, además de tener en sus manos todos los resortes del poder, cuando un narcisista maligno gobierna un país impone realidades falsas y arrastra a todos a su psicosis. La tríada oscura de la personalidad caracteriza a este engolado fantoche: el narcisismo (un profundo deseo de ser admirado), la psicopatía (insensibilidad y falta de remordimiento) y el maquiavelismo (deseo de lograr un resultado a toda costa). La verdad es que no hacía falta ningún experto para llegar a estas conclusiones. Este matón barriobajero proclama que no necesita la ley internacional y que el único límite de su poder es su propia moralidad. Es un delincuente, un chantajista, un pervertido muy empeñado en que no salgan los documentos del caso Epstein, un maniaco que tendría que estar encerrado en un establecimiento donde no pudiese hacer daño a nadie, un antidemócrata que ya dejó claras sus intenciones en las pasadas elecciones (“votadme y no tendréis que volver a votar”), un tirano que tiene ahora su particular Gestapo, la gente de ICE, que además de torturar y hacer desaparecer inmigrantes, ahora también asesina a los ciudadanos estadounidenses. Lo peor (y lo que más asusta) es que millones de personas lo siguen a ciegas. Estamos en manos de un psicópata, amiguito de otros psicópatas. Y esto va a acabar mal. A Hitler el pueblo alemán lo apoyó abrumadoramente y el mundo se llenó de germanófilos. Ya sabemos lo que ocurrió. A uno sólo le apetece ya hibernar como el oso Yogui y esperar a que llegue el Apocalipsis. Esto se acaba y no hay más que aceptar la ruina, arde Lisboa, Venecia se hunde y se cae la Capilla Sixtina. Lo dijo Aute. Pues eso.