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	<title>EL FARO DE AQUALUNGumbral &#8211; EL FARO DE AQUALUNG</title>
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		<title>MEMORIAS DE UN NIÑO DE DERECHAS</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Nov 2024 12:55:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vicente Álvarez</dc:creator>
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<p>“Madrid había sido visto siempre como corte de los milagros, reino del chotis, villa de la luz de gas, un sarao popular donde la infanta Cristina salía de paseo con el marqués de la Valdavia por los corredores del anacronismo…. En provincias, cuando un muchacho tenía inquietudes, aspiraciones, en seguida empezaba a pensar en irse a Madrid. La juventud masculina emigraba a Madrid para abrirse camino, hacer oposiciones, traficar en tabaco rubio, preparar cócteles en las embajadas, escribir artículos, despachar en Galerías Preciados, dar el timo de la estampita, jugar a la lotería, vender corbatas, enchularse con una vicetiple, o con su madre, ingresar en Hacienda, ingresar en Carabanchel o darse de alta en la homosexualidad”.</p>
<p>En fin, “Memorias de un niño de derechas” se destapa como una crónica original, audaz y fascinante a través de la memoria sentimental de los niños de la guerra, de toda una generación de niños, la del autor, nacidos en zona nacional. Una inclasificable crónica costumbrista de los años de la posguerra a través de los ojos de un niño. Una joya, una más, del maestro Umbral.</p>
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		<title>LOS HELECHOS ARBORESCENTES</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Feb 2024 11:45:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vicente Álvarez</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[LIBROS DE CABECERA]]></category>
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<p>La sinopsis de “Los helechos arborescentes” ya es canela fina: Memorias mágicas de un niño intemporal, Francesillo, que viene de los cuadros tenebristas y va hacia el encuentro alucinante con Franco, pasando por la picaresca del Siglo de Oro y el esperpento de Goya y Valle-Inclán. Historia irracional de España y sus guerras civiles, magno mural expresionista donde el anacronismo es la clave poética y los siglos se dan la mano para bailar el minué sangriento de nuestro sempiterno guerracivilismo. Juego de círculos concéntricos donde el círculo mayor va cabiendo siempre en el menor: España y la Historia, resumidas en sus contiendas civiles, imperiales, coloniales, religiosas. Todas contenidas en la del 36-39 dentro de una casa de lenocinio de Valladolid. Francisco Umbral ha escrito la novela de un niño que vive dos vidas paralelas, complementarias, que se aureolan y justifican una a la otra dentro de su alma escalonada en tres estadios como los tres patios sucesivos de su casa: la cultura, la gente, la soledad. Figuras de la Historia que van y vienen libremente por los siglos como salones, donde se encuentran, se saludan y se matan.</p>
<p>El resultado: una magistral novela que da un repaso a toda la Historia de España de los dos últimos siglos, una maravilla que utiliza la falsa memoria para repasar la historia de España (sus guerras y crueldades), un auténtico retablo ibérico de vastas proporciones protagonizado por Francesillo, recadero de las meretrices, ministro de los gatos huidos, chico de las putas, pícaro en las picardías de Estebanillo González, criatura de memoria mágica y rememorable en la historia irracional de España. Un Francesillo que en el último capítulo acaba diluyéndose en su otro yo, en Paquito, el niño libre, encorbatado, quieto, sometido a biografía, preso de vivo y muerto, a fin de cuentas. De hecho, el final del libro es sublime, con nuestro Paquito dándose cuenta con asombro, durante una misa de Tedeum por la conquista de Valladolid por las tropas nacionales, que Franco está muerto (Franco, qué extraña burla, le había venido a rescatar a Francesillo de la vida y el tiempo, de la intemporalidad donde fue libre: un milagro inverso, una resurrección del revés, o sea).</p>
<p>.</p>
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		<title>EL UMBRAL PUCELANO</title>
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		<pubDate>Thu, 19 May 2022 09:06:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vicente Álvarez</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[EL NORTE DE CASTILLA]]></category>
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		<description><![CDATA[Publicado en El Norte de Castilla el 19 de mayo de 2022 Me doy un homenaje y voy a ver a Umbral al Teatro Zorrilla precisamente el día que cumpliría noventa años. Allí, en la sala de exposiciones, ha estado durante semanas protagonizando una muestra de fotografías en las que Valladolid, la patria de sus [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2022/05/Umbral-libro-a-libro.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft  wp-image-3530" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2022/05/Umbral-libro-a-libro-300x232.jpg" alt="" width="369" height="285" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2022/05/Umbral-libro-a-libro-300x232.jpg 300w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2022/05/Umbral-libro-a-libro-768x593.jpg 768w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2022/05/Umbral-libro-a-libro-1024x790.jpg 1024w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2022/05/Umbral-libro-a-libro.jpg 1349w" sizes="(max-width: 369px) 100vw, 369px" /></a>Publicado en El Norte de Castilla el 19 de mayo de 2022</p>
<p><span style="color: #800080; font-size: 18pt;">Me doy un homenaje y voy a ver a Umbral al Teatro Zorrilla precisamente el día que cumpliría noventa años. Allí, en la sala de exposiciones, ha estado durante semanas protagonizando una muestra de fotografías en las que Valladolid, la patria de sus primeros 26 años, tiene especial protagonismo. Fotos del Archivo de la Fundación Francisco Umbral completadas con ediciones de algunos de sus libros, entre ellos una edición danesa de <em>Mortal y rosa</em> o una japonesa de <em>Las ninfas</em>. En las fotos está el Umbral living la vida Umbral, desnudo con su Olivetti, entrevistando a Marisol, firmando libros, recibiendo premios, bailando  con España (su mujer) o abrazando a su gata Loewe. Lo podemos ver vestido de presidiario. Y en la bañera leyendo un periódico. Y en la tertulia del desaparecido Hotel Florida. Y en la iglesia de San Martín el día de su boda con España (su mujer). Delibes, Cela y lo más granado de la cultura española más la gente chic que protagonizaba las negritas de sus columnas bailan alrededor. Tengo a las catorce novelas de su ciclo vallisoletano como la mejor muestra lírico-narrativa del siglo XX. <em>En busca del tiempo perdido</em> cambiando la magdalena por el lechazo. Los mejores ejercicios espirituales de vallisoletanismo y la luna derramándose todas las noches en cascada sobre el gótico/plateresco de San Pablo. Gloria eterna al juglar que cantó a las mañanas de plata y niebla de Valladolid. Al tipo de los adjetivos asesinos, al que se le aparecían las metáforas como vírgenes, al que vistió su mejor literatura con la arqueología de su infancia y adolescencia a orillas del  Pisuerga. Umbral, o sea.</span></p>
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		<title>LOS CUADERNOS DE LUIS VIVES</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Oct 2019 17:30:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vicente Álvarez</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[LIBROS DE CABECERA]]></category>
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		<description><![CDATA[Continuando con el ciclo de novelas de Valladolid le toca el turno en esta ocasión a “Los cuadernos de Luis Vives”. El año 1996 fue uno de los más prolíficos e interesantes del autor. Aquel año de nieblas y cuchillos editó dos libros memorables, ambos pertenecientes al ciclo de novelas de Valladolid pero, eso sí, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2019/10/1996-Los-cuadernos-de-Luis-Vives-01.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-3031" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2019/10/1996-Los-cuadernos-de-Luis-Vives-01-217x300.jpg" alt="" width="217" height="300" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2019/10/1996-Los-cuadernos-de-Luis-Vives-01-217x300.jpg 217w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2019/10/1996-Los-cuadernos-de-Luis-Vives-01.jpg 353w" sizes="(max-width: 217px) 100vw, 217px" /></a>Continuando con el <em>ciclo de novelas de Valladolid</em> le toca el turno en esta ocasión a “Los cuadernos de Luis Vives”. El año 1996 fue uno de los más prolíficos e interesantes del autor. Aquel año de nieblas y cuchillos editó dos libros memorables, ambos pertenecientes al <em>ciclo de novelas de Valladolid</em> pero, eso sí, con distinta mirada. En “Capital del dolor” tenemos al Umbral novelista mientras que “Los cuadernos de Luis Vives” forman parte de sus personalísimos libros memorialísticos. El tema central en este caso, desarrollado y reelaborado a partir de aquellos viejos cuadernos de Luis Vives que el Umbral adolescente rellenaba de forma compulsiva, no es otro que su vocación literaria o cómo el Umbral joven va convirtiéndose en escritor.</p>
<p>«A mí me ha envejecido el éxito, la popularidad, más que el tiempo, y ahora, cuando reescribo los cuadernos adolescentes de Luis Vives, hago en ellos mi testamento literario y humano, porque desvelando el que fui, agoto el que soy».</p>
<p>En estos cuadernos donde retrataba líricamente el Valladolid de posguerra, Umbral asegura haberse confesado como nunca. Por ellos aparecen sus amigos, sus primeros trabajos, sus recuerdos, sus lecturas, sus primeros escarceos con el sexo, con las putas, con los escritores locales. Paseamos con él por el enclave azteca y asilvestrado de Valladolid, allí por donde duerme la ciudad filipense su sueño nocturno, caminamos por los alrededores de San Pablo y San Gregorio, visitamos las tabernas infames de Santa Clara, de las Delicias, de la Rubia. También nos adentramos en el Campo Grande donde el autor iba, más que a descubrir grutas secretas o altos palomares, a posar ante sí mismo como un Shelley de pueblo, aislado en un banco y con un libro en la mano. Había comenzado su cruzada de forzado dandismo en lucha continua contra un ambiente provinciano asfixiante. Con su abrigo con cuello de garra del que no prescindía ni para ir a la carbonería se había convertido en un Espronceda de la ciudad tolteca. Era su uniforme de poeta que defendía a sangre y fuego porque, aunque anticuado, era como una particular cota de malla que le defendía y le diferenciaba del resto. Antes de haber publicado nada, su indumento era su escritura, la forma, en fin, de levantarse contra la grisalla de la época, al igual que otros muchos. Y ahí entran un buen puñado de artistas y poetas que pasan por los cuadernos de Luis Vives, desde Capuletti a Delibes, desde Jorge Guillén a Jiménez Lozano. Todos ellos formando parte de sus nichos de complicidad con sede en la Casa de Zorrilla o en la Casa de Cervantes, lugares donde el Umbral adolescente iba a aprender y a pasar los domingos con frío pero con versos. Según cuenta él mismo en sus añorados y gastados cuadernos, el libro narra en el fondo la destrucción de un poeta previa a la construcción de un prosista, aunque en realidad lo que narra es la arqueología de un escritor y la deuda que mantiene con sus recuerdos. Entre ellos, el más importante, el de su madre, convertida por presencia o ausencia en la verdadera protagonista. “Éste es el personaje literario del que he usado y abusado en mis libros. Como más o menos he apuntado más arriba, qué hacer cuando la propia madre se convierte en literatura. ¿Hasta qué punto la amo y hasta qué punto la utilizo, como a cualquier otra mujer? Es la cualidad devorante de la literatura, que se alimenta casi exclusivamente de pasado, o sea de memoria. La literatura no es sino la memoria sometida a la gramática”. Amén.</p>
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		<title>LEYENDA DEL CÉSAR VISIONARIO</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Aug 2017 08:52:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vicente Álvarez</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[LIBROS DE CABECERA]]></category>
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		<description><![CDATA[“Principiando julio del 36 y terminando el curso, Francesillo había salido para la provincia a pasar el verano. Como las cosas no se estaban muy quietas en la política, don Manuel Azaña retenía a su gente en Madrid, y Clara, la madre de Francesillo hubo de retrasar un poco sus vacaciones, el reunirse con su [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2017/08/leyenda-cesar-visionario.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-2489" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2017/08/leyenda-cesar-visionario-177x300.jpg" alt="leyenda-cesar-visionario" width="177" height="300" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2017/08/leyenda-cesar-visionario-177x300.jpg 177w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2017/08/leyenda-cesar-visionario.jpg 424w" sizes="(max-width: 177px) 100vw, 177px" /></a>“Principiando julio del 36 y terminando el curso, Francesillo había salido para la provincia a pasar el verano. Como las cosas no se estaban muy quietas en la política, don Manuel Azaña retenía a su gente en Madrid, y Clara, la madre de Francesillo hubo de retrasar un poco sus vacaciones, el reunirse con su hijo en la vieja casa hidalga de los abuelos”. Así empieza la cosa, con nuestro ya conocido Francesillo saliendo de Madrid y aterrizando en “provincia” (así, sin definir mucho, recurriendo más bien al corazón de la España nacional), donde sufrirá los horrores de la guerra. El lugar al que va, con la casa familiar convertida, para su sorpresa, en convento y cárcel, podría ser la recurrente Valladolid, donde se centra todo el ciclo narrativo umbraliano en torno a la guerra y las memorias de juventud y adolescencia; sin embargo en “Leyenda del César Visionario” se juega a la confusión: a veces se habla de un Burgos salmantino y militar y otras de una Salamanca burgalesa y campamental. Da lo mismo, sabemos dónde está el alter ego de Francisco Umbral y de lo que nos habla. “En un Burgos salmantino de tedio y plateresco, en una Salamanca burgalesa de plata fría, Francisco Franco Bahamonde, dictador de mesa camilla, merienda chocolate con soconusco y firma sentencias de muerte&#8221;.</p>
<p>“Leyenda del César Visionario”, galardonada con el Premio de la Crítica, es un ejemplo perfecto de la narrativa umbraliana. En ella asistimos a dos tramas que se mezclan y se confunden magistralmente. Por un lado las peripecias de nuestro Francesillo, aquí convertido en mozo de imprenta a las órdenes de Giménez Caballero y pronto obligado a participar en pelotones de fusilamiento, y por otro al retrato inmisericorde de la figura de Francisco Franco, un dictadorzuelo de camilla que asiste impertérrito y provocador a las discusiones que entablan, alrededor de él, sus colaboradores, muchos de ellos la flor y nata de la intelectualidad española de la época. Al menos de los que estaban en la zona nacional, en las viejas ciudades castellanas en mitad de esta España eterna, en el campo y las pequeñas ciudades agrarias donde primero triunfó el levantamiento “porque aquí es donde está la España de siempre, una herencia de siglos, en las catedrales y en las costumbres”. La galería de personajes famosos que aparecen es apabullante. Gracias a ellos asistimos al enfrentamiento, al rencor, a la violencia soterrada, al miedo, a todo lo que lleva implícita, en definitiva, la guerra. En paralelo, seguimos las peripecias de Francesillo, sus amores, su descubrimiento del sexo pero también de la muerte, su particular relación con un capitán homosexual que le anda rondando, pero también con la chica de la pensión y con una novicia muy peculiar que se aparece a los presos todas las noches. Y no es la única aparición. Por allí, anda también el espectro de José Antonio apareciéndose a diestro y siniestro. En fin, otra obra maestra del maestro.</p>
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		<title>LA FORJA DE UN LADRÓN</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Jul 2017 08:27:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vicente Álvarez</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[LIBROS DE CABECERA]]></category>
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		<description><![CDATA[Continúo con mi proyecto de leerme todo el ciclo umbraliano de novelas de Valladolid. “La forja del ladrón” es otro de esos títulos fastuosos y proustianos ambientados en la pequeña ciudad plateresca y salvaje. La España de posguerra y la frontera entre la adolescencia y la vida adulta: los dos puntos en común de todas [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2017/07/la-forja-de-un-ladrón.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-2475" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2017/07/la-forja-de-un-ladrón-184x300.jpg" alt="la-forja-de-un-ladron" width="184" height="300" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2017/07/la-forja-de-un-ladrón-184x300.jpg 184w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/3/2017/07/la-forja-de-un-ladrón.jpg 447w" sizes="(max-width: 184px) 100vw, 184px" /></a>Continúo con mi proyecto de leerme todo el ciclo umbraliano de novelas de Valladolid. “La forja del ladrón” es otro de esos títulos fastuosos y proustianos ambientados en la pequeña ciudad plateresca y salvaje. La España de posguerra y la frontera entre la adolescencia y la vida adulta: los dos puntos en común de todas estas novelas memorables que, más que novelas independientes, conforman en realidad un único ciclo narrativo, una grandiosa (por calidad y extensión) única novela. Francesillo, el protagonista de otras obras, regresa con toda su carga picaresca y emotiva. En esta ocasión convertido en un adolescente sin escrúpulos, ni otro referente moral que su madre -tísica, pobre, viuda de un rojo- con la que escapa de la realidad yendo al cine. Un ensayo sobre el origen del mal. Un paseo por la España de los 40 que fue Premio Novela Fernando Lara 1997.</p>
<p>Aunque, como siempre, el verdadero protagonista de las novelas de Francisco Umbral es el estilo, siempre deslumbrante, siempre enjoyado, siempre certero, metafórico, adjetivado, lírico e inmensamente bello, en esta ocasión viene aderezado con continuas y conmovedoras referencias a las películas que el joven protagonista ve con su madre; así por allí aparecen Humphrey Bogart<em>, </em>Greta Garbo<em>, </em>Rita Hayworth<em>, </em>James Stewart<em> o </em>Glenn Ford; y por allí se habla de Casablanca, Capitanes intrépidos, El pequeño lord, El forastero o Gilda… Paralelamente, asistimos a la agitada vida sentimental de Francesillo, jalonada de encuentros amorosos protagonizados por muchachas imposibles, desde una nudista de la Sección Femenina hasta la nieta de un millonario que no acaba de morirse, pasando por la hija de un voluntario de la División Azul al cual roba durante un tiempo. Porque en eso consiste el proyecto de vida de Francesillo, en robar, en ser como uno de esos ladrones elegantes que ve en el cine. Además, Francesillo pronto comprende que ser ladrón le gusta, entre otras cosas porque es la única respuesta que encuentra a la cabronada del mundo.</p>
<p>“Íbamos al cine huyendo de la tristeza del hogar, del rumor de la Singer, de las enfermedades, del miedo, el hambre, la miseria, íbamos al cine para hacer algo juntos, la viuda y el huérfano de un rojo, como un pareja hermética, infranqueable, distanciándonos un poco del resto de la familia, y quizá el cine era la disculpa para estar juntos y ser realmente madre e hijo. Íbamos al cine como al último refugio de sombra y calor en los bosques ciudadanos del invierno y la posguerra, aquello nuestro era una huida, una evasión, una cueva cálida y anónima donde no éramos más que una madre y un hijo”.</p>
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		<title>LAS SEÑORITAS DE AVIÑÓN</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Apr 2010 17:49:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vicente Álvarez</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[LIBROS DE CABECERA]]></category>
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		<description><![CDATA[Otra novela inclasificable de Umbral. ¿Retablo del siglo XX, novela/saga, memoria umbraliana? “Un tal Pablo Picasso andaba por la ciudad haciendo retratos a las señoritas que se dejaban: la Tía Algadefina se dejó y la sacó en bolas”, es el comienzo de una novela en la que descubrimos que las tías de Francesillo, habitual alter [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><IMG style="WIDTH: 152px; HEIGHT: 249px" id=img_0 class=imgizqda src="/vicentealvarez/wp-content/uploads/sites/3" width=187 height=255>  <P style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class=MsoNormal><SPAN style="FONT-FAMILY: Arial; FONT-SIZE: 10pt">Otra novela inclasificable de Umbral. ¿Retablo del siglo XX, novela/saga, memoria umbraliana? “Un tal Pablo Picasso andaba por la ciudad haciendo retratos a las señoritas que se dejaban: <?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" /><st1:PersonName ProductID="la T?a Algadefina" w:st="on">la Tía Algadefina</st1:PersonName> se dejó y la sacó en bolas”, es el comienzo de una novela en la que descubrimos que las tías de Francesillo, habitual alter ego de Umbral, fueron las verdaderas modelos de “Las señoritas de Aviñón” (y es que “no hay más que mirar el cuadro para comprender que aquellos desnudos no son de meretrices de Barcelona, sino de señoritas bien de Madrid”).<?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /><o:p></o:p></SPAN></p>
<p> <P style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class=MsoNormal><SPAN style="FONT-FAMILY: Arial; FONT-SIZE: 10pt">Francesillo nos va descubriendo, en forma de memorias a la manera de Umbral (alguien que no inventaba un mundo sino que se lo inventaba desde el más puro engaño), las décadas inmediatamente anteriores al estallido de <st1:PersonName ProductID="la Guerra Civil." w:st="on">la Guerra Civil.</st1:PersonName> Por la casa familiar (y más concretamente por el cocido de los jueves) pasaron todos los que luego se llamaron del 98, así como algunos modernistas. Por allí pasaron Picasso, Unamuno, Alfonso XIII, Ruben Darío, Machaquito, La bella Otero, Pardo Bazán, los Primo de Rivera, Valle Inclán, Azaña,<SPAN style="mso-spacerun: yes"> </SPAN>el Marqués de Bradomín y muchos otros. En medio de una Gran Vía que trepidaba de tranvías y charlestón, y enganchados al placer de la palabra y al imperio jugoso del adjetivo, he aprendido junto a Umbral, señoritas de Aviñón mediante, que “el cubismo es la geometrización de un gran culo de mujer”, que “el recuerdo del amor es siempre mejor que el amor” y que “las mujeres que no aman de verdad siempre hacen mucho daño”. Además he aprendido, como Francesillo, a manipular los textos, o sea a ser escritor. <o:p></o:p></SPAN></p>
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		<title>EL DÍA EN QUE VIOLÉ A ALMA MAHLER</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Dec 2009 11:35:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vicente Álvarez</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[LIBROS DE CABECERA]]></category>
		<post_tag><![CDATA[umbral]]></post_tag>

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		<description><![CDATA[Cada pocos meses hay que regresar a Umbral, umbralizarse un poco, aprender a vivir eternamente rastreando adjetivos. Umbral no escribía novelas, Umbral era un género en sí mismo: un escritor de raza que escribía tosiendo metáforas. Alguien que mezclaba como nadie el hiperrealismo delincuente con el cubismo desnudo, la prosa canalla con el adjetivo imposible, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><IMG id=img_1 class=imgizqda src="/vicentealvarez/wp-content/uploads/sites/3">  <P style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class=MsoNormal><SPAN style="FONT-FAMILY: Arial; FONT-SIZE: 10pt">Cada pocos meses hay que regresar a Umbral, umbralizarse un poco, aprender a vivir eternamente rastreando adjetivos. Umbral no escribía novelas, Umbral era un género en sí mismo: un escritor de raza que escribía tosiendo metáforas. Alguien que mezclaba como nadie el hiperrealismo delincuente con el cubismo desnudo, la prosa canalla con el adjetivo imposible, alguien que poseía un estilo único e inventaba el lenguaje a cada momento. <?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /><o:p></o:p></SPAN></p>
<p> <P style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class=MsoNormal><SPAN style="FONT-FAMILY: Arial; FONT-SIZE: 10pt">“El día en que violé a Alma Mahler” tiene algo de novela light, de novela erótica, de novela policíaca y de tragedia griega en béisbol. Todo Umbral está en ella, con sus virtudes y sus defectos (“El marido de Rita no ha venido. Ya saldrá en otro capítulo. Mi dudoso talento novelístico no da para meter más gente en una misma escena”). En esta novela de 1987 hay de todo: un dictador latinoché, asesino de cólera y patíbulo; su nieta, con parecido a una folclórica, a una actriz pompeyana y a Rita Hayworth; Breton y Nadja en <?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" /><st1:PersonName ProductID="la Plaza Dauphine" w:st="on"><st1:PersonName ProductID="la Plaza" w:st="on">la Plaza</st1:PersonName> Dauphine</st1:PersonName> de Paris; una niña que va y viene en bicicleta rosa y que habla con los delfines; un pintor que sólo pinta cuadros 3&#215;3 completamente blancos y que piensa que al monje blanco de Zurbarán le sobra el monje; el propio autor, vestido sólo con una sábana/clámide (como un griego en la carretera de <st1:PersonName ProductID="La Coruña" w:st="on">La Coruña</st1:PersonName>), convaleciente en su dacha; y una cabra, de nombre Alma Mahler, que se come libros de Mesonero Ramos, Enrique Larreta y Ruiz Alarcón. También hay, en esta originalísima/umbraliana novela, asesinos a sueldo, una mina de pirita de cobre escondida en <st1:PersonName ProductID="La Almudena" w:st="on">La Almudena</st1:PersonName>, un catálogo de bragas del corteinglés, un maestro de esgrima, un duelo a pistola en <st1:PersonName ProductID="la Casa" w:st="on">la Casa</st1:PersonName> de Campo, un marido de cornamenta encandelabrada, una muñeca tamaño natural dentro de un cubo de poliuretano/polivinilo y un equipo de béisbol transmutado en coro griego.<o:p></o:p></SPAN></p>
<p> <P style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class=MsoNormal><SPAN style="FONT-FAMILY: Arial; FONT-SIZE: 10pt">“Me aburre estar en el centro de esta novela policíaca. Yo lo que quería era escribir una novela de amor y surrealismo. Lo que pasa es que las novelas (Norman Mailer llamó a la novela <st1:PersonName ProductID="La Gran Puta" w:st="on"><st1:PersonName ProductID="La Gran" w:st="on">La Gran</st1:PersonName> Puta</st1:PersonName>), como las mujeres, le llevan a uno por donde quieren”. Pues eso.<o:p></o:p></SPAN></p>
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		<title>ITINERARIO SENTIMENTAL POR LA CAPITAL DEL DOLOR</title>
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		<pubDate>Sat, 29 Aug 2009 17:01:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vicente Álvarez</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[EL NORTE DE CASTILLA]]></category>
		<post_tag><![CDATA[umbral]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.elnortedecastilla.es/vicentealvarez/?p=600</guid>
		<description><![CDATA[Publicado en el suplemento ARTES de El Norte de Castilla el 29 de agosto de 2009 Mucho se ha hablado de la influencia de Valladolid en la literatura de Francisco Umbral y de cómo la ciudad del Pisuerga se convirtió en referencia constante en sus libros. Nadie puede negar, desde luego, que una buena parte [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><IMG class=imgizqda id=img_0 height=172 src="/vicentealvarez/wp-content/uploads/sites/3" width=257>Publicado en el suplemento ARTES de El Norte de Castilla el 29 de agosto de 2009</p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><SPAN style="FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Arial">Mucho se ha hablado de la influencia de Valladolid en la literatura de Francisco Umbral y de cómo la ciudad del Pisuerga se convirtió en referencia constante en sus libros. Nadie puede negar, desde luego, que una buena parte de sus novelas nace de Valladolid y por Valladolid. Son crónicas stendhalianas de la pequeña ciudad plateresca, novelas de ambiente provinciano con Valladolid siempre al fondo y el marco indeleble del artista adolescente que se inicia en los misterios de la vida. El inolvidable Paco Umbral lo recordaba con añoranza y júbilo, como se recuerda siempre la niñez y la adolescencia. «Valladolid, mi Valladolid de entonces, era un fiesta. Una fiesta triste y negra, de guerra y de luto, pero cantaba la edad dorada de la infancia y yo era un niño en una calle larga y fría, calle de San Blas, con huertas y monjas y ebanistas y sombrererías. Habían puesto en las fachadas unos carteles como para anunciar la guerra, carteles con alambradas y palomas, y cascos y cañones. Los moros y los regulares venían al anochecer. Los regulares pasaban en sus camiones, desde Capitanía, y los moros aparecían, lentos, entre las sombras de <?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" /><st1:PersonName w:st="on" ProductID="la Plaza">la Plaza</st1:PersonName> de San Miguel”.<?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /><o:p></o:p></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><SPAN style="FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Arial">Francisco Umbral pasó frío y hambre en su casa de la plaza de San Miguel, estudió en la escuela José Zorrilla, trabajó como botones en el Banco Central, acudió a tertulias literarias en la cafetería Maga y en el Hostal Florido y comenzó a trabajar en “El Norte de Castilla”, el gran periódico de la ciudad, con sus “letras góticas, muy negras, sobre gran fondo blanco, una catedral de periodismo”. Para entonces ya sabía que su destino era la literatura. Se había envenenado con la magdalena de Proust y el láudano baudeleriano, vivía en el paraíso artificial de los toros de Guisando de la sala de máquinas del periódico y se vestía de Espronceda hasta para ir a por un kilo de carbón a la carbonería.<o:p></o:p></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><SPAN style="FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Arial">El templo de la infancia y adolescencia del autor, atravesado por la espada de estaño de <st1:PersonName w:st="on" ProductID="la Esgueva">la Esgueva</st1:PersonName>, protagonizaría un buen puñado de novelas de Francisco Umbral. Novelas de infancia cruel y adolescencia atroz que no le impedirían practicar unos ejercicios espirituales de vallisoletanismo que le encumbrarían a las más altas cotas de la literatura hispánica. Umbral fue un desvencijado niño más de la guerra que comió, junto a otros muchos niños, el pan negro de salvados y la tajada del miedo. Por eso, siempre sostuvo que Valladolid, una ciudad que todo lo había tenido y todo lo había perdido, era para él la melancolía. Era memoria, lirismo, temor y temblor, ciudad levítica, ciudad de procesiones y culpas, provincia de tedio. Es curioso que, a pesar de que Valladolid es la gran protagonista de la mayoría de sus obras, casi nunca es citada por su nombre (a diferencia de Madrid, su otra ciudad, que no deja de ser citada). Los libros de Madrid son del presente. Los de Valladolid son del pasado. En los primeros, aparece el Umbral más prosista. Las “novelas vallisoletanas” son eminentemente líricas. Nadie duda, a estas alturas, que Umbral vistió su mejor literatura con la arqueología de su infancia y adolescencia a orillas del Pisuerga. El mismo Umbral lo dejó dicho: “<STRONG><SPAN style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-FAMILY: Arial; mso-bidi-font-weight: bold">Vieja ciudad. Pequeña ciudad. A veces vuelvo a la ciudad de provincias, gris y melancólica, ayer perfil de galeón, hoy navío desguazado, de donde han nacido alguno de mis libros –los pocos que merecen la pena leerse-, y donde ha nacido uno mismo, aunque uno no haya nacido allí”.<o:p></o:p></SPAN></STRONG></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><STRONG><SPAN style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Arial; mso-bidi-font-weight: bold">En 1996, Francisco Umbral publicó una de sus “novelas vallisoletanas” más memorables.<IMG class=imgdcha id=img_0 height=223 src="/vicentealvarez/wp-content/uploads/sites/3" width=138> A la habitual atmósfera de sus novelas de niñez y adolescencia ambientadas en Valladolid, en “Capital del dolor” el escritor nos habla de la guerra civil, íntima y cruel, en la pequeña ciudad. En ella, Valladolid no sólo vuelve a transformarse en la pequeña ciudad de tedio y plateresco y a convertirse en el escenario de su educación sentimental. En “Capital del dolor”, además, aparece la guerra en toda su crudeza y asistimos al complicado proceso de maduración entre muertos y sexo que tiene que vivir nuestro escritor. La ciudad que al principio es sólo un precioso magnolio en el patio de las Teresianas acaba siendo el eco de las campanas de las Clarisas y el de los partes de guerra que escupían los altavoces de <st1:PersonName w:st="on" ProductID="la Plaza Mayor.">la Plaza Mayor.</st1:PersonName> En “Capital del dolor” vivimos el traumático paso de la ciudad del alegre colorido de los pavos reales al blanco y negro de las pistolas de los falangistas. Por el camino nos empapamos del vagabundeo fabuloso de Paulo (alter ego del escritor) en torno a la soñada ciudad y aprendemos de memoria un mágico itinerario sentimental.<o:p></o:p></SPAN></STRONG></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><STRONG><SPAN style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Arial; mso-bidi-font-weight: bold">La calle de <st1:PersonName w:st="on" ProductID="la Pasi?n">la Pasión</st1:PersonName> es “larga y misteriosa, con iglesias y menestralía”; <st1:PersonName w:st="on" ProductID="la Plaza Mayor">la Plaza Mayor</st1:PersonName> es “espaciosa, mal lograda, con su acera de San Francisco, salón de la vieja corte, y la estatua del Conde Ansúrez”; <st1:PersonName w:st="on" ProductID="la Fuente Dorada">la Fuente Dorada</st1:PersonName>, “con soportales y fotógrafos”, es una “plaza irregular, de plano inclinado, como una plaza soñada por Chirico, el italiano de moda”; el despeñadero de la calle Angustias, “de una plata sucia, de un adoquinado ilustre, toda de tiendas y teatros”, acaba convirtiéndose en una especie de “descenso a la judería castellana, como el secreto vaginal y viejo de la ciudad”; la casa de Cervantes es “céntrica y hundida, sombría y bella, prestigiada de yedras y perfumada de maderas antiguas y cuarterones”; la catedral es “grandiosa como una tumba de gigantes, fría como las bodegas de Dios, frustrada como una gran nave que se hunde, escorada, inmensa, descomunal y fea”; el bar Cantábrico, en <st1:PersonName w:st="on" ProductID="la Plaza Mayor">la Plaza Mayor</st1:PersonName>, esquina a la calle de Santiago, es “capilla sixtina del vino y primera catedral del cubismo decorativo, con sus chicas penagos vestidas de parisinas para tomar el aperitivo”.<o:p></o:p></SPAN></STRONG></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><STRONG><SPAN style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Arial; mso-bidi-font-weight: bold">El Teatro Calderón, que al principio se nos presenta como “corralada enorme de la cultura local, con un siglo XIX dormido en sus terciopelos rojos, con sueño de peluche, con un pasado reciente ilustrado en sus pasamanos de oro y sus barandales de alta comedia”, es asaltado al principio de la guerra por unos “políticos grises y unos madrileños azules, violentos, negros, refulgentes de hebillas y pistolas”. La guerra mata, en poco tiempo, la infancia y la adolescencia de Paulo. Porque la guerra no es más que una interminable procesión de muertos. Y Paulo tiene cada vez más amigos fusilados. <o:p></o:p></SPAN></STRONG></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><STRONG><SPAN style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Arial; mso-bidi-font-weight: bold"><IMG class=imgizqda id=img_0 height=207 src="/vicentealvarez/wp-content/uploads/sites/3/167713_umbral.bmp.jpg" width=140>Los lugares de los fusilamientos se convierten, a partir de ese momento, en un terrible vía crucis donde destacan, con letras negras, tres sitios emblemáticos de la ciudad: “Cocheras”, el Campo Grande (en la novela, el Frondor) y el cerro de San Cristóbal. “Cocheras” estaba por el paseo de Filipinos y era donde se habían guardado los viejos tranvías, azules y amarillos, “hasta que llegaron los falangistas y convirtieron a los tranvías en cárceles, para arrestar ugetistas y fusilar poetas”. La cuerda de presos llegaba andando a media tarde, con el Frondor bien regado, “desde donde llegaba un hechizo verde</SPAN></STRONG><SPAN style="FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Arial"> del interior del parque modernista, y el grito de los pavos reales ponía un versallismo agrio y elegante sobre el rugido de la pólvora y los colores sucios de la guerra”. La represión militar tiene lugar en el cerro de San Cristóbal donde acuden las gentes para asistir a los fusilamientos, “como las tricoteuses de París que iban a hacer calceta a la sombra de la guillotina”. El cerro de San Cristóbal es “piedra y cielo, plata y sangre, y las elegantes de la ciudad llevan sombrillas blancas, anacrónicas y alegres, para protegerse del sol casi vertical, “guilleniano”, que ilumina con su grandeza siniestra el ritual de los fusilamientos&#8221;. <o:p></o:p></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><SPAN style="FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Arial">En ocasiones, sobre todo al principio, el itinerario sentimental no es tan agrio en la ciudad tolteca y salvaje “donde la luna se derrama todas las noches en cascada sobre el gótico plateresco de San Pablo”. Paulo se inicia como un príncipe blanco en el sexo con Rosa Luguillano, la puta por excelencia de la ciudad, y el camino hasta llegar allí es un “<STRONG><SPAN style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-FAMILY: Arial; mso-bidi-font-weight: bold">camino de plateresco y juzgados, de palacios y reyes Católicos, la entraña histórica de la ciudad, un camino de rías populares y torres góticas, el camino de <st1:PersonName w:st="on" ProductID="la Esgueva">la Esgueva</st1:PersonName>, de los tontos al sol, de las clarisas, de la infancia y los entierros”. Luego llega el amor con Constitución, la hija de un ferroviario, porque “¿qué diferencia hay entre la fascinación por una chica ferroviaria y la fascinación por un cisne de Rubén?”. Con ella pasea por la barriada ferroviaria, por <st1:PersonName w:st="on" ProductID="la Plaza Circular">la Plaza Circular</st1:PersonName> y por la calle de <st1:PersonName w:st="on" ProductID="la Estaci?n">la Estación</st1:PersonName>, “</SPAN></STRONG>con su larga tapia, hasta llegar al puente negro sobre los trenes deslumbrantes del anochecer”. Es el pequeño descanso del guerrero en mitad de la guerra, cuando la c<STRONG><SPAN style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-FAMILY: Arial; mso-bidi-font-weight: bold">iudad azteca que es Tablares, ciudad filipense, castellana y románica en <st1:PersonName w:st="on" ProductID="la Antigua">la Antigua</st1:PersonName>, con su cigüeña familiar presidiendo la tribu de la ciudad, duerme su sueño nocturno</SPAN></STRONG>.<o:p></o:p></SPAN><br />
<IMG class=imgdcha id=img_1 style="WIDTH: 128px; HEIGHT: 91px" height=118 src="/vicentealvarez/wp-content/uploads/sites/3" width=168><br />
 <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><STRONG><SPAN style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: Arial; mso-bidi-font-weight: bold">Es el final. Todo queda encerrado en el vocabulario de porcelana y garfios de plata que nos regala Umbral, prestidigitador de la palabra, escritor de verbo punzante y adjetivos asesinos al que se le aparecían las metáforas como vírgenes y gran cronista poético de Valladolid. Junto a él, en esta ciudad de melancólicos, aprendimos los mejores ejercicios espirituales de vallisoletanismo.<o:p></o:p></SPAN></STRONG></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"></p>
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