VIRIDIANA ME MATA


PRELUDIO: Sospecho que es una causa perdida pero me gusta ejercer de abogado del diablo. Me veo como en una reunión de alcohólicos anónimos confesando mi adicción. Sí, lo siento, me gusta el cine español. Por favor, necesito ayuda urgente.
EL DEBATE: Hace unos días, tras mi sesión nocturna de DVD, desembarqué en un programa de debate. Hablaban de cine español. Estaban Fernando Trueba, un representante de los productores, la ministra de la cosa y un ser inenarrable que ejerce como crítico de cine. Los cuatro disertaban sobre la necesidad de subvencionar el cine español y no parecían ponerse muy de acuerdo. Especialmente el crítico (nunca mejor dicho), aunque él solito se ponía en ridículo con algunas de sus opiniones y, sobre todo, con su postura cerril, demasiado trufada de resentimiento, soberbia, destemplanza y altivez. Los que van de sobrados y de niños terribles, los provocadores y los que son amargamente críticos con todo no acostumbran a caer muy bien (personalmente pienso que hay que tener siempre un mínimo respeto por los creadores, aunque nos parezcan ridículas e innecesarias muchas de sus obras). Además, este personaje representa a un espectro de público cada vez más amplio que odia el cine español por cuestiones que tienen que ver muy poco con el cine propiamente dicho. Son muchos los que no perdonan a los profesionales del cine su clara implicación en ciertos asuntos que todos recordamos. Por ello, muchos no se cortan en insultar a los que ellos llaman “sectarios de pegatina de no a la guerra”, o “estómagos agradecidos”. Vamos que no soportan a los “lippis y bardemes” (sic). Y para ellos Almodóvar solo saca a travestis y a putas en sus películas y Medem es “el pelota vasco”. Mientras tanto, la ministra se desgañita intentando explicar que el presupuesto de ayudas al cine español es mucho menor que el que se destina para museos, orquestas públicas, teatros nacionales, escuelas de todo tipo, libros o bibliotecas, y que no entiende por qué hay tantas críticas al respecto. ¿La gente no quiere que su dinero vaya al cine? Perfecto. Muchos dirán, con toda la razón, que ellos tampoco quieren que se den otro tipo de ayudas y subvenciones: cadenas de televisión públicas, colegios concertados, cultivos subvencionados, ayudas multimillonarias a empresas privadas para pagar las regulaciones de sus trabajadores, concierto de los Rolling Stones, ayudas a clubes de fútbol profesionales para sanear sus cuentas, subvenciones para nuevas empresas y un larguísimo etcétera (coño, que hasta la Fundación Francisco Franco puso el cazo y la FAES ha recibido una millonada de euros en los últimos tiempos). Que todo el mundo chupa de la teta del Estado, vaya. Así que no entiendo ese odio de mucha gente al cine español. Yo quiero ver a los grandes directores USA, pero me cabrea que las distribuidoras yanquis copen el mercado y con la última de Scorsese nos metan cuatro bodrios infumables que roben la pantalla a películas españolas (o a francesas, belgas, suecas, italianas, chinas, argentinas, mexicanas…). No creo que sea tan difícil de entender.
EPÍLOGO: Días atrás. Primera hora de la tarde. Multicines de las afueras. Un grupo de chicos y chicas entran a ver “La caja Kovac”. Al comenzar se dan cuenta, con gran disgusto, de que la película es española. Horror, ¡una españolada!. Inmediatamente, montando un buen pollo, se salen de la sala y se meten en otra. Allí proyectan una obra maestra como “Un vecino de pocas luces”. Trabaja Danny de Vito y no es española. Qué alivio, por Dios.

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El Norte de Castilla

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